Espejismos
Y ni siquiera imaginaba ella que aquello no fuera lo que necesitaba. Digamoos que la carencia de un hecho, el anhelo prolongado hacen que cualquier destello nos recuerde a lo fulgurante de nuestro deseo. Ella quería una historia de pianos viejos y de tardes de otoño en el último vagón de un tren traquetreante. Quería una historia de poemas compartidos en servilletas y de libros viejos que se olvidan en rincones. Pero el deseo, ese presdigitador, hace que se confundan las mentes, y ante las luminosas ofertas,quien llegó queriendo comprar pan se marcha comprando fruta. Ella imaginaba un calor que sí sintió, y desde ese abrazo tomó la autopista. Y pensó que sería fácil, en el fondo sabía que se dirigía más hacia la fruta que hacia el pan, pero pensó que, con dinero en el bolsillo, podría comprar todo, porque todo era bueno. Con la confianza alegre del que cae en buenas manos, se dejó ir. Dejó volar su imaginación, le puso alas a sus ideas y nombres a sus fantasías, que, de una vez, parecían llegar a algún puerto. Emprendió camino sin preguntar a su séquito si tenían ánimo de comenzar un viaje. Y pronto pudo darse cuenta de que de nuevo estaba sola, porque no había dejado de estarlo y porque nadie dijo siquiera que se acercasen tiempos distintos. Porque nadie dijo siquiera una palabra que indujese a pensar que algo iba a cambiar. Pero tan fuerte es el poder de la mente que los que vagan por el desierto ven oasis de espejismos llenos de agua, fruta fresca, manjares. ¿Qué veían tus ojos?











