Ya pasé los treinta años, el tiempo avanza y ya hay cosas que se consideran pasado para ti, las vuelves anécdotas y recuerdos, como mi bici blanca.
Pero también tienes nuevos hilos de pensamiento como este: “estoy cansado del tráfico tan horrible en Bogotá, justo el próximo jueves es dia de no carro y no quiero irme en bus a la oficina, será que mi suegro que tiene tantas cosas, no tendrá un bicicleta que me preste para ir a la oficina? Hace años que no monto en bicicleta pero sería muy chévere, ya no estoy entrenando kickboxing y no me vendria mal un poco mas de ejercicio. Le voy a decir a mi esposa a ver si le pregunta…”Así llegué el primer dia a trabajar en bicicleta, con mucho, mucho esfuerzo y una bicicleta prestada, pensando que había llegado a la oficina por la gracia de Dios y que aún me faltaba volver a la casa. No pasaría mucho tiempo más hasta que decidí que era hora de volver a montar en bici, para transportarme, para usar menos el carro y para convertir la nostalgia de adolescencia en nuevos pedalazos. Asi es como llega la burrita a mi vida, una bici nueva que me regaló mi esposa de cumpleaños, a la medida para la ciudad, veloz, económica y siempre lista para rodar. La burrita me ha enseñado a despinchar en la calle, a andar entre los carros y a cargar peinilla para ir al trabajo. Pero sobretodo me ha devuelto una pieza del rompecabezas, el elemento de resistencia, el complemento a las causas que defiendo, el convencimiento de que una ciudad mejor es posible.
Y es asi, como termina y empieza esta historia en bicicleta por mi Bogotá, de donde soy y donde vivo, donde ruedo y donde espero que me sigan leyendo en los proximos blog posts. Muchas gracias a todos los que me leyeron hasta aquí, de verdad muchas gracias.