Hello everyone! We are very excited to announce BayoJeanne Week 2026! You can find the dates and prompts below:
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for my final entry, i want to portray the beauty of love and innocence an “i’ve loved you since the very beginning” kind of love. a love that has existed since they were young
No he dormido nada, duermo como a las 5 am por esta maldita semana pero no me importa
Antes de empezar, Bayonetta y Jeanne primero tienen 8 años, después 16 y al final son completamente adultas!
Sin más, espero que disfruten la lectura! (Por favor, me desvele haciendo esto) 🦡✨
La luna está destruida, totalmente. Balder estaba muerto, no había razón para continuar peleando, todo había acabado. Cereza están sana y salva en su universo, ahora solo quedaban ella y Jeanne.
Después de tanto tiempo, volvió a recordar, ser ella se sentía raro, durmió por 500 años, olvidándose completamente de su primer amor, ya era esposa de Jeanne antes de ser encerrada. Sentirse amada era algo nuevo para ella, no sabía lo tanto que la extrañaba.
— ¿Qué tienes en la mente cereza? — Jeanne, aquí estaba ella. Estaban recostadas en alguna parte de la ciudad, sentía el césped húmedo contra su espalda mientras miraba la luna destruida, era un descanso después de la tormenta.
Lentamente cereza se dio la vuelta para mirar a Jeanne directo a los ojos, se vea tan calmada, tan relajada. Cereza suspiro, tenía tantas preguntas en su mente en ese instante pero no quería romper el silencio tan cómodo.
— Jeanne… — cereza guardo silencio unos segundos, como si estuviera pensando bien su pregunta — ¿Cómo me propusiste matrimonio?, yo… quisiera recordarlo pero… no puedo—
— Oh, bueno… Fue una promesa de niñas y todo ocurrió por una simple discusión…—
∘₊✧──────✧₊∘
La joven y pequeña Jeanne ya tenía su destino calculado, sería la heredera de las Brujas Umbra y guiaría a su clan. Aunque esto para Jeanne era tan agotador, había días donde realmente pensaba ¿Esto es lo que quiero en mi vida?, se sentía orgullo por pertenecer al clan pero para todos, ella era solo la arma más importante de su clan, sin amigas, sin socializar.
Bueno, hasta que se encontró a aquella dichosa niña, jamás había imaginado que alguna bruja se enamoraría de un sabio pero ella era una mezcla de ambos. Jeanne tenía la costumbre de escabullirse y salir del convento de brujas y entre alguna de sus salidas, se encontró con alguien que cambiaría su vida para siempre.
Un basto camino de árboles y maleza se miraba en aquel bosque. Atrás de un árbol se encontraba observando una pequeña niña de gran pelo negro con su peluche llamado Cheshire, era muy especial para nuestra querida cereza.
Tal vez fue porque Jeanne era una bruja umbra o porque cereza jamás había visto a alguien más a excepción a su madre que en el momento donde Jeanne la miró fijamente, comenzó a correr, como si estuviera escapando de un lugar donde no debía estar.
—Oye… ¡Espérame!— Jeanne comenzó a perseguir a aquella dichosa niña, aunque cereza era ágil, Jeanne no tardó en alcanzarla, por su entrenamiento umbra la obligó ser tan rápida en un campo así.
Como si se tratase de un gato, Jeanne saltó encima de aquella niña, haciendo que ambas giren en el suelo durante varios metros, hasta quedar frente a frente, Jeanne encima de la niña y cereza abajo de Jeanne.
—¿Tú de dónde vienes? ¿Quién eres? — aunque cereza intentaba responder, la personalidad de Jeanne es tan seria y dominante que decide quedarse callada por algunos segundos antes de contestar.
— Soy… Cereza…- su voz nerviosa se hizo presente, aunque, en realidad ni siquiera estaba poniéndole tanta atención a la niña de pelo blanco, más bien estaba buscando aquel dichoso peluche con su miraba.
— ¡y yo soy Jeanne! — La voz animada de Jeanne fue rara para cereza, ¿Porque no estaba siendo tan fría como pensó? Pero ella ya se había dado cuenta que cereza estaba buscando algo — ¿Estás buscando algo? Antes que corrieras como un gato asustado vi que tenías un lindo peluche —
Y entonces Jeanne se levanta para después estirarle la mano a cereza, ayudándola a levantarse e ir a buscar ambas su lindo peluche. Sin saber que desarrollarían un a preciosa historia.
