Las 'bravuconadas' de Margallo llegan a oídos de Europa
La costumbre del PP de emplear la soberanía de Gibraltar como cortina de humo le ha surtido efecto en varias ocasiones.
-Ocurrió con el estallido del 'Caso Bárcenas' cuando dirigentes del PP como Cospedal, Arenas y Santamaría se apresuraron a salir a la palestra para hablar de la tensión del Peñón.
-También sucedió con el estallido de la Púnica.
-Y ha vuelto a suceder recientemente. Justo cuando se han solapado los juicios por la Gürtel y por las tarjetas black'.
Para este caso el vocero del Gobierno ha sido el ministro de Exteriores José Manuel García-Margallo. Y no se le ocurrió otra manera de desviar la atención que asegurando que colocaría "pronto" la bandera española en el Peñón. "Antes de lo que Picardo cree", puntualizó en referencia al ministro principal de Gibraltar.
La provocación era una respuesta a Picardo cuando días antes había señalado que "José (Margallo) jamás pondrá la mano en el Peñón". "La mano no, pondré la bandera" le respondió el titular de Exteriores.
Logró que las portadas de los periódicos le dedicaron un hueco que no fue a parar al escándalo de la financiación ilegal del partido o al despilfarro de la cúpula directiva de Bankia. Pero Margallo no midió sus palabras. Y estas traspasaron las fronteras llegando a oídos de Julie Girling, eurodiputada del Partido Conservador quien respondió al ministro de Exteriores con una dura respuesta:
"Le diremos dónde puede ponerse su bandera de España", señaló Girling. Margallo "puede mantener su bandera donde está". De lo contrario, "los gibraltareños podrían sugerirle algún lugar donde pueda ponerla".
La prensa británica se ha hecho eco del duelo dialéctico coincidiendo en señalar que en el tema de Gibraltar, con soberanía británica, "no hay lugar para el lenguaje amenazante". Al contrario.
El Brexit no ha alterado la agenda de Londres que ha rechazado la oferta española de una co-soberanía sobre Gibraltar -una doble nacionalidad española y británica a los gibraltareños y un estatuto de autonomía que les permita mantener prácticamente su régimen de autogobierno actual, garantizado por una declaración conjunta de los gobiernos británico y español en Bruselas y Naciones Unidas-, antes incluso de que ésta hubiera sido hecha oficialmente. "No entrar en ningún proceso de negociación de soberanía sobre Gibraltar" es la postura de Londres por lo que las palabras de Margallo han sentado a cuerno quemado al ser interpretadas poco menos como una provocación y amenaza de invasión de su territorio.