Zea Rivage Fernsby es una guardia que actualmente reside en el palacio ubicado en Angeles. Nació hace 25 años en la provincia de Paloma. Es de casta 2 y los habitantes de la nación dicen que guarda cierto parecido con Lindsey Morgan.
► Fecha de nacimiento:
12 de septiembre.
► Aporte que hará al palacio:
Érase una vez una jovencita con sueños e ilusiones latentes que se vieron destrozados cuando el destino le mostró lo que tenía preparado para ella. Su luz se fundió y el objetivo de su vida cambió radicalmente. Se dice que si permaneces inmóvil y observándola fijamente, podrás captar atisbos de lo que fue en su vida pasada.
SEIS AÑOS ATRÁS:
Sus intensas orbes recorrieron cada uno de los detalles que decoraban aquella habitación que le brindaba la seguridad necesaria, la calidez esperada para pasearse por alrededor y tomar asiento en el sofá de cuero que inmediatamente se adhirió a ella como una segunda piel. Vislumbró movimiento en los labios ajenos, pero no captó ningún sonido proveniente de los mismos. Inmediatamente se percató de que una de las tantas cuestiones para la que había sido preparada se encontraba a la espera de una respuesta. Zea pestañeó y se tomó el tiempo necesario para saborear esas palabras que cosquilleaban en la punta de su lengua. La muchachita siempre había deseado realizar actividades que influyeran en la vida de terceros, hacer cosas que marcaran un gran cambio gracias a ella. Y, sentada en donde se encontraba, se sentía con las manos tocando al cielo. “Seguridad, fuerza, protección, lealtad” — recitó cada una de las palabras que habían dado vueltas dentro de su cabeza por tanto tiempo. Respuesta de novato, claro estaba. Para aquellas alturas Zea no era consciente de lo que era un sacrificio personal, no se había enfrentando a ninguna pérdida mayor a una mascota que haya pasado a mejor vida por la edad.
UN AÑO ATRÁS:
La luz tenue iluminando la habitación ocasionó que los gruesos párpados de Fernsby formaran un escudo protector sobre sus ojos, esperando el tiempo necesario para responder a aquella innecesaria cuestión que se le antojó la más absurda de todas. El contrario carraspeando la garganta ocasionó que Zea regresara a la cruel realidad, acomodándose sobre su asiento y aferrándose a los brazos del sofá con una necesidad bastante peculiar. Aspiró una gran bocanada de aire y permitió que su mirada viajara al lente de la cámara, recordando solo así que dicho acontecimiento estaba siendo guardado para la prosperidad. Debía tener el control de la situación si deseaba recuperar su puesto anterior. “¿Sabes?” — comenzó, la voz sintiéndose tan desconocida tanto para ella como para el contrario. “Muchos dirían cualquier cosa que suene bien y que les otorgue una buena imagen, pero ninguno de ellos ha pasado por tantas experiencias como las que he experimentado yo a lo largo de mis seis años de servicio. No solo es cuestión de decir que estás dispuesto a brindar seguridad y protección; deber estar dispuesto a hacerlo. Hay sacrificios personales y pérdidas para las que nadie está nunca preparado” — una pausa y las manecillas del reloj sonando desde algún rincón. “Experiencia es lo que estoy dispuesta a aportar” —.
► Cuéntenos un poco sobre su vida:
SEIS AÑOS ATRÁS:
Lo había repasado una y otra vez unos meses antes de cumplir dieciocho años. Todas las noches antes de dormir repetía mentalmente cada uno de los acontecimientos más relevantes ocurridos a lo largo de su vida. En total existían cinco puntos que le gustaría dejar en claro, así que para empezar elevó el índice de la diestra. “Mi madre era una cantante de regadera. Lo digo de esa forma porque nunca en su vida pensó en hacerlo algo oficial o llevarlo más allá de un simple pasatiempo. Cuando cumplió la mayoría de edad comenzó a trabajar en un bar que una familia de apellido importante había fundado meses atrás, así que el lugar no era muy concurrido que digamos. Cantaba todos los viernes por la noche y siempre (no lo digo por exagerar) asistía este sujeto extraño que parecía tener intenciones de comerla con la mirada. Claramente no fue amor a primera vista ni mucho menos, pero comenzaron a seguir una rutina que inevitablemente los llevó a conocerse más a fondo” — un suspiro apenas perceptible escapó de entre sus labios, Zea permitiéndose un efímero instante para pensar en lo maravillosa que era la vida, en las sorpresas que la misma otorgaba de vez en cuando. “Tengo dos hermanas: la mayor se llama Zena y la menor responde por el nombre de Zonia. Eso me deja a mi como la del medio” — explicó, encogiendo los hombros con la clara intención de restarle importancia a sus propias palabras. “El transcurso de nuestras vidas ha sido tan normal, casi llegando a lo aburrido. Mi padre es bombero y en muy pocas ocasiones tiene tanta acción como a la que a mí me gustaría tener. Es decir, las cosas en Paloma son sumamente tranquilas, muy diferente a como era muchísimos años atrás, antes de las guerras” — divagó, perdiéndose totalmente en la conversación. “Siempre he tenido deseos de trabajar en el palacio, de proteger a las personas y de dar una parte de mí misma para hacer una diferencia, por más mínima que ésta sea” —.