El bosque parecía mucho más grande ahora que ambas caminaban entre la maleza buscando aquel peluche perdido. Jeanne apartaba ramas con facilidad mientras Cereza caminaba detrás de ella, todavía algo nerviosa por la energía tan intensa de aquella niña desconocida. A Jeanne le parecía increíblemente adorable, Además de ser la única niña que había interactuando de forma amistosa y no un maldito entrenamiento.
—¿Y cómo era tu peluche? — preguntó Jeanne mientras revisaba entre unas flores aplastadas y ramas secas.
—Es un gato… bueno, no realmente… se llama Cheshire — respondió Cereza en voz bajita y nerviosa, es la única persona igual de su misma edad que conversaba sin que la llamaran “Bicho raro”
—¿Le pusiste nombre? — Jeanne giró apenas el rostro, sorprendida, ella jamás había tenido algún peluche o algo así, tampoco recordaba a su madre, ella la había dejado ahí desde que nació, prácticamente fue criada por las demás brujas.
Cereza asintió lentamente.
—Mamá dice que no debo dejarlo solo porque me protege —
Eso hizo que Jeanne soltara una pequeña risa. No una burla, sino una risa suave y genuina que incluso sorprendió a la propia Jeanne. Hacía mucho que no hablaba con alguien…mucho menos con alguien tan extraña.
—Entonces debemos encontrarlo antes de que falle en su trabajo —
Las palabras hicieron que Cereza sonriera apenas.
Después de unos minutos, Jeanne se detuvo de golpe al notar algo colgando entre unas raíces.
—¡Ahí está!, te aseguro que entre nuestra caída salió volando y justo cayó ahí— Corrió hacia el pequeño peluche cubierto de hojas y tierra. Lo levantó triunfante antes de acercarse a Cereza y extenderlo hacia ella.
Los ojos de Cereza brillaron de inmediato, como si le hubieran regresado algo muchísimo más importante que un simple juguete.
—Cheshire… — lo abrazó con fuerza contra su pecho.
Jeanne observó aquella escena en silencio. Era raro. Muy raro. En el convento todo era disciplina, perfección y entrenamiento… pero esa niña parecía vivir en un mundo completamente distinto. Uno más cálido. Jamás se imaginó estar feliz por cosas tan simples e inclusive cuando ambas estaban llenas de barro y tierra por su caída.
—Eres rara — soltó Jeanne sin pensar.
Cereza abrió los ojos, confundida.
—¿Eh…?—
—No lo digo mal — Jeanne cruzó los brazos rápidamente —. Solo… nunca había visto a alguien sonreír tanto por un peluche —
Cereza bajó la mirada a Cheshire antes de responder.
—Nunca había tenido amigos… así que él siempre estaba conmigo. Además mi madre me lo regaló, casi nunca la veo…-
Aquellas palabras golpearon raro a Jeanne.
Porque ella tampoco tenía amigos. Y se hacía la pregunta “¿Ella es hija de la traidora?” Para ella, esto es tan doloroso, solamente decidió amar a alguien antes de condenarse a vivir sola para siempre. Al final, el destino fue el mismo.
El viento movió las hojas de los árboles y, por un instante, ambas niñas simplemente se quedaron mirándose. Como si entendieran algo sin necesidad de decirlo.
Hasta que Jeanne habló otra vez.
—Entonces… puedo ser tu amiga —
Cereza abrió los ojos de golpe.
—¿A-amiga…? —
—Sí, bueno… si quieres — Jeanne desvió la mirada con orgullo fingido —. Pero no te emociones demasiado —
Y por primera vez en muchísimo tiempo, Cereza soltó una pequeña risa, sin que Jeanne tuviera tiempo para reaccionar, los brazos de cereza rodearon su cuerpo. Es el primer abrazo que había tenido después de tanto tiempo, aunque quería quitarse, el calor tan cálido la hacía sentir tan cómoda, así que decidió por primera vez, ceder a sus emociones.
