Muestra y presentación del libro Una voluntad de Orlando Belloni en La Vigil, el 11 de mayo de 2023, organizada por Diego Díaz.
Palabras leídas por Orlando: «Para mí, el arte es expresar la vida; para otros: una búsqueda estética o una inquietud de mostrar una injusticia social. Hacer un arte autóctono no lo creo valiéndose de los dioses o espíritus del pasado, ellos ya cumplieron su ciclo, gozando ahora en su dimensión espiritual y sus símbolos ya no funcionan. El siglo XX fue un pandemonio de búsquedas y hallazgos… De todos esos aportes mi inquietud es que encontremos el lenguaje que traiga paz a este mundo. En este libro, Una voluntad, trato de exponer cómo la vida que nos toca nos hace crear para poder expresarnos que, creo, es el camino del artista. El dolor nos hace elocuentes pero también las alegrías nos facultan en la creación y ver el lado bueno de la convivencia. Esta autobiografía que he escrito muestra, según creo, cómo una vivencia va motivando al artista a realizar una obra. Una vez leí que José Hernández, que escribió el Martín Fierro por etapas, cuando describió el destierro de Fierro hacia las tolderías del sur se encontraba exiliado en el Uruguay. En Pérez cuando era pueblo conocí la gente de campo, las manos callosas, las caras curtidas; mi abuela me llevó a cosechar maíz, se hacía con una púa sujeta con una tira de cuero. En Firmat solía llevar el mate cocido cuando cosechaban el trigo con esas máquinas grandes con correas y volantes en medio del polvo que no se veían las caras. En Puerto San Martín, el río y el arroyo con su olor a petróleo donde botábamos barquitos en sus aguas calientes, me fascinaban las llamas de las chimeneas de YPF. Luego en Rosario, en la bajada Sargento Cabral, alquilando pieza donde paraban las muchachas que trabajaban en los cabarets de Avenida Belgrano; en los comedores y boliches de los portuarios tomaba apuntes; todo eso fue formando en mi espíritu, un concepto personal de lo que tenía que comunicar en mi obra futura cuando llegara mi formación. Mi última escala fue el barrio Tablada ya con el conocimiento del dibujo y el color necesario para interpretar a la gente y las cosas que son afines a mis sentimientos.»
«Orlando Belloni cumplió 90 años el pasado 17 de enero. Pintor, escultor y dibujante, le calzan además otros sustantivos: Belloni el laburante. Belloni el maestro. Cuando sus manos incansables se alzan en la belleza del gesto que acompaña el relato de su voz, todos escuchan. Este artista nacido en Pérez, radicado en el barrio rosarino de Tablada, siempre tiene algo para contar y algo que enseñar: sobre el oficio de artista y sobre los muchos otros oficios que aprendió a dominar, entre ellos el de vivir. Con modestia, sin estridencias, comparte sus saberes y nutre con ellos a otras generaciones en cualquier ocasión de encuentro. En el verano que pasó, expuso pinturas y dibujos en el espacio Iván Rosado y la inauguración fue un corrillo de jóvenes artistas que no se perdían una sola palabra suya. Publicado poco después, a comienzos de 2023, para coincidir con el festejo nonagenario, Una voluntad. Memorias y pensamientos es el segundo libro que la editorial Iván Rosado le publica a Orlando Belloni. Hace tres años, le editó La Tablada, una selección a color de sus pinturas y dibujos desde 1958 a la fecha. Si bien la ilustra el autor con reproducciones de 34 de sus dibujos, lo principal en la nueva publicación es dar a conocer su voz. Que rememora y narra, enseñando oficios con sólo recordarse (...)»
«“Una Voluntad” es la autobiografía de 86 páginas, e ilustrado con 34 dibujos, enmarcado en la serie Maravillosa Energía Universal, allí Belloni va tejiendo con anécdotas e historias, su infancia en Pérez y el acercamiento a la pintura (...)
¿Qué lugar ocupa Belloni en lo que respecta al legado de pintores santafesinos? Claudia del Río dice que el pintor de la Tablada es el lado B del Litoral y que hacía falta tenerlo a mano. Pensamos que va un poco por el lado de esa expresión lo que aporta Orlando a un legado más general de la pintura santafesina, y no sólo a ella, también al arte contemporáneo (...)
