Cuando recibió la llamada se quedó en shock, ni si quiera atinó a colgar el teléfono antes de salir disparado por la puerta. Niall condujo su motocicleta, sin respetar ni un semáforo, hasta la comisaría que le había anunciado la peor de las tragedias. Estacionó y se bajó para atravesar la puerta del establecimiento, el corazón aún latiendole a mil. Y entonces la vio, supo que a ella también le habían contado las terribles noticias acerca de sus mejores amigos. Por primera vez, el castaño no hizo ningún comentario grosero, ninguna broma subida de tono, simplemente arrastro los pies hasta ella y se sentó a su lado. “No puedo creerlo” soltó. No lo entendía hace tan solo unos días estaban riéndose, y compartiendo un almuerzo, y ahora la vida les pintaba una realidad mucho más triste.