Ciclo de la vida parte 1.
Y después de la tormenta llega la calma dice el dicho…
Palabras que nos cuestan asimilar cuando estamos en tormenta, porque hay situaciones en las que preferimos ahogarnos con tal de aliviar el dolor, pero si resistimos y luchamos un poco sobrevivirémos a ese altercado, y confirmaremos que después de un tiempo efectivamente, llega la calma, nos hicimos más valientes, un poco más fuertes y preparados para afrontar la próxima, porque aprendemos que así es la vida, y sin obstáculos o cambios abruptos no tendría el mismo significado, el mismo sentido, o el mismo pícor.
Cláro que nos cuesta adaptarnos, hasta quien cree odiar su entorno, o piensa que otro lugar es mejor, cáe en la sorpresa de extrañar ciertas cosas, ciertas personas, costumbres, sabores, colores…
El entorno no cambia mucho lo que yace dentro de nosotros, pero sí nos ayuda a evolucionar, a vivír con más intensidad, a descubrir. Y quien explora más allá de su conformidad, conocerá más, y quien no se conforma con parar de aprender, inclúso de el mísmo vivirá más. Porque vivír es evolucionar y crecer, sino aprendes algo nuevo, sino no ayudas a tu prógimo, o aún si tú solo no te ayudas, eso es perecer en mente y espíritu.
Ahora bien puedo sentir que la dicha de sentirse vivo es la gratitud, y la plenitud, ante un Dios que nos ha prometido vida eterna, con gozo si tan solo creemos con fe y paciencia.
La desorientación en la cotidianidad es mucha, y en el mundo tenemos un afán tan grande por competición por ser mejor, por ser admirados y reconocidos, que se nos olvida la escencia de nuestra procedencia, y a donde terminaremos el fin de nuestra humanidad, y la vida próxima si no reaccionamos.
Yo opíno que en pleno siglo, y en pleno año nuestro mayor obstáculo es tener una venda por lo material, que en todo nos ha facilitado, pero a la vez nos destruye, porque nos ambiciona. Y es verdad que hay que vivir con propósitos, y núnca esta demás tener metas firmes y predefinidas, pero que no nos hagan olvidar la gratitud, y los más importante de la vida, guardar nuestro Corazón, el nuestro y de quienes nos importan.
Últimamente también he pensado mucho, que el saber no te hace más sabio, o mejor persona, porque no es quien conoce la verdad, sino quien la pone en práctica, quien reconoce que el actuar es lo más sensato e idónio ante los ojos de Dios.
El buen ejemplo es el que gobierna, como lo dice Jesús, quien predicaba la palabra, pero sobre todo actuaba bajo la voluntad del Padre, aunque para Él fuera doloroso, como cuando fue clavado en la cruz, a muerte siendo inocente, quién en su sano juicio humano muere, por salvar a personas malvadas, con odio y peor aún que te han escupído en la cara y rechazado.
No todos tenemos tanta buena voluntad, pero no será con nuestras fuerzas, más con su santo espíritu si.


















