guía inutil para tener sexo en cines en 2019.
Sentados en la mitad de la sala. Solo nosotros en todo el teatro cerca de la media noche y sorpresivamente listos para una muy segura primera vez en cine. La película era El Ché y tenía dos partes, era muuuuy larga. Tenía a Benicio del Toro en pantalla gigante frente a mí, mientras estaba sentada encima de mi novio con la falda arriba y completamente segura de que nadie nos veía. Tuvimos tiempo de un tímido preámbulo en la primera parte, sexo cada vez menos discreto antes de cambiar de rollo y, finalmente, un largo momento de amor dulce antes de ver morir al héroe. Resultaba difícil creer que solo a nosotros nos habían vendido boletas para una película de 3 horas a media noche. Piscis...
Decirme “vamos a cine” es como mostrarle a un perrito la correa de paseo. Involucraba una pequeña rutina excitante -en el mundo de antes cuando podía ir a cine a quitarme la ropa sin que nadie se diera cuenta-. La ropa, la función, la sala, el teatro, el celular, el trayecto, aun hoy sigo agregando cosas que hacen de cada cosa un todo emocionante. Nació una noche muy normal en una decisión de última hora: sólo quedaba una película muy larga, muy tarde, en un cine nuevo y lejos. Ese día se abrió una ventana a una infinidad de multiversos exhibicionistas.
No volví a tener tanta suerte aunque he repetido incluso ese cine, ese horario, ese tipo de película; pero justo en el momento en que digo “¡lo logramos!” entra una familia o un grupo de adolescentes. En cierto modo eso lo hace más interesante. La última vez fue una pareja sorpresa que se movió justo debajo de nosotros. Eso sólo fue más excitante porque sentía, pero sobre todo deseaba que él pudiera verme con las piernas abiertas y la cabeza de mi novio en medio. Me gustaba pensar que se daban cuenta de que yo tenía el culo levantado y la cabeza clavada. Con la mano de mi novio en la boca intentaba soltar suaves gemidos que les hiciera preguntarse si estábamos haciendo algo.
Se convirtió en un favorito por todo lo que me genera. Poco a poco he mejorado mi pequeña guía: nada popular, si estoy rodeada no voy a poder hacer nada; evito ciencia ficción, súper héroes o sagas; mejor las europeas, dramas, producciones pequeñas o independientes. Más cerca el fin de semana: más familiar. Los lunes, en cambio, no todos quieren ver un drama silencioso vientamí a las 10 pm. Vestirme simple, no cinturones, ni medias de lana, ni jean; mejor algo práctico para disimular: faldas y vestidos, los mejores amigos de esa fantasía. Los teatros o centros comerciales de moda son siempre mala idea. Pero lo más importante es la actitud: poderosa y cero intimidación. Da miedito y eso es lo excitante, pero aprendí que la gente anda tan en su mundo que no nota lo que pasa a su alrededor, puedes morir de orgasmos o ahogado y a nadie le importa. Sin embargo es un riesgo y debo cuidarme. No quiero tener que explicar por qué estoy vetada en tal cine. Si puedo estar atenta, jugar y fantasear sin alterar mi entorno resulta algo muy divertido, de las salidas más placenteras.
Es extraño escribir esto bajo esta nueva realidad pandémica. No creo que sea posible repetir esa experiencia, de pronto nunca más, no de ese modo. Probaré el auto cinema.
pd: me enteré de que abrieron los cines, pero ya no es igual; ahora solo existe la privacidad vigilada.