“Siento que merezco ser lanzado a lo profundo del infierno; pero voy a Getsemaní, y me asomo por esos viejos olivos, y veo a mi Salvador. Le veo revolcarse angustiado en tierra, y escucho que salen de Él tales gemidos, como nunca antes han salido de pecho humano alguno. Miro la tierra y la veo enrojecida por Su sangre y, en tanto que Su rostro está manchado con sudor y sangre, me digo, “mi Dios, mi Salvador, ¿qué te aflige?” Le escucho responder, “Estoy sufriendo por tu pecado.”
Charles Spurgeon









