Había llegado diez minutos antes de la hora pautada. La cafetería no parecía ser muy concurrida a esa hora, por lo que supuso que reconocer a su acompañante no tendría que ser un desafío. Lo que sí no era ninguna tarea fácil era suprimir aquel nerviosismo que amenazaba con tomar posesión de él en cualquier momento. Era terrible esto de no saber con quién se juntaría ya que lo volvía incapaz de planear con anterioridad cómo encarar ese primer encuentro. También entendía que él mismo se había puesto en esta situación, que el haber mandado esa lista de datos sobre su persona no había sido una idea espontánea por parte de la radio sino una con propósito, pero en ningún momento se le había cruzado por la cabeza que terminaría siendo una situación similar a una 'cita', amistosa si se quiere, pero cita al fin. Deslizando su celular fuera de su bolsillo, corroboró la hora: aún le quedaban cinco minutos. Aprovechó ya tener el dispositivo en la mano para desbloquear la pantalla y buscar aquel fatídico mensaje de texto. Le seguía causando intriga aquel pseudónimo: ‘Amy Dunne’. De entre todos los nombres existentes, aquella persona había elegido ese, y lejos de asustarlo, le interesaba descubrir quién se escondía detrás de ese mote, seguro de que --incluso aunque cabía la posibilidad de que él echara todo a perder-- no habría forma de que ese encuentro no terminara de dejar una marca en su recuerdo, por lo peculiar al menos. Volvió a guardar el aparato y se preocupó por mantenerse alerta a su entorno, girando la cabeza hacia un lado y luego hacia otro, tratando de pescar con la vista algún atuendo de distintivo color verde.