París o el presente agotado.
Hace días que no pensaba en París. Meses, me atrevería a decir. Pero no hace tanto que lo estaba sintiendo cerca, como algo mío. París, como la felicidad sencilla que no tienes que replantearte, iban a estar ahí, para siempre. Iban a seguir eternamente cerca, como mucho a una hora de trayecto, pensaba yo.
La ciudad gris con más luz del mundo y todos los pájaros que ella estimulaba me parecían algo que ya formaba parte de mí, cómo no.
Bajaba por las callejuelas de Montmartre con el convencimiento de que sabía guiarme con la misma certera precisión de mi querido Cortázar, me sentía la Maga y pensaba en los encuentros y desencuentros que puede que tuviera pronto.
La línea 8 de metro, pasando por Bir Hakeim, me regalaba una torre Eiffel que me parecía ya hasta aburrida, una torre Eiffel que se alejaba de las que venden en los puestitos de la rue de la Huchette. Por esa rue de la Huchette que aislaba mentalmente de turistas hasta llegar al boulevard Saint Michel, donde Simone de Beauvoir y los fantasmas del pasado soixanthuitard me saludaban con la mano.
Los sofás de Shakespeare and Co. me iban a guardar un hueco en las tardes lluviosas, la vieja tapicería de los asientos dibujaba la forma que tomaría mi cuerpo al sentarse.
También iban a aguardar por mí las terrazas con su sotechado, esas de cerca del Jardin des Plantes, y cerca de la rue Mouffetard donde vienen olores deliciosos de comidas de todas partes.
Siempre tendría a mano un paseo por los "quais" del Sena hasta el Pont des Arts, cualquier tarde soleada podría recorrer esas orillas que tan bien creía conocer. Tarareaba "Parigi o cara, noi lasceremo", y viajaba en el tiempo también hacia el amor decimonónico por esa ciudad que siempre iba a ser mía. Pensaba en La Traviata, y en La Bohème, y las cúpula del Palais Garnier me invitaba con sus luces a admirar el espectáculo que yo canturreaba en mi cabeza.
Hoy ha llovido pero París está lejos, aquí la lluvia no brilla. Hoy ha llovido y en una pequeña habitación de mi cerebro vuelan todavía algunas hojas de otoño del Jardin de Luxembourg.
Hoy llueve en mi cabeza, quizá en París también.