La compra de canastas era de esas tradiciones a la que le gustaba asistir más por nostalgia que por genuina diversión, y de alguna forma el aspecto de donación siempre queda opacado por la competitividad y el comportamiento, quizá no reprochable, pero sí cuestionable, de cualquier forma, Eden pone una sonrisa en su sonrisa en su rostro, hasta que los hoyuelos aparecen en sus mejillas, cuando con la mirada detecta a la mujer que ha adquirido su cesto — señorita, King— echa a manera de saludo, mientras se acerca — no podría pensar en mejor comprador para mi canasta—. @xkingj














