Sábado por la mañana, poco tiempo transcurrido desde la salida del sol y ningún compromiso en la agenda de Bambi. Tampoco es que hubiese mucho que hacer en ese pueblucho, pero no tener que estar presente en el trabajo a esas horas le dejaba un buen tiempo para correr por el sendero del bosque. La música la acompañaba a través su su móvil y los auriculares, hasta que el buen sonido se interrumpió por la llegada de una llamada. Con fastidio, detuvo su actividad y miró la pantalla, descubriendo el nombre de su jefe en ella. No le quedaba más que contestar, sin embargo, la señal parecía estar fallando y todo se escuchaba a medias— .¿Hola? ¿Hola? No te oigo, Rob. —pronunció, fastidiada con lo entrecortada que salía la voz. Al final, terminó desconectando los audífonos y los sostuvo mientras se pegaba el teléfono al oído. Nada, ni un sonido del otro lado—. No entiendo nada de lo que dices, ¿Me escuchas? — continuó, sin ninguna contestación clara del otro lado. Qué ganas de arruinarle la existencia...







