La disolución de lo moderno
La posmodernidad ¿Qué es? ¿Quiénes la echan a andar? ¿Es el individuo el principal protagonista? ¿Será un proyecto en construcción o simple divertimento categórico? El capitalismo tardío, la modernidad liquida y demás nombres que diferentes autores le inscriben a eso que conocemos como posmodernidad, es un concepto que debe ser estudiado y analizado para entender cómo es que los sujetos pueden estar NO sujetos a una vorágine de significados en constante movimiento que nunca se detienen e imposibilitan el arraigo y la generación de perspectivas del mundo social sobre discursos sólidos para una observación realista del mundo.
Se ha hecho una revisión sobre los distintos pensamientos de la posmodernidad de diferentes autores, se espera mediante una lectura de sus ideas formar un estado de la cuestión de la posmodernidad, así también volver a trazar la rutas del conocimiento y elaborar un dialogo de autores que hablan sobre sus concepciones del nuevo orden social contemporáneo.
Para Peter L. Berger y Thomas Luckman en su libro de Modernidad, pluralismo y crisis de sentido, nos hablan de las características más notorias de nuestro tiempo que es la puesta en tela de juicio de la mayoría de las certezas y el cuestionamiento de las identidades (sentidos). A su vez hacen un análisis sobre el vertiginoso desarrollo de las sociedades modernas y su impacto cada vez mayor en la dinámica de regulación de las instituciones y estructuras sociales.
Ellos plantean que en la modernidad los individuos tienen una gran tendencia en pos de la inseguridad, del desarraigo y de la obsolescencia de los mecanismos reguladores de la interacción que integran la vida social, ésta tendencia en la agenda de discusión es impuesta por las segmentaciones en las visiones de la realidad que la vida en sistemas macrosociales ha influenciado, y nos dicen: “ El individuo crece en un mundo en el que no existen valores comunes que determinen la acción en las distintas esferas de la vidas, y en el que tampoco existe una realidad única idéntica para todos” (Berger y Luckman, 1977:61). La crisis de sentido a la que se hace referencia es la pluralización de los sentidos y marcos de referenciales para los individuos, cuando los sujetos se encuentran insertos en un ambiente de plurivalencias donde el sentido social ha dejado de ser “único” y no es patrimonio común de todos los miembros de la sociedad se está dentro de la incertidumbre. Los sujetos tienden a particularizarse dentro de un vasto compendio de particularidades, práctica segmentadora que ha de ser la forjadora del sentido social posmoderno en el cual están insertos.
Berger y Luckman, en alternativa a la crisis de sentido provocada por los procesos de modernización, segmentación y emancipación en la vida y acciones de los sujetos del entramado social, plantean una solución que puede venir de la flexibilización de las instituciones reguladoras en la interacción sujeto versus sistema macrosocial, es decir, las instituciones deben ser capaces de proveer con sistemas de sentidos a los múltiples individuos contemporáneos, la segmentación no debe ser regulada o acallada, debe ser apoyada paralelamente con instituciones y estructuras sociales igual de plurales que los sujetos. La presencia del tiempo en las dinámicas contemporáneas de vida es indiferente al espacio, los lugares ahora pueden ser “no lugares” donde se edifiquen las instituciones reguladoras de la interacción multidireccional e inmediata de los sujetos con su mundo social.
Los tiempos modernos encontraron a los sólidos premodernos en un estado bastante avanzado de desintegración; y uno de los motivos más poderosos que motivaban a su disolución era el deseo de descubrir o inventar sólidos que cuya solidez fuera –por una vez- duradera, una solidez en la que se pudiera confiar y de la que se pudiera depender, volviendo al mundo predecible y controlable (Bauman, 2009:9).
En su libro La modernidad líquida (2009), Zygmunt Bauman nos propone el fin de la modernidad sólida, en que la que las cosas estaban planeadas para la posteridad y el “bien colectivo” a futuro; etapa del pensamiento en la que el “progreso” movía los ánimos de los humanos para su actuar en el mundo. Fue la etapa en la que la “razón” y el “orden” estaban por sobre todas las cosas y la idea de realidad era siempre regulada por las instituciones sociales encargadas de la cohesión y la organización social. Ahora, en la modernidad liquida donde los sujetos, objetos e instituciones que eran solidos entran en un proceso de “licuefacción”, de derretimiento, este momento de vida en la humanidad nos habla sobre la volatilidad de todos los procesos de la actividad humana. El estado de segregación líquido de la actualidad es el que mejor describe a los vínculos que hay entre las acciones individuales y las acciones colectivas de los sujetos en su entramado social. El estadío de desregulación y flexibilización de las políticas económicas del globo es la esencia promotora de las ideologías y estatutos contemporáneos.
