¡El fin de semana pasado tuvo lugar otra edición del Festival Apetito en el Hipódromo Argentino de Palermo! Como siempre, la entrada fue libre y gratuita.
Allí los comensales disfrutaron de una amplia variedad de food trucks, cerveza artesanal y música en vivo.
Algunos de los food trucks presentes fueron La Société, Hoboken, Freddy’s, Luciu’s, Beer Truck, Locos X el Asado, Gulab, Tagomago, Cocina Inquieta, Aram, Rincón de Pau y Buenos Mares entre otros.
Además, el sábado se pudo presenciar la primera etapa de la Triple Corona de turf.
El primer día del evento el clima fue ideal: templado, soleado y con brisa. Lamentablemente no sucedió lo mismo el domingo, ya que el festival tuvo que suspenderse debido a la lluvia.
En una esquina de Belgrano R (General E. Martínez 1402) se encuentra Dulce Buenos Aires, un acogedor café que ve la vida color de rosa pastel. El local cuenta con cuatro áreas: el salón principal, el living, el patio y la terraza. Todas ellas están decoradas con un estilo romántico, casi de princesas de Disney.
Al ingresar, lo primero que se ve es el mostrador con las tortas, cookies y budines, ¡una perdición! Un dato no menor es que se puede comprar para llevar a casa.
EL BRUNCH
En este caso, el brunch se sirve todos los días de 11 a 15hs y se divide en la parte salada y la parte dulce.
La parte salada consta de:
- Scons de queso rellenos de salmón y otro de capresse
- Tartitas con tomate y queso
- Croissant relleno de jamón crudo y queso
- Ensalada de pollo, palta, tomates secos y cherries, lechuga y queso
- Huevos revueltos
- Tostadas
- Pinchitos capresse
- Rollitos de queso
Por otro lado, la parte dulce incluye:
- French toast
- Mini torta (chocotorta)
- Mini alfajorcitos
- Frutas con granola
Esto viene acompañado de dos cafés con leche, limonada o jugo de naranja y vasito de yogur.
Como se puede apreciar por la cantidad de platos que vienen, el brunch es súper completo y abundante. Lo bueno es que lo que sobra se puede llevar.
¡Además, el balance entre platos dulces y salados es perfecto! Este brunch permite comer un poquito de todo y por eso nos gustó tanto. La comida es realmente exquisita y la atención merece diez puntos. ¡Nos encantó!
Plora: una app para conocer Buenos Aires a través de sus mejores propuestas
Un desafío con el que uno se encuentra a la hora de salir a comer es la elección del lugar. Se pueden destinar horas y horas a ver a dónde ir, sólo para terminar yendo al mismo restó de siempre (y encima un poquito frustrados).
Plora es una app para dispositivos móviles que podría solucionar esta situación. Su objetivo es mostrar las mejores opciones gastronómicas de la ciudad. Funciona a modo de guía de recomendaciones y se basa en la geolocalización.
La idea es agilizar el proceso de selección y quitarle pasos, ya que a diferencia de una guía física o un sitio web, esta app muestra un resultado ni bien se abre.
El contenido es curado a través de fuentes tales como blogueros y periodistas gastronómicos avalados por otros usuarios. Plora reúne la información de las reseñas y permite que quien quiera profundizar más acceda de manera rápida a la reseña completa.
Eso sí, no muestra todas las opciones disponibles de una zona sino aquellas que según los usuarios expertos se calificaron como recomendables.
La app es bastante fácil de usar. Se requiere una cuenta para ingresar, ya sea mediante Facebook o creando un usuario con un mail. Al entrar se muestra un mapa con las diferentes opciones, que pueden ser de acuerdo a la cercanía (geo-referenciadas) o seleccionando un barrio o día en particular.
Cada establecimiento recomendado viene acompañado de información como quién es el chef, los medios de pago, los horarios de apertura y cierre, el rango de precios, tips y además comentarios de los blogueros o periodistas gastronómicos con el correspondiente link a la reseña original.
Además tiene la posibilidad de llamar al restaurante desde la misma app o de compartirlo con un amigo. También pueden agregarse lugares como favoritos o visitados y sugerir otros vía mail.
Plora está disponible en español e inglés y por el momento funciona solamente para iOS.
Ego’s Deli Kitchen: un lugar de encuentro en Coghlan
Ego’s es un deli ubicado en una esquina de Coghlan (Av. Congreso 3701), un barrio de casas bajas y por ende muy tranquilo. Su dueño, Federico Geddes, cuenta que optó por esta zona debido a que pertenece a ella y “por una cuestión de conocimiento de la gente, la cercanía”.