∘₊✧──────✧₊∘
Ya hace tiempo que Jeanne y cereza eran mejores amigas. Con más frecuencia Jeanne escapa del convento de las brujas para ir a visitar a cereza, se divertía tanto con ella que le encantaba.
Aunque para nuestra Jeanne esto se había transformado en algo más romántico, cereza siempre era tan divertida y especial que siempre la hacía sonreír, cereza ES alguien especial para ELLA y su vida.
Jeanne jamás imaginó que alguien pudiera cambiar tanto su rutina.
Antes de conocer a Cereza, sus días eran exactamente iguales. Despertar, entrenar, estudiar antiguos rituales, soportar la presión de convertirse en la próxima líder Umbra… y dormir agotada para repetir todo otra vez al día siguiente.
Pero ahora, cada tarde tenía algo que esperar.
El simple pensamiento de escabullirse del convento hacía que el corazón le latiera rápido de emoción. Saltar muros, perderse entre el bosque y finalmente encontrar aquella pequeña Cereza siempre la esperaba con una sonrisa enorme se había convertido en la mejor parte de sus días, como si la necesitara para respirar.
—¡Jeanne! — la voz alegre de Cereza siempre resonaba antes de correr hacia ella.
Y Jeanne fingía mantenerse seria.
—No grites tanto, podrían escucharte y detestaría que nos separaran — Aunque por dentro se sentía feliz de verla.
Con el tiempo, ambas comenzaron a compartir pequeños momentos que Jeanne guardaba como tesoros. Acostarse sobre el césped mirando las nubes, competir para ver quién escalaba más alto los árboles o escuchar a Cereza inventar historias absurdas sobre animales mágicos escondidos en el bosque.
Jeanne incluso comenzó a reír más.
Mucho más.
Algo que las demás brujas empezaron a notar.
—Últimamente sonríes demasiado — comentó una de las instructoras una mañana.
Jeanne inmediatamente volvió a su expresión seria.
—Está imaginando cosas tontas —
La bruja umbra solo alzó la ceja y continuó con su entrenamiento.
Pero era mentira.
Porque cada vez que pensaba en Cereza, una sensación cálida le invadía el pecho.
Y eso comenzó a asustarla un poco.
No porque cereza fuera mala o no le gustara, solo que ella es la heredera del ojo izquierdo y no debería tener distracciones, tampoco sentir algo de cariño, mucho menos por la hija de la “traidora” inclusive ya había visto a la madre de ella, Dios ellas no merecían ese destino.
Una tarde, ambas descansaban sobre una rama enorme después de pasar horas jugando. Cereza hablaba sin parar mientras abrazaba a Cheshire, completamente relajada cerca de Jeanne. Inclusive con 15 años, aún seguía con su Cheshire. Era tan adorable.
—Y entonces el conejo cayó al río porque quiso pelear con un cuervo… aunque tal vez era un pato… no recuerdo bien—
Jeanne apenas escuchaba la historia.
En realidad, estaba observándola.
La forma en que el viento movía el cabello negro de Cereza… la manera en que sus ojos brillaban cuando hablaba… incluso sus pequeñas expresiones cuando se emocionaba.
Todo en ella le parecía hermoso.
Demasiado hermoso.
—¿Jeanne? — Cereza inclinó un poco la cabeza — ¿Por qué me miras tanto? —
Eso hizo que Jeanne reaccionara de golpe.
—¡No te estaba mirando!
—Sí lo estabas.
—No lo hacía.
—Sí —Jeanne apartó el rostro inmediatamente, sintiendo sus mejillas calientes.
Y Cereza soltó una pequeña risita.
Aquello solo empeoró el nerviosismo de Jeanne.
Porque comenzaba a entender algo peligroso.
Ella ya no quería ver a Cereza solamente como su amiga.
Quería quedarse a su lado para siempre.
—¿Alguna vez has sentido amor? — Jeanne casi dio un salto del susto. Sus ojos se abrieron apenas y rápidamente desvió la mirada, sintiendo un calor horrible subirle al rostro.
¿La había descubierto?
¿Acaso era tan obvio todo lo que sentía?
—J-Jamás… — respondió rápido. Cereza la observó en silencio, abrazando sus piernas contra el pecho mientras Cheshire descansaba a su lado.
—Oh… — La culpa golpeó raro a Jeanne al escucharla sonar un poco decepcionada.