Actualmente la esfera pública en la que las comunidades puedan actuar y discutir los asuntos de debate social está experimentando una privatización. Segmenta al sujeto colectivo inscribiéndose como los espacios privados en exposición, es decir, la esfera pública para Bauman en la modernidad líquida es un escaparate donde las actividades individuales son expuestas; en un ambiente como este, lo que se discute en la arena pública es una individualización de las identidades y accionar no aditivo al comunitarismo. Ahora se tiene un gran estante de identidades a elección, situación promovida gracias a las reglas y políticas del mercado deslocalizado y desarraigante. Sin un espacio público donde recaiga el peso y la construcción de los vínculos de los sujetos con la realidad de vida y el mundo social, lo único que se tiene como lugar donde esta responsabilidad pueda edificarse, es sobre el individuo. Se necesita más de uno para cargar con una responsabilidad del colectivo, pero la modernidad liquida se ha encargado de hacer pensar a los sujetos que los problemas sociales son individuales y solo propios del sujeto.
Un proyecto en construcción
En suma el proyecto de modernidad todavía no se ha completado […] El proyecto apunta a una nueva praxis cotidiana que todavía depende de herencias vitales, pero que se empobrecería a través del mero tradicionalismo. Sin embargo, esta nueva conexión solo puede establecerse bajo la condición de que la modernización social será también guiada en una dirección diferente. La gente ha de llegar a ser capaz a desarrollar instituciones propias que pongan sus límites a la dinámica interna y los imperativos de un sistema económico casi autónomo y sus complementos administrativos (Habermas en Foster, 2002:34).
Jürgen Habermas en su texto “La modernidad, un proyecto incompleto” dentro del libro a cargo por H. Foster, La Posmodernidad (2002), no propone a la posmodernidad como un proyecto que sustituya o transgreda totalmente al de la modernidad, sino que lo propone como un programa a favor del desarrollo de la modernidad y con potencial para ser implementado con las revisiones de las nuevas tendencias en el pensamiento humano. Para Habermas no existe una posmodernidad como tal, para él la modernidad es un proyecto inconcluso que está en construcción y por lo tanto la generación de nuevos conceptos para el estudio de la realidad social en la contemporaneidad están supeditados la par del desarrollo y exigencias de las situaciones actuales, es decir, la modernidad inconclusa de Habermas es la complementariedad de múltiples disciplinas del conocimiento para el estudio y descripción de los nuevos objetos de análisis.
Las experiencias pasadas han de ser sometidas a una revisión. Las tradiciones del pensamiento desde donde se puede hacer labor de observación del mundo social en la modernidad inconclusa, no deben ser utilizadas como marcos únicos de referencia, porque de ser así lo que se pueda analizar de los diferentes fenómenos actuales será fácilmente rebasado por las exigencias y súbitos cambios suscitados en la realidad. Habermas utiliza el ejemplo del arte como un elemento que siempre está en continua construcción y nunca tiene un fin como tal, se podría decir que el motivo que mueve al arte es fin del hacer arte.
Entonces entramos en la cultura posmoderna […] el momento en que la vanguardia ya no suscita indignación, en que las búsquedas innovadoras son legítimas, en los valores dominantes de la vida corriente. En este sentido, el posmodernismo aparece como la democratización del hedonismo, la consagración generalizada de lo Nuevo, el triunfo de la “anti-moral y del antiinstitucionalismo”, el fin del divorcio entre los valores de la esfera artística y de lo cotidiano (Bell en Lipovetsky, 1995:105).
La perspectiva de Lipovetsky sobre la posmodernidad en su libro La era del vacío (1995), nos propone una democratización de la lógica hedonista del modernismo, es decir la posmodernidad sin innovación ni audacia verdaderas se yergue sobre la corriente del pensamiento moderno. Al igual que Habermas, Lipovetsky mira a la posmodernidad como la prolongación del proyecto inconcluso de modernidad, pero lo hace con especial énfasis en la característica propagadora que la posmodernidad manifiesta, capaz de permear los lineamientos y estándares estilísticos de la cultura y lógica del placer sobre todas las cosas, hacia todos los sujetos de la sociedad en su conjunto.
