Para la bienvenida al nuevo año, 2021, Joel no tenía demasiados ni muy importantes planes. De partida, no se encontraría con su familia, que habían decidido quedarse en Inglaterra por problemas leves de salud de uno de sus papás; y su novia no había podido, en sus palabras, hacer el viaje que prometió un mes antes. La razón inicial fue que surgieron inconvenientes que en ese minuto, al menos una semana antes, entre risitas se negó a darle. La esperanza de una visita sorpresa entonces nació, y con ansias esperó que el día llegara. La sorpresa no vino en forma de una visita, sin embargo; una simple llamada a las diez de la noche, hora y día que Ella encontró más ideal para tirar su bomba, o alimentada por el impulso teniendo en cuenta su poco deseo de recibir un saludo de año nuevo con prospección a un futuro que para ella ya no existía, bastó para que acabara de una vez por todas con aquella relación que no se alimentaba de más que esperanzas. Aquella noche, después de recibir el saludo de sus padres (que ya llevaban nueve horas en el nuevo año y que por lo tanto tenían todo el tiempo del mundo para escuchar sus penas) se durmió enjugado en sus lágrimas. Quisiera recordar ahora ese momento utilizando palabras para sus sentimientos como patético o tonto, pero en el fondo sabía que su relación tenía una fecha de expiración que se aproximaba y que él había decidido ignorar y no siente vergüenza por aquellas reacciones tan naturales ante la esperanza perdida y un corazón roto.