Fragmentos de esperanza.
De entre todas las historias que en este año se han desarrollado, veo con tal disillusion cómo caemos en el mismo estigma de siempre. Una historia tan repetida que parece ser la realidad diaria. ¿cuándo comenzamos a creer que el extranjero naranja nos suprimiría para realizar su aberrante idea del muro?
Lo más insoportable es quedarse inerte mientras nuestro “representante” se queda quieto sin acción alguna, con el miedo de que se arrodille ante dicho personaje, besando su mano como si fuese nuestro padrote. Y ni hablar de su comité detrás de él, tan inútiles como él mismo, manipulables por el miedo y la dependencia directa del país vecino.
Y ni hablar de su toma de protesta, mientras nosotros veíamos cómo nuestros amigos del otro lado del Bravo se mantenían indefensos ante el hecho de que la zanahoria sería su comandante. Podrán escribir “no mi presidente” cuantas veces quieran, tristemente nos encontramos en el mismo punto, nuestro representante no es el indicado, sólo un errático símbolo del consumismo norteamericano.
Les escribí a ciertos amigos quienes siguen allá, buenos maestros que llevan su día a día lidiando con las aberraciónes del errático naranja. Nada de lo que se pueda hacer en los próximos días cambiará el pasado que ellos mismos trajeron hacia ellos. Insisto que en el poder de la democracia yace la solución para derrocarlo de su posición.
Las marchas deben de ser el primer paso para exigir el cambio, no el medio final, a partir del siguiente día sólo quedarán los vestigios en cartón de los mensajes. Tristemente hasta parece una congregación social para buscar interferir con los procesos legales, y no que sea algo malo, pero la pregunta que me hago es ¿después de la marcha qué sigue?
¿Dónde quedaron aquellos seres que gritaban a todo pulmón el cumplimiento de sus derechos? Tomar las cedes políticas debe ser uno de los medios, pero no el final. Claro que podemos unirnos a un mensaje unísono, pero hay que buscar más, hay que buscar la acción complementaria, no que sea un evento de un día y unas horas.
Muchos hablan de que la libertad se debe ganar con sangre, aunque no especifican de quién, pero sí llegar a un punto medio donde el esfuerzo de todos sea el mismo, sea lo que realmente necesitamos, de lo que queremos ser algún día o ya somos sólo que lo hemos dejado dormir. Ya extinguimos la idea de un héroe que al final llegue a desatarnos de nuestra subyugada realidad.
Si realmente somos quienes decimos ser, no deberíamos de apelar al prejuicio de nuestros gobernantes. Nada de atole con el dedo, nada de dormir a las masas, nada de pan y circo… ya nada de que somos la tierra donde no pasa nada. Ya basta de esa sociedad impulsada por el miedo, si vamos a tener miedo, que sea al fracaso, que sea a que nos llamen inútiles, si realmente quieres temerle a algo, témele y mucho al conformismo, que esa enfermedad mental es de las más difíciles de curar…
Es posible vivir en paz, pero nunca lograremos llegar a ella si nos dejamos subyugar de la forma en que otros países lo hacen. Nada tienen que hacer ellos aquí, nada tienen de qué meter mano en asuntos internos. Hemos llevado esta historia demasiado lejos.
Si una simple idea pudo llevar al ser humano a la Luna… una idea puede llevar paz a esta situación. Y sólo será concreta con una acción voluntaria y comunitaria.
La esperanza llega con la rebelión detrás de ella… porque lidera una idea de paz y justicia, porque así su gente estará conforme y podremos al fin conformarnos como los mexicanos soberanos que tanto nos han dicho que somos…
















