LAS BOTELLAS HABLAN...
Hubo un tiempo en que pedir vino, ron o whisky era casi un acto de fe. Uno confiaba en el tabernero, en la fama de la región o en el consejo del vecino que juraba distinguir un buen coñac “solo por el olor”.
Las botellas apenas llevaban marcas rudimentarias y, en muchos casos, ni siquiera existía una etiqueta como la conocemos hoy. El contenido importaba; la información, no tanto.
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