Cristo no murió por nadie con la condición de que crea, sino que murió por todos los elegidos de Dios para que crean
-Jonh Owen
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Cristo no murió por nadie con la condición de que crea, sino que murió por todos los elegidos de Dios para que crean
-Jonh Owen
“Siento que merezco ser lanzado a lo profundo del infierno; pero voy a Getsemaní, y me asomo por esos viejos olivos, y veo a mi Salvador. Le veo revolcarse angustiado en tierra, y escucho que salen de Él tales gemidos, como nunca antes han salido de pecho humano alguno. Miro la tierra y la veo enrojecida por Su sangre y, en tanto que Su rostro está manchado con sudor y sangre, me digo, “mi Dios, mi Salvador, ¿qué te aflige?” Le escucho responder, “Estoy sufriendo por tu pecado.”
Charles Spurgeon
Deseo, hermanos y hermanas míos, que durante este año puedan vivir más cerca de Cristo de lo que hayan vivido antes. Admirable, sin duda es la paciencia del Salvador al soportarnos año tras año, a pesar de nuestras infidelidades, rebeliones y resistencia al Espíritu Santo... ¡Es asombroso que todavía nos tenga misericordia! .
- Charles Spurgeon
"Cristo no va a vivir en la sala de tu corazón si al mismo tiempo hospedas al diablo en el sótano de tus pensamientos."
~Charles Spurgeon
"Observate a ti mismo más que a cualquier otro; llevamos al peor enemigo dentro de nosotros mismos."
~Charles Spurgeon
“El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”
(Prov. 28:13).
Al exigirnos el arrepentimiento, Dios reclama sus derechos justos sobre nosotros. Él es infinitamente digno de amor y honor supremo, y de obediencia universal. Maliciosamente se lo hemos negado. Nos requiere tanto un reconocimiento del mismo, como un cambio al respecto. Es necesario confesar y acabar con nuestro desapego para Él y nuestra rebelión contra Él. Así que, el arrepentimiento es darnos cuenta sinceramente de haber fracasado espantosamente, a través de toda la vida, en darle a Dios su puesto legítimo en nuestro corazón y vida cotidiana.
La justicia de la demanda de Dios para mi arrrepentimiento es evidente si consideramos la naturaleza infame del pecado. El pecado es una renuncia de Aquél que me formó. Es negarle su derecho de gobernarme. Es mi determinación de agradarme a mi mismo, y por lo tanto es rebeldía contra el Todopoderoso. El pecado es anarquía espiritual, y menosprecio total por la autoridad de Dios. Es decir en mi corazón: “No me importa lo que Dios requiere; voy a hacer todo a mi manera. No me importan cuales sean sus derechos en mi vida; voy a ser mi propio Señor."
Lector, ¿te das cuenta que has vivido así?
El arrepentimiento verdadero surge cuando, por la obra del Espíritu Santo en el corazón, nos damos cuenta sinceramente de que el pecado es sobremanera pecaminoso, y de lo terrible que es ignorar las demandas y desafiar la autoridad de Aquél que nos formó. Por lo tanto, consiste en un odio y horror santo por el pecado, y en una tristeza profunda por él. Además, consiste en la confesión honesta de él delante de Dios, y en un abandono sincero y completo del mismo. Dios no nos perdona hasta que esto se realiza.
- Arthur W Pink (Arrepientete o morirás)