Federico está en el rubro gastronómico hace diecisiete años e hizo la carrera de cocina en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG). Antes trabajaba en ventas, cosa que no le gustaba mucho, hasta que finalmente decidió dar un giro y dedicarse a la cocina.
Por diez años trabajó en una panadería de microcentro, donde no tenía posibilidad de crecimiento y ya había llegado hasta donde podía llegar. Fue por ello que decidió abrir Ego’s.
“El público nuestro más que la gente del barrio es gente de trabajo, tenemos menú ejecutivo y heladera de takeaway para el que está apurado. También desayunos y meriendas por ahí más con padres de colegios. Los fines de semana el público es mucho más variable”, explica.
Además, detalla que como ya están afianzados en la zona, buscan avanzar hacia afuera para que empiece a acudir gente de los alrededores.
El nombre se debe a un momento personal y al desafío del ego personal, aunque se sometió a una votación familiar. Federico agrega que para sus hijos Ego’s venía más por el lado del crítico de la película de Disney Ratatouille.
El local está decorado en tonos grises y verde pastel. Es súper luminoso y acogedor por dentro y también cuenta con mesitas afuera para disfrutar los días soleados.
EL BRUNCH
La carta de Ego’s es simple y busca la practicidad y la facilidad. Tiene siete opciones de desayuno/merienda, entre ellas “Del Lugar” que es para dos personas e incluye:
- Café o té con leche
- Vaso de jugo de naranja
- Un muffin
- Tostadas con queso y mermelada
- Un scon
- Huevos revueltos y panceta sobre rodajas de pan casero
Al momento de la visita, el precio fue de $220.
El scon es dulce y tiene azúcar crocante por encima. Por otro lado, el muffin de chocolate y nueces es suave, húmedo, esponjoso y recuerda al sabor de los Pingüinos Marinela. ¡Una bomba que vale la pena!
Las tostadas de pan casero son enormes (por suerte, pan te amamos). Las porciones en general están bien para dos personas y el café es riquísimo. La atención es correcta.
Giorgieff: “no tenía idea de lo que era el Alvear, para mí Buenos Aires era la India”
El Chef Ejecutivo del Hotel Alvear cuenta cómo llegó a uno de los hoteles más importantes del país y da su opinión sobre la gastronomía actual.
Como todos los domingos, el emblemático Hotel Alvear ofrece su Sunday Brunch en L’Orangerie. El lobby de techos altos, pisos de mármol y muebles estilo Luis XIV y XVI recibe tanto a turistas extranjeros como locales que visitan el hotel para probar uno de los brunches más destacados de la Ciudad de Buenos Aires.
Detrás de unas cortinas que van del techo al piso se esconde el salón donde se lleva a cabo el desayuno-almuerzo. Allí, Darío Giorgieff, Chef Ejecutivo de Restaurantes y Banquetes, da cierre a los últimos detalles antes de recibir a los más de 200 comensales del día.
Una vez que todo está listo se abren las cortinas y las parejas, familias y grupos de amigos comienzan a pasar al salón para disfrutar.
Giorgieff comenzó a trabajar en el Alvear en enero de 1998 como ayudante de cocina en el buffet. Desde chico se interesó por la gastronomía pero empezó a cocinar “por obligación”, ya que vivía con su abuela materna, quien trabajaba todo el día.
Dado que sus padres desaparecieron en la dictadura militar, su abuela se hizo cargo de él y sus dos hermanos. Así fue como pasó de vivir en Capital a La Plata, su ciudad natal.
P: ¿Cómo comenzaste en la cocina?
DG: Con una mujer sola saliendo a trabajar todo el día como personal de servicio se complicaba. Ahí arranqué con el tema del desayuno y las tortas. Para ayudar económicamente a mi abuela, siendo menor de edad empecé a hacer tortas para un restaurante en donde ella solía trabajar. Lo hacía de oficio porque yo no había estudiado, sólo de mirar libros y nada más. Ahí tuve mi primera relación con la gastronomía: trabajaba en negro sirviendo comida, haciendo sándwiches y alguna torta y llevándolos a este lugar.
Más tarde dejó de lado la gastronomía por un tiempo y a los 18 años entró a trabajar en la Dirección General de Escuelas y Cultura, donde permaneció ocho años. Pero la pasión por la cocina siempre estuvo latente, ya que cuando había algún cumpleaños él se encargaba de las tortas e incluso vendía viandas en el trabajo.
P: ¿Dónde te formaste para ser chef?
