Sentado sobre uno de los bancos y deslizando el cigarrillo entre el índice y el corazón, aguardaba por la que era su cita. ¿O era mejor no tomarse las libertades de llamarlo de esa manera? Ellos dos solos, compartiendo parte de su tiempo en compañía del otro. ¿Podía considerarse así? De la manera que fuera, la noche anterior apenas había descansado pensando en los lugares a los que llevar a Cordelia y que además, fueran de su interés. Lo complicado de ellos dos, era que aún viéndose a menudo apenas conocían el uno del otro. Ese día era una perfecta oportunidad para cambiar eso, y Keifer no podía sentir más ganas por conocer más allá de lo que la chica mostraba en sus jornadas usuales.
Admiraba el paisaje de París envuelto en millones de diminutos fulgores iluminando sus calles perfectamente decoradas y repletas de gente, todas rodeadas del cálido ambiente navideño que él no solía disfrutar ni fuera ni dentro de casa. Mas para su suerte, parecía que ese año iba a ser distinto. Ocultando el cigarro en el interior de su chaqueta y ahorrándose las inmensas ganas de fumar para serenarse antes de la llegada de su compañera, a pesar de que el olor le delataría tarde o temprano, optó por entretenerse con el teléfono en vez de continuar tentándose de manera innecesaria.
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