Uno de los elementos eje de la sociedad posmoderna que tiene como política de vida el placer, es el consumo. A través del consumo de bienes materiales y culturales, la revolución sobre lo sólido y eterno de las cosas, ha sufrido una mutación en la forma de revisar su entorno y a sí misma. La obsolescencia sobre todas las cosas para la obtención de placeres diversos, constantes e inmediatos fueron la manera en que la modernidad ha sido reconstituida, ahora el progreso no es lineal, ni permanente y mucho menos durable, ha perdido su fuerza, podemos hablar de progresos que se expanden de forma multidimensional, para seguirse expandiendo deben consumirse a sí mismos, hacer que sus acciones y sentidos circulen a través de sus propios sistemas de desarrollo y conocimiento.
Con el universo de los objetos, de la publicidad, de los mass media, la vida cotidiana y el individuo ya no tienen un peso propio, han sido incorporados al proceso de la moda y de la obsolescencia acelerada: la realización definitiva del individuo coincide con su desubstancialización, con la emergencia de individuos aislados y vacilantes, vacíos y reciclables ante la continua variación de los modelos (Lipovetsky, 1995:107).
Muy distante a estar en discontinuidad con el modernismo, “la era posmoderna se define por la prolongación y la generalización una de sus tendencias constitutivas, el proceso de personalización y correlativamente por la reducción progresiva de su otra tendencia, el proceso disciplinario” (Lipovetsky, 1995:114). La era posmoderna según la perspectiva de Lipovetsky, es el devenir más directo de los procesos de personalización y privatización de los bienes comunes; para la lógica posmoderna la existencia de múltiples relatos del mundo social es la norma, y acepta la convergencia en un mismo punto a diversos intereses, expone a todos y cada uno de estas formas muy particulares de ver y entender el mundo a los ojos de todos los actores sociales. La posmodernidad es la desentandarización, la pérdida del lineamiento e institucionalidad de los actos del humano, a favor de la libertad del ser y actuar individuales. “El predominio de lo individual sobre lo universal, de lo psicológico sobre lo ideológico, de la comunicación sobre la politización, de la diversidad sobre la homogeneidad, de lo permisivo sobre lo coercitivo” (Lipovetsky, 1995:115).
El pensamiento de Gianni Vattimo sobre la posmodernidad es una analogía que compara la realidad con lugar que simula a la torre de babel pero en el sentido informacional; un lugar donde múltiples visiones del mundo convergen y dan pié a la diversidad de particularidades y revisiones del mundo, un espacio donde la comunicación y los medios adquieren un carácter central. La posmodernidad marca la superación de la modernidad dirigida por las concepciones unívocas de los modelos cerrados, de las grandes verdades, de fundamentos consistentes, de la historia como huella unitaria del acontecer. La posmodernidad abre el camino, según Vattimo, a la tolerancia, a la diversidad. Es el paso del pensamiento fuerte, metafísico, de las cosmovisiones filosóficas bien perfiladas, de las creencias verdaderas, al pensamiento débil, a una modalidad de nihilismo débil, a un pasar despreocupado y, por consiguiente, alejado de la acritud existencial. Para Vattimo, las ideas de la posmodernidad y del pensamiento débil están estrechamente relacionadas con el desarrollo del escenario multimedia, con la toma de posición mediática en el nuevo esquema de valores y relaciones.
La posmodernidad marca la superación de la modernidad dirigida por las concepciones unívocas de los modelos cerrados, de las grandes verdades, de fundamentos consistentes, de la historia como huella unitaria del acontecer. La posmodernidad abre el camino, según Vattimo, a la tolerancia, a la diversidad. Es el paso del pensamiento fuerte, metafísico, de las cosmovisiones filosóficas bien perfiladas, de las creencias verdaderas, al 'pensamiento débil', a una modalidad de 'nihilismo débil', a un 'pasar' despreocupado y, por consiguiente, alejado de la acritud existencial. Para Vattimo, las ideas de la posmodernidad y del pensamiento débil están estrechamente relacionada con el desarrollo del escenario multimedia, con la toma de posición mediática en el nuevo esquema de valores y relaciones.
Ahora comienza la era de la hiperrealidad […] aquello que se proyectaba psicológica y mentalmente […] es proyectado a la realidad, sin ninguna metáfora, en un espacio absoluto que es también el de la simulación (Braudillard en Foster, 2002:190).
En su texto Jean Braudillard, “El éxtasis de la comunicación” dentro del libro a cargo de H. Foster La Posmodernidad (2002), propone una revisión de la posmodernidad bajo procesos comunicativos, mediante los cuales hay una explotación de los valores provenientes del campo privado del sujeto, y después puestos en circulación a través de redes de significación al interior del tejido social. Cuando los valores y significados son asimilados por la colectividad se observa cómo un objeto sufre una síntesis de sentido, es decir la imagen o concepto que se proyecta a los observadores es simplificada, descomplejizada y destituida de sus detalles; con esto se logra proyectar una idea que tenga los elementos más generales, así se logra una fácil incorporación de un nuevo concepto tras otro, en la lógica interminable de elementos obsolescentes en la posmodernidad.
