Después de su última conversación con Beth quedó una cosa pendiente, y es que tenía que demostrarle a la rubia sus cualidades a la hora de cocinar comida japonesa. Había pasado tanto tiempo en el país del sol naciente que prácticamente dominaba más su gastronomía que la de su tan querida Holanda. Una vez que encontró canguro para Elma, le envió un sms a la muchacha y madrugó bastante para poder comprar las piezas más frescas de pescado en el mercado. Hasta que no se acercó la hora de la cena, decidió no preparar los platos, pues no quería que perdiesen todo su sabor. Cuando el reloj se acercó a las nueve y el timbre sonó, todavía se encontraba dándole los últimos retoques a los platos, pero eso no le impidió abrir la puerta mientras se limpiaba las manos. — Que puntualidad. Llegas un poco antes. — apuntó de manera burlona, dejando escapar una sonrisa. — Pasa y ponte cómoda, por favor. Enseguida podrás apuñalarme con los palillos si quieres.