UN AÑO ATRÁS:
Una sonrisa carente de toda gracia se apoderó de sus labios, su expresión cansina extendiéndose a lo largo de sus facciones. Había tardado seis meses en recuperarse tanto física como mentalmente hablando, y otro medio año había sido usado para volver a estar en forma y para informarse de todo lo ocurrido a lo largo de su ausencia. Cualquier cosa que tuviera la intención de decir se le antojaba poco importante, por lo que comenzó diciendo un: “Soy Zea Fernsby, nací en Paloma hace veinticinco años y durante seis de ellos trabajé en palacio” — era lo que se repetía una y otra vez para volverse a aferrar a esos mínimos detalles que todavía le daban sentido a su vida. No lloraba, no sufría, pues consciente era de que otras personas la pasaban peor que ella, pero el dolor estaba presente, el vacío en su interior se hacía mucho más grande con el pasar de los meses. “Sufrí un accidente en uno de los ataques desarrollados el año pasado que me dejó en malas condiciones como para seguir desempeñando mi trabajo como era debido” — no había sido un accidente y bien lo sabía. Le habían disparado en una zona que le arrebató cualquier posibilidad de decidir con voz propia. “Luego de mi larga recuperación he decidido regresar con la intención de ocupar una vez más un lugar en las filas de la guardia real” — se lo habían prometido mil veces: si lograba volver a tener el control de sí misma, si lograba acallar esos pensamientos, entonces regresaría. Y así lo hizo, en parte.
► ¿Cómo describiría su personalidad? :
SEIS AÑOS ATRÁS:
Tenía bien presente que nunca, bajo ninguna circunstancia, el ser humano debía describirse con ningún rasgo negativo, pese a que los tuviera. Zea optó por añadir unas cuantas características que pudieran ayudarles a tratar con ella como era debido. “Soy muy decidida. Cuando me fijo una meta, no existe nada que me haga detenerme” — admitió, mordisqueando el interior de su labio inferior y obligando a que el mar salvaje de pensamientos se detuviera en un punto lo suficientemente bueno como para que los hilos coherentes estuvieran al alcance de su mano en caso de que necesitara tomarlos. “Independiente” — recalcó, alzando las cejas con cierta gracia. “Y muy realista” — asintió con firmeza, esperando obtener el efecto deseado.
UN AÑO ATRÁS:
Sus dedos bailando sobre el brazo del sofá ocasionó que la mirada ansiosa del entrevistador se enfocara en ella por más tiempo del esperado, Zea pestañeando un par de veces y tomando una gran bocanada de aire. Sabía que aquella cuestión era más una trampa que nada, pues realmente no se tomaba en cuenta. Acarició su mentón con delicadeza y un: “Depende de la situación” — escapó de entre sus labios cual resumen de su forma de ser. No hacía falta añadir más, porque debían conformarse con que cumpliera con los requisitos exigidos para ingresar. Compleja, sí, el término que quizá se le acercaba lo suficiente.
► Datos extra:
Soy creyente del destino, karma y todas las cosas relacionadas con lo ya mencionado. Sin embargo, considero que si tarda demasiado en actuar o en mostrarse, es señal de que debemos actuar por cuenta propia.
No me gustan los lugares demasiado encerrados, así que siempre voy a preferir las áreas abiertas y cualquier zona en la que pueda respirar aire fresco.
Me es muy fácil adaptarme a los varios cambios a los que podemos enfrentarnos, por lo que nunca se me presenta ningún tipo de problema cuando algo de esto se cruza en mi vida.
Que las cosas se hagan en el momento y de la forma en que deben ser hechas me deja una satisfacción inexplicable.
Tengo problemas para conciliar el sueño y existen ocasiones en las que no logro dormir absolutamente nada. Hago turnos dobles por ese motivo.
Usuario: Reptar.