El pintor de Tablada
En una entrevista periodística Orlando Belloni dijo: "A Schiavoni lo conectaban con Saladillo, a Grela con Alberdi, a mí con Tablada, y bueno, yo digo que soy una persona de barrio como cualquier otra, alguien que pinta". Luego agrega: "A mí lo que me interesa es la parte humana. Me interesa el carácter. Siempre cuando pinto pongo un carácter de villero, no me lo puedo sacar de encima. Cuando veo pasar por la calle a mis vecinos, me vengo corriendo a dibujar y después los paso a un cuadro. Cuando le llevaba dibujos a Gambartes, él me decía: 'Pero Belloni, usted siempre le pone sentido proletario a todo lo que hace'. Me sale así. Yo soy uno de ellos", expresó el pintor en el libro "La Tablada" que publicó la editorial Iván Rosado en el año 2020 sobre el pintor.»
Una voluntad. Memorias y pensamientos de Orlando Belloni (ilustrado con 34 dibujos del autor)
“Muchas veces me pregunto a quién alimento con mi pasión por el arte, ¿a la luz o a las tinieblas? La primera me exige amor, voluntad y fuerza; con la otra hay que dejarse llevar. Las imágenes pueden llegar a tener mucho poder de seducción o sugestión, Gambartes me decía: “la pintura es un lenguaje”. Sí, puede convocar, ilustrar un ideal, un pensamiento, también sirve para conocerse a sí mismo, crecer intelectual y espiritualmente, porque no practicamos el arte solamente para demostrar una habilidad, por fama o reconocimiento social, sino porque lo que hacemos, tratando de dar lo mejor, repercute en nuestro intelecto y espíritu, por eso la búsqueda de la luz”.
Una voluntad nos sumerge en el flujo de recuerdos, pensamientos y anécdotas de Orlando Belloni. Desde de sus experiencias, narra sobre cómo aprehender el material, la naturaleza, cómo atraer a los duendes creativos o cómo abrir una esquina como un libro. Pero también comparte las imágenes vividas que pasan por su memoria, trayéndolas al presente y reviviendo escenas de los juegos de infancia, de los estudios, los rebusques y trabajos, el servicio militar, la pintura al aire libre. En la unión de voluntades, aparecen la disciplina y la soledad como armas del poder creador que nos enriquece porque, como dice Belloni, el arte sirve a quien lo practica.
Orlando Belloni nació en Pérez, Santa Fe, el 17 de enero de 1933. Se dedica al dibujo, la pintura y la escultura en madera. Desde muy joven se desempeñó en el Ministerio de Obras Públicas como mecánico y en la oficina de dibujo cartográfico; también trabajó como carpintero y letrista, entre otros oficios. A partir de la década del cincuenta participó en Salones y expuso en galerías, bibliotecas y centros culturales de Rosario y otras ciudades. En 2018 fue declarado “artista plástico distinguido” por el Concejo Municipal de Rosario. A fines del mismo año, donó gran parte de su obra a la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil. En 2021 fue reconocido por su trayectoria con el Premio Colección en el 74° Salón Nacional de Rosario, Castagnino+macro. Desde 1978 vive y trabaja en el barrio Tablada de Rosario.
Nos complace invitarlxs a la muestra de ORLANDO BELLONI que quedará inaugurada a partir del miércoles 16 de noviembre en Ivan Rosado: "El Cholo, las chiquis, la Cona, la Manonga, el Turco, la Marisa, los gatos, Lorena, el río, Matilda y el pintor" 🙌
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Belloni otorgó un 30% más para municipales que alcanzaron el 115% anual
Belloni
Así lo anunció el intendente de El Calafate, Javier Belloni, ayer por la tarde vía Facebook e Instagram. Los empleados municipales de la Villa Turística recibirán un 30% más de aumento de acá a fin año. El aguinaldo también se percibirá con este incremento.
eniendo en cuenta los aumentos de febrero y julio, los cuales fueron acumulativos, el 2022 se cerrará con un aumento total del 115% de los…
Orlando Belloni nació en 1933 en Pérez, localidad pegada a Rosario. Tres años antes había nacido su hermano Alberto, al que estará indisolublemente unido toda la vida. El padre de ambos, inmigrante italiano y peón en los talleres del Ferrocarril Central Argentino, falleció cuando Orlando tenía un año. Su madre tuvo que ir a Rosario, a buscar trabajo. Alberto y Orlando quedaron en Pérez al cuidado de sus abuelos maternos, también inmigrantes italianos, que vivían en las afueras del pueblo, casi zona rural, en una casa humilde, sin luz eléctrica, donde se cocinaba a brasero. Luego de unos años la madre volvió a casarse y se reunió con sus hijos. La nueva familia se trasladó a Puerto General San Martín. El padrastro se ganaba la vida como chofer de colectivos y de vez en cuando hacía changas como pintor de brocha gorda.
