Kore vuelve al Castillo
@c-vlad
La semana siguiente del incidente Kore trató de disfrutar sus vacaciones, y sin duda mientras estaba despierta lo hacía, su rutina era muy sencilla, se levantaba temprano, caminaba en los campos cercanos a la ciudad, volvía para tomar una ducha y desayunar algo en el restaurante del hotel, luego, tomaba su bolso, su sombrero, los lentes de sol y partía para cualquier lado, a veces compraba un boleto de tren o a veces rentaba una bicicleta, pues así como podía terminar el día en la misma ciudad, podía terminarlo en otra provincia, a las 6 o 7 se acercaba a una cafetería para apuntar en su libreta de viaje todo lo que había visto, dejaba los espacios necesarios para poder anexar las fotografías que imprimiría al día siguiente, acto seguido cenaba o bebía una copa de vino y volvía a su habitación para "descansar".
Ahí era dónde comenzaba el terror.
La primer noche, antes de volver a su hotel, los paramédicos le tomaron signos vitales y revisaron que todo estuviera en orden, ella les dejo saber que sentía un fuerte dolor en las piernas y asumía que era a causa del golpe al caer al desmayarse, efectivamente tenía grandes moretones en los muslos, los paramédicos solo le recomendaron una pomada antinflamatoria y reposo, al día siguiente una matrona del mercado le dio un ungüento de hierbas, que para ser honestos, servía mucho mejor y aliviaba sus dolores, le recomendaba ponérsela antes de dormir, luego de darse un baño para que el agua caliente relajara sus músculos, y también que rezará un rosario. Y ella así lo hacía, salvo la parte de rezar, al inicio se sentía muy relajada y se iba tranquila a la cama...
Pero comenzaron los sueños y pesadillas, hasta la noche anterior, eran tres los sueños que se le presentaban, a veces en el mismo orden, a veces revueltos, pero siempre esos. El primero de ellos, el Conde tomando a Elisabeta para bailar en la misma sala donde hoy solo se encontraba su retrato, el segundo, de la noche del recorrido cuando lo encontró, y el tercero y menos agradable, Elisabeta arrojándose de la torre más alta del castillo con una carta en la mano, carta que anunciaba la muerte de su esposo a manos de la guerra. Generalmente despertaba de sobresalto con este último, o a veces la sensación de que alguien le respiraba en el cuello era la que la despertaba, así que en 7 noches no había podido dormir bien ni una sola ocasión.
Era el octavo día cuándo harta por la falta del sueño rentó una bicicleta y tomó camino a la provincia donde se encontraba el castillo, era un día en que las excursiones no subían y los guardias descansaban, por las leyendas, igual nadie se acercaba, así que nadie podía detenerla, a medio camino por la carretera empezó a llorar, el llanto le duró hasta entrar al castillo, su llanto desconsolado, como el de un bebé que se encuentra hambriento.
¡Conde! -gritó entre el llanto, en la sala principal del lugar- ¡Conde, necesito respuestas!