En la posmodernidad se entiende por realidad, a lo que nos es proyectado y expuesto de las demás realidades de otros sujetos; realidades que no hemos de vivir, pero que si hemos de sentir y explotar sus sentidos sintetizados, para una fácil asimilación de las cosas desconocidas que ahora serán conocidas porque han sido experimentadas por nuestro consiente. Los 5 sentidos para percibir el mundo, no son delimitados por el tiempo y el espacio. La comunicación y las transferencias de sentidos y significaciones en la posmodernidad, se hacen a distancia mediante los intrincados medios tecnológicos que facilitan los movimientos de los valores simbólicos a través de redes electrónicas comunicación, en las que la distancia es reducida a bits de información, se transmiten en un tiempo no lineal, inmediato y esférico.
Este es el tiempo de la miniaturización, el telemando y el micropocesado del tiempo, los cuerpos, los placeres. Ya no hay ningún principio ideal para estas cosas en un nivel superior, a escala humana. Lo que queda son solo efectos concentrados, miniaturizados y disponibles de inmediato. Este cambio de la escala humana a un sistema de matrices nucleares es visible en todas partes: este cuerpo, nuestro cuerpo, a menudo se nos presenta simplemente como superfluo, básicamente inútil en su extensión, en la multiplicidad y complejidad de sus órganos, sus tejidos y funciones, dado que hoy todo está concentrado en el cerebro y en los códigos genéticos, que resumen solos la función operacional del ser (Braudillard en Foster, 2002:191).
El pensamiento posmoderno es una oportunidad constante y nunca obsolescente a diferencia de los objetos insertos dentro de la dinámica posmoderna, donde los fenómenos adquieren nuevas categorías y son exaltados en sus cualidades esenciales para ser puestos en circulación dentro de los entramados reticulares de los agentes que forman la colectividad. Una cualidad que la posmodernidad tiene es su enorme capacidad para sintetizar las realidades y proyectarlas a la realidad nuevamente, es decir el pensamiento posmoderno toma los fragmentos más representativos de ciertos objetos del mundo real, exacerba sus características principales y los extrae de la continuidad lineal de tiempo, los engloba y exhibe en un contexto sin lugar para un consumo diacrónico y multicultural.
Los productos de la posmodernidad son propuestos para las culturas masificadas del mundo contemporáneo, esto no quiere decir que conciban a la sociedad como una masa acrítica, sino todo lo contrario, la lógica posmoderna entiende que la sociedad contemporánea está muy segmentada y que no puede ofrecer el mismo producto para todos, con los mismos elementos generadores de sentido; así que sus productos son siempre muy diversificados, personalizados pero nunca constrictores de la capacidad de elección de esta forma se puede cambiar de decisión en cualquier momento y seguir la dinámica posmoderna-consumista: elegir, consumir, desechar y reciclar.
La metáfora del eterno reciclaje es una analogía sobre el actuar y visión del pensamiento posmoderno, ayuda a repensar las maneras en que los sujetos están, son y actúan dentro de sus dinámicas de vida y constitución de la realidad, es decir los sujetos de la posmodernidad están siempre inscritos por no decir supeditados al permanente proceso de adecuación y construcción de su mundo real en base a resquicios y ruinas de un pensamiento moderno que estaba a favor del progreso lineal; los seres del mundo posmoderno son expuestos a la oferta de las múltiples revisiones sobre la realidad para que ellos las elijan, utilicen y desechen. Los deshechos que quedan nunca podrán ser eliminados, siempre están presentes para ser reconstituidos en su esencia, y de nuevo ser un producto de consumo del posmoderno.
BAUMAN, Zygmunt (2009). La modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de cultura económica.
BERGER, Peter L. y Thomas Luckman (1997). Modernidad, pluralismo y crisis de sentido. Barcelona: Paidós.
BERMAN, Marshall (2003). Todo lo sólido se desvanece en el aire. México: Siglo XXI.
FOSTER, Hal (2002). La posmodernidad. Barcelona: Kairos.
HABERMAS, Jürgen. “La modernidad un proyecto incompleto”. pp. 19-36.
BRAUDILLARD, Jean. “El éxtasis de la comunicación”. pp. 187-198.
LIPOVETSKY, Gilles (1995). La era del vacío. Barcelona: Anagrama.
TOURAINE, Alain (1999). Critica de la modernidad. México: Fondo de cultura económica.
VATTIMO, Gianni (2000). El fin de la modernidad. España: Gedisa.