Zenobia Jakov es una seleccionada que actualmente reside en el palacio ubicado en Angeles. Nació hace 20 años en la provincia de Denbeigh Es de casta siete y los habitantes de la nación dicen que guarda cierto parecido con Adelaide Kane.
► Altura: 1,63 m ► Peso: 68 k ► Color de cabello: castaño oscuro. ► Color de ojos: marrones claros.
► Fecha de nacimiento:
25 de octubre.
► Idiomas que domina:
Entornó su miraba, cual quisiera descubrir si su pregunta se trataba de un chiste o algo serio. — Éste. El mío, es decir, el ingles… ¿Natal se dice? Bueno, como sea. Éste. —Finalizó dibujando una sonrisa infantil en sus fauces.
► Habilidades especiales:
Cocinar. —¿Y qué más iba a decir? Sus habilidades especiales eran sumamente excusas, toda su vida había vivido para criar a sus hermanos pequeños y controlar que su gemela no hiciese alguna maldad de la que luego toda la familia tuviese que pegar. Acomodó su pelo, queriendo atarlo como una especia de cola de caballo. — También sé peinar, maquillar, sé leer…—Se perdió en un punto en la pared, una mancha le resultó mucho más interesante que aquella entrevista. ¿Cuánto había pasado? Rió con histeria negando un poquito para ocultar su tan notoria traspié. —Eh. Y soy super-duper puntual. —Imitó a su hermano pequeño, quién pecaba de usar su propio diccionario e esperaba que el mundo lo entendiese.
► Historia:
¿Sobre su vida? ¡Oh, qué pregunta! Recostó su cuerpo sobre el respaldo de la silla al unisonó de un suspiro dramático, de esos típicos de almas soñadoras. — Oh… Eh. Bueno. Yo… Hum. —Divagó, arrastrando monosílabas porque aún la historia en su mente no se encontraba concluida. Resopló, inflando sus cachetes y mostrándose un tanto fastidiada por su carencia de palabras, volvió la vista al frente ladeó su cabeza. — Eh. Bueno, yo nací en Denbeigh, mi madre murió en un accidente en su trabajo, ella trabaja en un camión de basura… No sé cómo sucedió pero murió luego del cumpleaños número dos de mi hermano pequeño. Tengo tres hermanos pequeños, por cierto (uno de siete, uno de diez y el más grande de doce). También tengo una gemela, pero con mi padre le decimos que esta maldita, siempre le suceden cosas malas o hace mal las cosas. —Divagó, tentada por el recuerdo. —En fin, con mi hermana somos las mayores y sólo una podía ir al colegio, así que decidimos que fuese ella mientras que con mi papá nos encargábamos de los nenes y la casa, ella luego de la da clases en sus habitaciones. Es como tener una profesora en casa. Según sé ahora están todos en segundo años de preescolar. —Podía sentir aquella mirada juzgadora, las mentes maquinan cualquier barbaridad sobre su persona. Estaba tan acostumbrada que ni se inmutó. —Pero de todos modos, me sirvió ¿sabe? Ahora sé que el día que tenga un hijo no tengo que gritarle ni golpearle, sólo debo hablarle y hacerle entender que cosas están bien y cuales no. —Le dijo, enfatizando su última habladuría para darle más seguridad a toda su cháchara. Hizo una pausa, una vez más la mancha de por allí capturó su atención. — Eh… ¿Qué? Ah, sí. Un día normal en mí vida se basa en despertarme, hacer las camas, ducharme, despertar a los nenes, hacer el desayuno, salir a fuera a saludar a Nancy (mi vecina) darle de comer a Teo, mi perrito de cinco meses —Por supuesto, ahora sería más de su hermano menor que de ella. — Jugar con los nenes y…—Bajó la vista hacía la mesa un silencio prolongado se creó por su cuenta, su mano sólo acariciaban el roble de la mesa desesperada por moverse y ayudar a su cuerpo a levantarse. A veces le costaba tanto formular palabras coherentes, fluidas, una oración con sentido a diferencia de su hermana, quién tenía el don del fácil habla. En esos momentos era cuando la envidiava, cuando realmente deseaba ser su otra mitad. Alzó la vista.— Sólo quiero entrar a la selección porque creo ser capaz de hacer de Illéa un poco mejor, prefiero siquiera intentarlo antes que irme sabiendo que no hice nada. —Admitió honesta, pese a que la verdadera razón se basaba en molestar a su hermana, demostrando que era capaz de formar parte de algo grande. — No sé. Soy una persona normal de casta siete. ¿Ya terminamos?
► Personalidad:
Recordó a su padre decir que era una de las personas más competitivas que existía, luego suavizar aquello con la palabra “pasional” y rió. —Creo que competitiva y pasional. —Meditó con sus orbes en el techo durante varios segundos. — Impulsiva, quizá… Directa. —Pensó un poco más. — Mi hermana dice que a veces suelo ser ¿cruel? —Pero en cuento lo mencionó se arrepintió, por más que sabía que era cierto. —Pero no soy cruel, cruel, sólo tengo carácter. —Se defendió, tal la hubiesen atacado. — También soy algo despistada, pero también bastante calculadora. —Se contradijo en menos de un momento, sin fundamentos validos. Entonces rió. — Bueno, puede que contradictoria también, ansiosa e inquieta. —Confesó, como no queriendo. Luego entornó su mirada.— A veces puede que sea un poco manipulativa, pero es por bien de los demás. —Continuó excusándose, pese a que el ataque venia por su cuenta. —También soy un poquito negativa y algo inmadura, pero no es nada que me ponga en un lugar inferior al resto.— Despreocupada, expresó. Finalmente sonrió, pudo seguir agregando cosas pero prefirió dejarlo así, entraría a la selección y si lo hacía seguramente sería con sus buenos y malos aspectos. — ¡Ah! Me olvidaba, soy muy enamoradiza, extremista e intuitiva.
► Datos extra:
— Odio el té, el café y cualquier bebida caliente. Yo sólo consumo yogurt y agua.
— Suelo comer mucho, aunque ahora estoy adieta desde mis diecisiete años, porque cuando era adolescente era obesa. Ahora no… bueno, no tanto.
— Suelo enfermarme muy seguido, mi hermana dice que son enfermedades psicológicas atraídas por mi inseguridad y miedo, pero es mentira. Mi cuerpo es débil.
— Le tengo pánico a las alturas.
— ¡Ah, y coso! Mi mamá cuando era joven quería ser seleccionada, pero había conocido a mi papá y con mi hermana le destruimos ese sueño.
Usuario: Criollita.

