—¿Por qué preguntas eso de repente? — intentó mantener la compostura.
Cereza tardó unos segundos en responder.
—Porque creo que yo sí siento amor — El pecho de Jeanne dio un vuelco tan fuerte que casi dolió.
Sus dedos se tensaron sobre el césped y su voz se puso nerviosa.
—¿P-or qué…?
—Porque mamá siempre habla del amor como algo importante — respondió con inocencia —Dice que cuando amas a alguien quieres protegerlo y estar a su lado todo el tiempo— Cada palabra hacía que Jeanne se pusiera más nerviosa. Porque eso era exactamente lo que sentía.
—Yo amo a mi madre… — continuó Cereza lentamente — pero contigo es distinto —
Jeanne sintió sus mejillas arder.
—Tú haces que me sienta feliz incluso cuando estoy triste… y siempre quiero que vengas a verme otra vez — Cereza giró apenas el rostro hacia ella, dedicándole una sonrisa pequeña y sincera.
—Creo que te amo muchísimo, Jeanne y podrías ser la madre de Cheshire ¡Seríamos como una familia! — Aquello terminó de destruir toda la compostura de la futura heredera Umbra.
Jeanne desvió la mirada rápidamente, intentando ignorar la forma tan violenta en que su corazón golpeaba contra su pecho.
—N-no puedes decir esas cosas tan fácilmente…—
—¿Por qué no? —
—¡Porque… porque no es algo simple!— Cereza inclinó la cabeza confundida.
—Pero es verdad — Y eso era lo peor.
Porque Cereza lo decía con una honestidad tan pura que Jeanne no sabía cómo defenderse de ello.
Durante unos segundos ninguna habló.
Hasta que, muy despacio, Jeanne apretó un poco la tela de su propia ropa antes de murmurar:
—Yo tampoco entiendo mucho el amor…— Cereza la observó atentamente.
—Pero cuando estoy contigo… siento que puedo respirar mejor — Los ojos de Cereza se abrieron apenas.
Jeanne jamás hablaba tan honestamente.
—Y cuando no puedo venir a verte… te extraño demasiado — continuó Jeanne en voz baja —. Así que supongo… que quizá yo también…— Las palabras murieron en su garganta por pura vergüenza. Pero Cereza ya estaba sonriendo.
Una sonrisa cálida, feliz y completamente enamorada.
Y entonces, por primera vez, Cereza tomó suavemente la mano de Jeanne.
Jeanne se tensó al instante… aunque no la apartó.
Al contrario.
Terminó sujetando su mano de regreso.
Con un ligero toque de manos, entendieron todo, no necesitaban palabras para saber lo que en silencio, ambas ya sabían.
∘₊✧──────✧₊∘
La noche estaba absurdamente tranquila.
El sonido de los insectos, el viento moviendo apenas la hierba y el calor del cuerpo de Cereza contra el suyo hacían que Jeanne sintiera el pecho demasiado apretado. No importaba cuánto tiempo llevaran juntas, seguía sintiéndose vulnerable cada vez que Cereza la miraba de esa manera tan suave.
Y eso solo empeoraba cuando hablaban del Ojo Izquierdo.
Jeanne permaneció en silencio unos segundos más, evitando mirarla directamente. Su orgullo Umbra odiaba admitirlo, pero en el fondo estaba convencida de algo:
Cereza había superado todo lo que ella alguna vez fue.
Más fuerte.
Más decidida.
Más especial.
— ¿Qué te perturba linda? — El cuerpo de cereza estaba completamente desnudo con varios rasguños en su brazos y espalda, gracias a ella. A pesar que llevan años siendo pareja, Jeanne seguía sonrojándose cada vez que la veía desnuda, su cuerpo perfecto, las cicatrices de rasguños que ella misma provoca.
—Tú mereces ser la sucesora del Ojo Izquierdo… — murmuró finalmente —. Hay que admitir que eres más fuerte que yo y me has superado de todas las formas posibles que te he enseñado —
Cereza no respondió de inmediato.
Simplemente se acercó lentamente hasta envolver a Jeanne entre sus brazos, acomodándola contra su pecho como si quisiera protegerla del mundo entero. Jeanne sintió cómo su corazón se aceleraba al instante.