En 1947, Orlando ingresó a la escuela de aprendices del Ministerio de Obras Públicas (MOP) que funcionaba en avenida 27 de febrero y el puerto. Hizo la secundaria y, ya egresado, se incorporó a los talleres del MOP, donde su hermano era operario, como mecánico ajustador de motores diesel. Todavía vivían en Puerto San Martín y el trayecto entre su casa y los galpones del puerto era enorme, por lo que los hermanos se mudaron a una pensión de Rosario. Vivieron durante toda la década del 50 en esas pensiones oscuras, con lugar apenas para las camas. Iban a trabajar de madrugada. Por las noches Orlando empezó a concurrir a la Escuela Provincial de Artes Visuales Manuel Belgrano. Tenía entre sus profesores a Luis Ouvrard, que lo alentaba a asociarse con otros pintores. Con un compañero, del que se hizo amigo, salían todas las tardes cargando caballetes, paletas y cajas con materiales para pintar al aire libre por la zona de barrancas del centro que todavía no eran parques. Pero Orlando no siguió mucho tiempo en la escuela.
En 1958, cuando tenía 25 años, otro muchacho que trabajaba de dibujante en la sección cartográfica del Ministerio, por entonces a cargo de Leónidas Gambartes, se retiró seducido por la oferta de un empleo mejor remunerado en el frigorífico Swift. Sabiendo que Belloni era loco del dibujo lo fue a buscar para que se candidateara a reemplazarlo. Le tomaron una prueba y quedó. Gambartes, de casi cincuenta años y ya un pintor reconocido en el medio nacional, lo tomó bajo su protección. Le enseñó la técnica del dibujo a plumín y tinta china con que se confeccionaban los mapas y Orlando comenzó a frecuentar su casa, comía allí los fines de semana y aprendió a preparar las complicadas bases de cromo al yeso que Gambartes usaba en sus pinturas. Trabajó tres años en esas oficinas y en 1962, casi al mismo tiempo que Gambartes se jubilaba, Orlando abandonó su puesto en el MOP. ¿Por qué dejó ese trabajo seguro? Fue tal vez la atracción por la vida afuera, las calles, una vida voluntariamente precaria.
Entre tanto, su hermano Alberto se había volcado a diversos estudios de historia, vinculándose con intelectuales marxistas y dirigentes socialistas como Enrique Dickmann, Abelardo Ramos y Jorge Enea Spilimbergo, que ordenaron sus lecturas. Desde la caída de Perón, Alberto comenzó a tomar notas para la redacción de una historia del movimiento obrero; viajó seguido a Buenos Aires para reunirse con Spilimbergo, sobrino del pintor, en bodegones donde comían fideos con pesto y repasaban los textos. Del anarquismo al peronismo fue finalmente publicado por Peña Lillo Editor en 1960. Dos años más tarde salió su segundo libro, Peronismo y socialismo nacional, por la Editorial Coyoacán. Su actividad gremial fue incesante durante toda la década. Seguía trabajando en los astilleros, ingresó en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) a principios de los años 60 y participó de las luchas sindicales marcadas por las revueltas contra la burocracia vandorista. Perseguido por la misma, dejó Rosario y, con su reciente compañera, Estela Weisberg, fueron a vivir a Buenos Aires, en lo que él llamó su primer exilio. Dio clases en la carrera de Sociología de la Universidad de La Plata durante la primera mitad de la década del 70. Se convirtió en el profesor obrero. En 1975 la triple A les requisó la casa. Ellos, que llegaron tarde esa noche, escaparon por un pelo. Vivieron escondidos casi un año hasta que consiguieron abandonar el país y radicarse en París. En el exilio denunciaron la dictadura. Alberto siguió leyendo y estudiando, pero ya no volvió a escribir. Se convirtió en una leyenda para argentinos de visita o franceses de izquierda y curiosos. Fraternal, erudito, conversador apasionado y fanático de la salida humorística, de los bruscos aflojes de tensión; siguió analizando los sucesos políticos que ocurrían al otro lado del Atlántico y escribió largas cartas acompaña-das de tickets de metro, entradas de cine, caracterizaciones político-afectivas y sobrecitos de azúcar de bares parisinos. Cada vez que viajó a la Argentina, visitó en Rosario a su hermano Orlando.
