Es extraño, debería estar feliz. En tan solo un par de meses tendré que despedirme de mi ciudad y todo lo que hay en ella. Observo desde lejos mientras aprieto los puños de mis manos contra el muro de roca que me separa del vacío, y pienso en mi relación amor-odio con este lugar, pienso en su gente, sus luces, su ruido, sus edificios, sus peligros, su amabilidad, todo. Me iré, finalmente seré libre, pero ahora no sé qué hacer con toda esta libertad, no sé si mi llanto procede de la alegría, la ansiedad o la tristeza.
Muy pronto, en soledad, me moveré hacia adelante, me abriré a una tierra desconocida y danzaré sin saber dónde culmina esta aventurada coreografía improvisada. Tengo sentimientos encontrados por ese futuro que no puedo predecir, tan testarudo y esquivo que mis manos, justo ahora, no pueden moldearlo.