Porque Cereza siempre hacía eso.
Convertía sus inseguridades en algo pequeño o se volvían inexistentes, muchas veces se sentía insegura con su cuerpo, después de todo era muy delgada y plana, no era como ella. Alta, fuerte, pecho grande, caderas, muchas cosas que ella no tenía y cada vez que lo mencionaba comenzaba a adorarla como si fuera alguien tan especial, perfecta y hermosa.
El silencio entre ambas no era incómodo. De hecho, era cálido.
Jeanne escuchaba la respiración tranquila de Cereza mientras las estrellas iluminaban apenas el claro del bosque. Y entonces sintió la mano de Cereza deslizarse por su cabello blanco con cuidado, aunque su pelo era un punto débil y sus acaricias también.
—¿Sabes qué pienso? — habló finalmente Cereza en voz baja y calmada.
—¿Qué cosa…?—
—Que siempre intentas cargar todo tú sola— Jeanne cerró apenas los ojos.
—Soy la heredera Umbra. Es mi deber admitir cuando alguien es más fuerte que yo —
—No, Jeanne — Cereza sonrió apenas —. Ese es el problema. Siempre hablas de deberes… nunca de lo que quieres, siempre es el mismo tema “Heredera del ojo izquierdo” — Eso golpeó directamente su pecho. Porque Jeanne ni siquiera sabía responder esa pregunta.
¿Qué quería realmente?
El clan.
El deber.
La responsabilidad.
Toda su vida giraba alrededor de eso.
Pero entonces Cereza levantó apenas el rostro de Jeanne para obligarla a mirarla.
—Yo no quiero ser más importante que tú o tener un título — La voz de Cereza era tranquila, sincera y relajada.
—Quiero estar a tu lado. Eso es diferente. Mi madre también era heredera y también se enamoro. Sé que soy fuerte y más que tú pero te prefiero a ti y no un maldito clan que lo primero que hizo al yo nacer es abandonarme — Jeanne sintió un nudo horrible en la garganta.
Y antes de que pudiera responder algo orgulloso o frío para ocultar lo que sentía, Cereza soltó una pequeña risa.
—Además, eres demasiado hermosa cuando te preocupas. Aunque pongas esa cara de bruja aterradora. Cuando era niña me asustaste con esa cara seria que tenías —
—¿Bruja aterradora…? — Jeanne finalmente soltó una risa incrédula. Jamás había pensado eso, solo intentaba ser fuerte.
—Mhm. Das miedo a veces. Siento que otras brujas te miran con miedo también —
—Te entrené demasiado bien si aún sigues respondiéndome así —
—Y aun así sigues perdiendo discusiones conmigo gatita —
Eso hizo que Jeanne terminara escondiendo el rostro contra ella, derrotada.
Y mientras ambas seguían acostadas bajo las estrellas, Jeanne entendió algo que jamás aprendió en el convento Umbra:
El amor no era una lucha por ser más fuerte que la otra.
Era encontrar a alguien capaz de sostenerte incluso cuando tú misma dudas de quién eres.
— Está bien, iré al convento y lucharé contra ti para demostrar que soy más fuerte que tú — Eso le sorprendió mucho a Jeanne, pensaba que jamás iba a aceptar eso pero ¿Lo acaba de decidir? Eso es algo raro…
— Pero eso no significa que soy más fuerte que tú — una mano de cereza acarició la mejilla de Jeanne para obligarla a mirarla fijamente — Para mí tú eres más fuerte, me enseñaste todo lo que se, me enseñaste quererte y lo que significa ser amada —
Antes que Jeanne pudiera hablar, cereza negó con la cabeza y continuó
— Con la condición de que te cases conmigo —
En ese momento Jeanne se levantó lo más rápido posible, su cuerpo desnudo se hizo visible y pegó un grito tan fuerte que los propios pájaros que estaban descansando en la noche, salieron volando.
—¿¡QUÉ?!—
∘₊✧──────✧₊∘
— y así me pediste matrimonio —
La risa juguetona de cereza se hizo presente.
— y si cumplí mi promesa, gatita —
Con eso, cereza se acercó a Jeanne para darle besos suaves en su cara, para ella, siempre seguirá siendo la más fuerte de todo el planeta y la más linda.