estaba más que satisfecha con su compra, por supuesto, porque había comprado la misma canasta que ella había donado para la subasta. principalmente, porque era fanática del desayuno americano, pero sobretodo porque no tenía que compartir con nadie más. llegó temprano para elegir un buen lugar, apartado del resto, y organizó todo el contenido de la cesta sobre la mesa. estaba lista para tener el que probablemente sería el mejor desayuno de su vida. eso fue, hasta que alguien llegó a perturbar su paz, justo cuando estaba dándole el primer sorbo a su café. —no, no estoy esperando a nadie. creo que te equivocaste de mesa. —estaba un poco irritada, parecía que el propósito de haberse sentado lejos de los demás estaba perdido. —si me disculpas, tengo un gran banquete con el cuál terminar. —dicho esto, dio otro sorbo a su café y enseguida se hizo de sus cubiertos, dispuesta a comenzar con su desayuno.
—vaya, sí que sabes cortarle las esperanzas a las personas, ¿no es cierto?, ¿qué tal si solo quería pasar un rato contigo, disfrutando de tu compañía?— Eden le dirige una sonrisa suspicaz a la menor, quizá demasiado acostumbrada al mal genio luego de trabajar en servicio durante tantos años —aunque, por supuesto, no soy nadie para negarte tu soledad— entonces se inclina para tomar su pañuelo que el viendo ha atorada en la pata de la mesa de picnic, el verdadero motivo por el que se encuentra ahí.














