❄️Parte 30: La gota que rebalsó el vaso
Donde el fuego y el frío se tocan
Hemos llegado a la playa.
Candela se pone a correr hacia el agua junto a Brisa.
Mencionó algo de “por fín algo que sí conozco”
Es una imagen bastante curiosa, como si ambas fueran infantes jugando.
…
—¡AHHH! —Grita Candela de pronto y salta repentinamente desde el agua hacia la arena.
—¿Qué pasa? —pregunto preocupado, acercándome.
Candela parece estar temblando.
¿Qué podría haber sido tan terrorífico como para asustarla así?
—E-el… el agua…. —señala al océano y luego me mira con un rostro de completo asombro y desepción— ¡Está helada!
Ah…
No logro reprimir una sonrisa de alivio.
Ahora que lo noto…
Sus pies están algo rojizos. Pero van recuperando su color de a poco.
—Mencionaste que ya conocías el agua. Supuse que el otro día habrías alcanzado a tocarla pero… por casualidad ¿te referías al agua dentro del volcán?
Me mira apretando los labios. Algunas lágrimas comienzan a salir.
¿Tanto le dolió?
—El agua de allá también se movía… burbujeaba y se evaporaba… también tiene mejor aroma, huele a “azufre”, a hogar… esta, en cambio… —vuelve a dirigir su mirada hacia el mar, parece enojada— apesta y congela.
Me acerco a ella y reviso sus pies. Ya se han recuperado lo suficiente.
—El agua de estas playas son frías incluso para los humanos, vienen directo desde el continente helado.
—Nyaaaau —se escucha de pronto.
Brisa ha vuelto completamente mojada, cargando un pescado de su tamaño, que deposita a los pies de Candela.
Ella arruga la nariz al verlo.
—Huele como esa agua… ¿No me digas que esperas que también “coma” esto? —dice con cierto recelo a la felina.
—Prrrrrrrr —comienza a ronronear y se acerca a ella con claras intenciones de acomodarse en ella.
—Brisa espe… —alcanzo a decir, pero la gata ya ha saltado hacia Candela.
—Bri… bri… brisa… —dice ella, sosteniéndola con notable dolor ante su pelaje mojado.
—Ven, pásamela —digo al acercarme, pero noto que comienza a salir vapor desde donde la joven sujeta a la gata.
En pocos segundos vuelve a su forma de ave.
Brisa cae al suelo al no poder seguir siendo sostenida, pero parece no importarle y salta nuevamente sobre la otra.
Miro en todas direcciones.
Gracias a Dios que vinimos a una zona sin personas…
—Kjjjjj —salta brisa desde su lomo repentinamente.
La temperatura parece aumentar alrededor de Candela.
La arena…
La arena negra enrojece bajo sus patas.
—No quiero… no quiero más… —comienza a susurrar.
Sus plumas vibran.
—¿Candela?
Me mira de pronto.
Algo en su mirada genera un vacío en mi interior.
—Me voy, nunca más… ¡odio la superficie!
Un viento ardiente comienza a envolverla mientras sus alas empiezan a batirse.
—¡Candela! ¿no pensarás en… —digo acercándome a ella.
Pero…
De pronto se eleva, dejándonos a Brisa y a mí.
Su dirección es clara.