Después del MOP, para Orlando comenzó una época azarosa de empleos diversos. Fue pintor de letras en oro, un oficio delicado que conoció en los años sesenta su última floración y cuyo objetivo era dibujar sobre vidrio escrituras publicitarias. Luego fue contratado como pintor de cartelones de ruta. Al final se hizo carpintero. Nunca dejó de dibujar. Cuando los trabajos le dejaban poco tiempo hacía aguadas y acuarelas. A fines de los 60, concurrió al taller de Grela en el barrio de Alberdi. En 1978, Dante Bonaldi, aquel viejo compañero de la Escuela de Artes Visuales, lo llamó para trabajar en su carpintería. El taller estaba (y está) sobre calle Chacabuco, apenas pasando Ayolas, en la zona sur de Rosario. En esa época La Tablada era todavía un suburbio tranquilo, con muchos baldíos. Orlando se trasladó con sus cosas, se asentó un poco. Como el predio que incluía galpón y vivienda tenía un patio grande, Orlando le pidió a su amigo permiso para construir su taller en una esquina. Lo armó en las horas libres que le dejaba el trabajo de carpintero. Hizo un piso de portland y un techo de machimbre. Tuvo por primera vez un lugar para desplegar chapadures y caballetes. Comenzó a pintar con regularidad. Y se hizo del barrio. Un barrio que, en los 80, se densificaba poblacionalmente al ritmo de la hiperinflación y la desocupación creciente.
Orlando se transformó en un pintor cada vez más urbano. Los tipos humanos que poblaron las villas que crecían lentamente en torno a la casa, carpintería y taller, se volvieron habituales en su obra. En los 90 realizó una larga serie de acuarelas sobre temas portuarios. Es la última vez que pinta directamente el motivo. Va hasta la zona de carga de granos ubicada en el bajo Ayolas, a pocas cuadras de su casa. Grúas, tanques, chimangos de lata, depósitos de granos y los puentes de chapa tendidos desde los silos de material hacia las dársenas interiores de la terminal 6 pueblan las hojas más o menos gruesas que Orlando sujeta a su caballete. Son las últimas postales del puerto estatal donde transcurrió su juventud, ya sitiado por la privatización menemista. En esas andadas Orlando baja al sur, llega al Mangrullo, incorpora el Saladillo a sus temas: puentes sobre el arroyo, chimeneas del Swift, botes en la orilla y puestos de pescadores. Sin embargo, el leitmotiv central de su obra son los personajes de las barriadas de ese sur rosarino. A Orlando, que vive en el medio, le alcanza con espiar un rato la cuadra y meterse de nuevo al taller para recomponer la escena. Se suceden los retratos.
En 2005, su hermano Alberto estaba muy enfermo y Orlando viajó a París con su hermano menor para pasar un tiempo junto a él. Una tarde visitó el Musée d’Orsay y mientras recorría las salas se encontró de repente la tela de su amado Puvis de Chavannes. Su corazón dio un vuelco. ¡Es “El pobre pescador”!, gritó. La gente lo miraba. Toda su vida había visto la obra en malas reproducciones, o muy pequeñas, o en blanco y negro. Ahora la tenía enfrente y no iba a olvidarla. Cada pescador que figura en sus óleos está conectado a la pintura de Puvis. Alberto murió poco después. La intensa conexión que tuvieron le restó peso al dolor.
La Argentina posterior al 2001 acentuó la miseria de las calles de La Tablada. Se llenaron de casas de lata los pocos terrenos baldíos que quedaban y la vieja casona donde Orlando reside quedó completamente rodeada por la villa. Pero él no tuvo nunca problemas. Las chicas y chicos del barrio fueron sus modelos y las ásperas o amables escenas callejeras pasaron a sus chapadures. Toda la iconografía del vecindario se volvió una presencia constante en su obra reciente.
Publicamos la introducción del libro La Tablada (Ivan Rosado, 2020) que reúne una selección de dibujos y pinturas de Orlando Belloni realiza