Las mujeres griegas, el columpio y el ahorcamiento
“(...) Prendió de elevada columna un gran cable de bajel, rodeó el otro extremo a la cima del hono y estirólo hacia arriba evitando que alguna apoyase sobre la tierra los pies. Como tordos de gráciles alas o palomas cogidas en lazo cubierto de hojas que, buscando un descanso, se encuentran su lecho de muerte, tal mostraban allí sus cabezas en fila, y un nudo constriñó cada cuello hasta darles el fin más penoso tras un breve y convulso de sus pies en el aire...” - La Odisea, Homero.
Odiseo, protagonista del poema épico “La Odisea”, permaneció durante años vagando por los mares después de finalizada la guerra contra Troya. Durante su ausencia, su esposa Penélope se resistió a la presión que ejercían sus pretendientes por desposarla, creyendo a Odiseo muerto. Sin embargo, cincuenta esclavas de su casa, olvidando sus obligaciones, no sólo habían secundado a los pretendientes de la mano de Penélope, que despilfarraron los bienes de la casa y celebraron banquetes, también se unieron sexualmente a ellos. Las esclavas se convirtieron en traidoras de su patrón y se les condenó a ser ejecutadas.
Homero relató de manera triste y terrible el episodio: “Prendió de elevada columna un gran cable de bajel...”. Sus palabras dan a entender que las esclavas fueron ahorcadas, siendo este uno de los métodos más comunes de ejecución para las mujeres en el mundo griego, y también el método predilecto de suicidio. El ahorcamiento siempre se relacionó con la mujer por ser parte importante de los rituales de iniciación femeninos.
Mitos y rituales con ahorcamientos
Existen numerosos casos de mujeres míticas que eligieron morir ahorcadas. Si bien, es común que el héroe o heroina griega elija la muerte para salvaguardar su dignidad, no es casualidad de las mujeres escogiesen el ahorcamiento. De hecho, existe una explicación simbólica para esto.
Entre las mujeres que terminaron sus días ahorcadas se encuentran Yocasta, la madre del rey Edipo que cometió incesto y, al darse cuenta, se suicido colgándose. Helena de Troya, quien traicionó a su esposo Menelao con el príncipe troyano Alejandro, fue explusada de Esparta y acogida en Rodas por su amiga Polixo. El esposo de esta había fallecido en la guerra de Troya y se vengó de Helena haciendo que sus esclavas se disfrazaran de Erinias y le ordenaran ahorcarse. Antígona, hija del rey Agamenón, fue condenada a ser enterrada viva (otro castigo común para las mujeres) y evitó dicho destino colgándose.
Aunque los casos anteriores son de mitos específicos, existen otros casos de ahorcamiento de vírgenes en rituales que existieron en todo el mundo griego. Muchas veces estos ahorcamientos son precisamente reconstrucciones de mitos: En Karyai, en Arcadia, en el culto a Artemisa las vírgenes que conformaban su coro bailaban y se colgaban de un nogal evitando “el peligro”, el cual puede ser el rapto o la violación. La fiesta conocida como “Carila” es la reconstrucción de un mito donde su protagonista lleva esa nombre. Carila era una huérfana que durante una hambruna fue a pedir alimentos al rey en medio de una multitud, pero el rey la expulsó y la golpeó con una sanalia. Entonces Carila, tan pobre como orgullosa, se ahorcó colgándose con su cinturón. La hambruna se agudizó en ese momento y se le sumó una epidemia de tal gravedad que fue necesario consultar un oráculo. Éste respondió que se debía expiar la muerte de Carila y por ello se celebró desde entontes una fiesta en Delfos cada ocho años durante la cual el rey, tras haber distribuido legumbres y harina, golpeaba con su sandalia a una niña que representaba a Carila. En ese momento la niña, tras ser conducida en procesión hasta un subterráneo, se enterraba con una cuerda al cuello en el lugar donde se había sepultado a Carila.