DG: En mi época no había muchas escuelas de gastronomía, creo que había dos nada más, o tres a lo sumo. Pero en La Plata no había ninguna. La gente, sobre todo la gente más adulta que yo, insistía en que estudiara gastronomía. Insistieron y empecé a relacionarme con gente de gastronomía de La Plata haciendo cosas hasta que un día agarré la revista Ollas y Sartenes, donde se publicitaban todas las escuelas año a año, y empecé a llamar. El problema es que las cuotas de las escuelas eran muy altas y no podía afrontar el gasto.
Fue por ello que en una entrevista con la directora de la Unión de Chefs Argentinos (UDECA) le comentó su situación.
“Le conté un poco mi historia y que podía pagar el 50% de mis estudios, como si fuera media beca. Me tiré a la pileta y me dijo que sí pero que tenía que tener buenas notas y dar una mano”, explica Darío.
Cuando entró a estudiar en UDECA, parte del cuerpo docente trabajaba en el Hotel Alvear. Uno de ellos era Jorge Sánchez, quien para una prueba práctica les pidió a sus alumnos que prepararan un plato e hizo salir a todos del aula para evaluarlos.
Giorgieff cuenta que a él lo llevó a un costado y le dijo que entre al aula y le mencione las cosas que veía mal de cada trabajo práctico de cada grupo. Al sentirse valorado por el profesor, le preguntó si podía dejarle sus datos en caso de que surgiera algún trabajo, más allá de que a él no le hacía falta.
Tres meses después, Darío recibió una llamada del Alvear. “Yo no tenía ni idea de lo que era el Hotel Alvear, para mi Buenos Aires era la India. Sobre todo en aquellas épocas”, aclara.
Tanto fue así que en un principio rechazó la oferta porque ya tenía un trabajo en La Plata haciendo pedidos de comida.
Finalmente, luego de una entrevista con el abogado apoderado del hotel en ese entonces, entró como efectivo para cubrir la licencia de vacaciones del buffet como ayudante de cocina.
Dado que debía viajar de La Plata a Capital todos los días, tomó la decisión de mudarse. El chef relata que un día agarró un flete, metió todo lo que había en su casa y se vino a alquilar a la Ciudad de Buenos Aires.
“Me fui a dormir al cuarto de una mucama en la casa de una señora que vivía acá. Estuve 15 días nada más, fue una experiencia terrible. Fijate el tema de la seguridad que se manejaba en aquel momento porque la mujer me pidió el documento y nada más”, detalla.
Pasados tres meses en el buffet, Albino Acosta, el Chef Ejecutivo de aquel entonces, tomó la decisión de cambiarlo de puesto. “¡Me agarró un ataque!”, exclama Darío.
Cuenta que no estaba muy contento con el cambio porque pasó del buffet, el salmón ahumado y las ostras al comedor de personal, donde cocinaba pollo asado, hamburguesas y papas fritas.
Debido a ello, fue a hablar con Acosta para comentarle que no le gustaba trabajar en este nuevo puesto, a lo que le contestó que “tiene que aprender a hacer todo, tiene que pasar por todos los sectores, así que pegue media vuelta y vuelva a trabajar”.
“Y ahí trabajé en todos los sectores, no hablé nunca más”, recuerda.
P: ¿En qué se diferencia trabajar en el Hotel Alvear de otros lugares en los que trabajaste?
DG: La gran diferencia es que los clientes muchas veces nos piden que les armemos menús. Tenemos una relación muy directa con nuestro cliente. Muchas veces sugiere y dice que le gustaría comer tal cosa entonces se arma un menú en base a eso. Se arma, se envía a la gerencia de alimentos y bebidas y la gerencia se lo manda al cliente, quien dice “esto está bien, pero me gustaría cambiar esto”. Lo que pide el cliente se hace y luego se le cotiza, se arma el presupuesto y ahí es cuando acepta o no. Creo que la diferencia es esa relación íntima con el cliente a la hora de elegir un producto que desee comer.
Otros aspectos que destaca del Alvear son su variada oferta de productos de estación y el brunch, que es uno de los más completos en productos de mar, quesos y fiambres patagónicos.
Éste cuenta también con menú para celíacos: el buffet caliente es apto entre un 80-85%, a excepción de la pasta y en el caso de que haya cous cous. Se trata de no ligar las salsas con harina sino con almidón de maíz o manteca o jugo de cocción para lograr este porcentaje.
El brunch se sirve en varios salones dependiendo de la cantidad de gente. Uno de ellos es el Regence, otro se llama María Antonieta, L’Orangerie (que es el principal) y además está el jardín de invierno.
Por otro lado, el Alvear es el único hotel de la Argentina con cocina kosher incorporada supervisada por un rabinato.
