2394- Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad.
(Bertolt Bretch)
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2394- Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad.
(Bertolt Bretch)
Bertolt Bretch Kimdir Hayatı
Bertolt Brecht, 20. yüzyılın en önemli Alman oyun yazarlarından ve şairlerinden biridir. 1898’de Almanya’nın Augsburg kentinde doğmuş. 1956’da Doğu Almanya’da ölmüştür. Brecht’in sanatı ve politik görüşleri, tiyatroyu toplumun sosyal ve politik sorunlarını ele almak için bir araç olarak kullanmayı amaçlamıştır. Brecht’in geliştirdiği epik tiyatro, geleneksel tiyatronun duygusal etkilerini…
Poema a Lenin
Por : Bertolt Brecht
Al morir Lenin, un soldado de la guardia, según se cuenta,
Dijo a sus camaradas: Yo no quería creerlo. Fui donde él estaba
Y le grité al oído: “Ilich, ahí vienen los explotadores." No se movió.
Ahora estoy seguro que ha muerto.
Si un hombre bueno quiere irse,
¿Con que se le puede detener?
Dile para qué es útil. Eso lo puede detener.
¿Qué podía detener a Lenin?
El soldado pensó: Si oye que los explotadores vienen,
Puede que estando solo enfermo se levante.
Quizás venga con muletas. Quizás haga que lo traigan
Pero se levantará y vendrá para luchar contra los explotadores.
El soldado sabía que Lenin había peleado toda su vida
Contra los explotadores.
Cuando terminaron de tomar por asalto
El Palacio de Invierno, el soldado
Quiso regresar a su hogar, porque allí
Se habían repartido ya las tierras de los propietarios.
Entonces Lenin le dijo: Quédate.
Todavía hay explotadores. Y mientras haya explotación
Hay que luchar contra ella. Mientras tú existas,
Tienes que luchar contra ella.
Los débiles no luchan. Los más fuertes
Quizás luchen una hora.
Los que aún son más fuertes, luchan unos años. Pero
Los más fuertes de todos, luchan toda su vida,
Éstos son los indispensables
Cuatro canciones de amor
Bertolt Bretch
I Cuando, más tarde, me alejé de ti al hoy enorme vi, cuando empecé a ver, gente alegre y cabal.
Y desde aquella hora tardía, tú sabes de cuál hablo, tengo una boca más hermosa y unas piernas más ágiles.
Más verde hay desde entonces en árbol, ramo y prado y es el agua más fresca cuando me la echo encima.
II Cuando me haces pasármelo tan bien, a veces pienso: si me muriera ahora habría sido feliz hasta el final.
Cuando tú seas vieja y me recuerdes piénsame como hoy y tendrás un amor que siga siendo joven.
III Siete rosas tiene el ramo, seis se lleva el viento, una queda para que me la encuentre yo.
Siete veces te llamé, seis no respondiste, a la séptima promete que me dirás algo.
IV Mi amada me dio una rama con hojas amarillas.
Se está acabando el año y comienza el amor.
Debilidades No tenías ninguna, Yo sólo una, Que amaba.
Bertolt Brecht
Si los tiburones fueran hombres por Bertolt Bretch
I
Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los peces pequeños, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que no se les muriera prematuramente. Para que los pececitos no se pusieran tristes, de vez en cuando organizarían grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes.
II
Si los tiburones fueran hombres, habría escuelas en el interior de las enormes cajas construidas para los pececitos. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Necesitarían tener nociones de geografía para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececitos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, materialista, egoísta o marxista. Si algún pececito mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones.
III
Si los tiburones fueran hombres, se harían la guerra entre sí para conquistar cajas y pececitos extranjeros. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececitos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececitos que entre ellos y los pececitos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Proclamarían que, si bien todos los pececillos son mudos —como todo el mundo sabe—, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececito que, en la guerra, matara a unos cuantos pececitos enemigos —de esos que callan en otro idioma—, se le concedería una medalla de algas marinas y se le otorgaría además el título de héroe.
IV
Si los tiburones fueran hombres, tendrían su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececitos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones precedidos por la orquesta, los pececitos se precipitarían en tropel dentro de esas fauces, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño.
V
Si los tiburones fueran hombres, habría una religión. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececitos en el estómago de los tiburones.
VI
Si los tiburones fueran hombres, los pececitos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececitos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los más pequeños, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc.
Bertolt Bretch
La caída del imprescindible
La caída del imprescindible
Hay quienes luchan un día y son buenos. Hay quienes luchan una semana y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quieres luchan toda una vida, esos son los imprescindibles. Bertolt Brecht
Maldita la razón cuando sobrevalora mi voluntad, aquella actitud reacia para enfrentar los mayores miedos por una causa inalcanzable. Hombre de sueños distintos, validados por una…
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Bertolt Brecht