En Tesalia, un tirano llamado Tártaro hacía que sus soldados raptasen a las vírgenes, las hacía llevar a su palacio y allí las violaba. Pero una de ellas, Aspalis, consiguió evitar el ultraje colgándose. Decidido a vengarla, su hermano Astigites se puso sus vestidos y se presentó ante Tártaro al que apuñaló. Entonces el pueblo arrojó el cadáver del tirano a un río e hizo gobernante a Astigites. Pero entre tanto había desaparecido el cuerpo de Aspalis, en su lugar había aparecido una figura a lado de la de Artemisa. Todos los años, para recordar el acontecimiento, las vírgenes colgaban del lugar un chivo, del mismo modo que se había colgado Aspalis.
En Atenas, durante el tercer día de las Antesterias, se preparaba un sartén con una mezcla de cereales bañados en miel. Durante la ceremonia, las muchachas se balanceaban en columpios. El origen de esta costumbre es el mito de Orestes: Cuando Orestes vengó la muerte de Agamenón matando a Egisto y Clitemestra, la hija de estos, Erígone, siguió a Orestes hasta Atenas donde, presa del desaliento, puso fin a sus días colgándose. Pero en ese momento ocurrió un hecho extraño: las vírgenes atenienses comenzaron a colgarse, como contagiadas, poniendo en peligro el futuro de la ciudad, pues casi todas las mujeres casaderas habían muerto. El oráculo de Apolo resolvió el problema sugiriendo la construcción de columpios sobre los cuales las muchachas podrían balancearse suspendidas en el aire, como quien se cuelga, pero sin perder la vida. Como en el caso del coro de Artemisa en Arcadia, se trata de un ahorcamiento masivo.
Simbolismo detrás del ahorcamiento y el columpio
En todas las culturas y sociedades existen los “ritos de iniciación”, ritos de edad a otra, acompañados de un período de separación y acompañados por una simbología de la muerte. En los ritos de la edad impúber a la púber el adolescente “muere” simbólicamente para verse sustituido, tras un periodo de segregación, por un nuevo individuo: una persona capaz de combatir (en caso de los hombres) o engendrar (en el caso de las mujeres). En otras palabras, el individuo muerte en una edad y renace en otra con una nueva posición social.
Los mitos y rituales de ahorcamiento reflejan aquel fenómeno iniciático: las vírgenes de Arcadia renacen como nueces; el cuerpo de Aspalis en Tesalia reaparece como uno nuevo. En ambos casos, el cambio de estatus de la muchacha se simboliza con la muerte y la resurrección.
Remitiendo al mito de Erígone, el balanceo en un columpio no sólo era un juego apreciado por las mujeres: era un ritual. El columpio en Grecia simbolizaba el ahorcamiento. En los Tratados Hipocráticos se lee acerca de un tipo de epilepsia particular que atacaba a las Vírgenes y que estaba caracterizado por un efecto singular; las vírgenes atacadas tenían una desagradable e incontrolable tendencia a colgarse. Según el texto, este mal era causado por la abstinencia sexual, que en el caso de las vírgenes en cuestión se había llevado más allá del límite: rechazaban casarse: en cuando se casasen desaparecería su enfermedad.
Como se sabe estos ritos estaban destinados a hacer morir a una virgen para dar vida en su lugar a una mujer. Pues bien, durante la fiesta de Erígone las muchachas se balanceaban sobre un columbio, representando el ahorcamiento, la muerte simbólica relacionada a la esfera de la sexualidad femenina. A todo esto se le añade el hecho de que el podo de Erígone era “Aletis”, “la vagabunda”, que evoca a una persona separada del resto de la comunidad. El ritual iniciático involucra un periodo de segregación. El hecho de estar izada sobre un columpio, suspendida en el aire es un acto de segregación.
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Imagen: “ Las griegas del columpio” de Agapito López San Román, Museo del Prado.
