P: ¿Qué opinás de la gastronomía argentina en comparación con el resto del mundo?
DG: La gastronomía argentina ha evolucionado un montón. Hay muchos chefs destacados que aportan muchísimo: Juan Gaffuri del Four Seasons es uno de ellos, Germán Martitegui, [Gonzalo] Aramburu. Son chefs que revalorizan la cocina argentina y regional. Después están los clásicos de siempre, los admirados como Beatriz Chomnalez, Osvaldo Gross y Dolli Irigoyen. Cada uno aportando sus cosas y haciendo que la Argentina se sienta representada a nivel gastronómico en el mundo. Es lamentable que no tengamos un país estable por estos altibajos que sufre constantemente a nivel económico y político. Yo creo que sin los altibajos la gastronomía argentina hubiera avanzado muchísimo más.
Darío opina que como la gente no sale tanto a comer se cierran un montón de restaurantes y que tampoco pueden surgir nuevos emprendimientos porque es un riesgo hacerlo.
Además agrega que a la Argentina le falta desarrollarse en agroindustria y que comprar equipamiento también se dificulta debido a que es complicado traerlo al país, por lo que uno debe esperar a hacer un viaje o encargárselo a alguien. Todo esto hace que la gastronomía se quede atrás en relación con otros países del mundo como Chile, Francia, Holanda, Suecia o Australia.
Por otro lado, en estos últimos tiempos se ve un aumento en la cantidad de ferias gastronómicas y eventos de esa índole, como por ejemplo la Feria Masticar, Buenos Aires Food Week, Bocas Abiertas, las ferias de food trucks. Es decir, la ya conocida tendencia de los foodies, que son aquellas personas con un interés particular en la comida y la bebida.
P: ¿Cómo ves la movida foodie en Buenos Aires?
DG: Yo creo que bien, todo el tema este de las ferias saludables, las ferias gastronómicas francesas, europeas, latinas, los food trucks, todo va sumando. Ya es como una especie de ofertón, hay que evitar la saturación para no quemarla. Pero a mí me parece que es bárbaro. También es una manera de tener un ingreso más. La gente también valoriza mucho poder ir a comer algo de un lugar al que por ahí no puede acceder todos los días, por ejemplo ir a comer un hotel de 5 estrellas. Más allá de que nosotros como empresa no participamos de ninguna feria todavía, hay muchos lugares emblemáticos de Buenos Aires que sí participan y la gente hace cola para comer en esos lugares y es bárbaro que pueda tener un precio mucho más accesible para comer algo de una Dolli, de un Osvaldo o un Juan o de un Germán y está bueno.
Darío cree que por ahora sería difícil que el Alvear forme parte de alguna feria de gastronomía. ¡Los foodies se quedarán con las ganas de encontrar un pedacito de L’Orangerie en una feria de food trucks por el momento!
El brunch según Francis Mallmann: huevos, churrascos y unas mollejas
Ayer fue un día frío, bastante frío para ser abril. Parece que el invierno quiso recordarnos su existencia y adelantarse un poco. Fue una de esas mañanas heladas en las que el cielo está pintado de un azul impresionante y el sol brilla con fuerza.
Y como toda mañana (en especial las de estas características), el café con leche era indispensable para sobrevivir. ¡Mejor aún si éste se consume en algún barcito acogedor de la ciudad!
Esta vez el lugar elegido fue Dandy, aquel que está ubicado sobre Avenida del Libertador. Casualmente allí se encontraba Francis Mallmann, quien se prestó para un pequeño pero interesante intercambio de preguntas y respuestas.
El reconocido chef es un referente de la cocina con leña y fue uno de los protagonistas de la serie documental de Netflix “Chef’s Table” en la cual se relata “lo que hay dentro de las cocinas y las mentes de seis estrellas culinarias”. En este momento posee dos restaurantes en Argentina: Patagonia Sur en La Boca, Ciudad de Buenos Aires y 1884 en Mendoza.
Mallmann estaba sentado en una mesita y usaba la boina (a veces sombrero) que lo caracteriza, parte de su peculiar estilo. Comentó que, si bien no tiene el hábito de salir a brunchear, “es una linda tendencia, una especie de almuerzo temprano” y que “unos churrascos y unas mollejas son una buena idea” para lograr una versión argentinizada del brunch.
Por supuesto que además los huevos deben ser incluidos en cualquier menú brunchero ya que como dijo el chef del restaurante Patagonia Sur: “las recetas de huevos son infaltables”.
Este es entonces el desayuno-almuerzo según Francis Mallmann. ¿Para vos, qué plato no puede faltar en tu brunch del fin de semana?