— Igualmente es bonito. —dijo inocentemente, pues poco y nada entendía de automóviles; le gustaba hasta la camioneta de su padre, la cual sí distaba de lujosa… El de Seth por lo menos estaba más limpio.— Y es cómodo. —dio un par de botes sobre el asiento antes de dejarse caer laxo contra él, riendo como un niño pequeño. Y en cuanto lo sintió arrancar, giró la cabeza clavando sus centelleantes y emocionados ojos en la ventanilla, queriendo observar el paisaje pasar y pasar como si estuviera corriendo. La brisa que entró desde el otro lado trajo consigo el olor a bosque, junto otro olor que desde hacía rato lo tenía más embelesado que el de la madera de los árboles o la tierra húmeda.
Inspiró hondamente, empapando sus fosas nasales con el delicioso aroma, llenándose los pulmones de él. No supo en qué momento dejó de prestar atención a lo que se encontraba más allá del coche, pero no se dio cuenta que tenía los ojos cerrados hasta que Seth le liberó de su hechizo al hablar. Los ojos del cambiaformas tardaron unos segundos en enfocarle, así como su consciencia en volver al mundo real. Volvía a sentir el cosquilleo en el estómago y más abajo, y un calor en la cara y cuello.
Aquellas emociones no hicieron otra cosa que exaltarle más cuando, al coger el móvil, rozó los dedos del mayor. Era una tontería, ¡hasta él se daba cuenta! Pero cuando las yemas rozaron la piel ajena fue como si un chispazo le recorriera. Como esa vez que se le ocurrió coger un cable pelado por la parte de los hilillos de cobre, mas el calambre que le acababa de dar no fue desagradable.
Tragó saliva y fingió teclear, llevándose el aparato a la oreja. No se le daba bien mentir ni disimular, sin embargo esperaba sonar convincente.
— ¿P-papá? Err… m-me he encontrado con un viejo amigo. Y, uh… voy a quedarme en su casa esta noche… No te preocupes, es muy simpático, así que estaré bien. Nos vemos mañana. —lo dijo de carrerilla, pero creía que la firmeza de su tono le dio un toque más real. Hizo ver que le daba a colgar y le devolvió el móvil, fijando los ojos en Seth.— Supongo que escuchará el mensaje cuando se levante… Gr-gracias. —
Conservando la atención fija a la carretera, su visión no se desvió más que una sola vez al escuchar al copiloto iniciar la conversación con su padre. Por lo menos, ahora ya se quedaría tranquilo y conforme de que sus tutores supieran de su condición y de que tampoco iba a volver a casa hasta el día siguiente. Tal vez su relación con ellos no era demasiado estrecha ni tampoco necesitaba ofrecer explicaciones, mas suponía que se trataba de algo que debía hacerse, pues que él carecía de estos y a quién dar aclaración sobre sus pasos.
Aguardó hasta que finalizara la llamada, no demasiado extensa por suerte mientras aprovechaba para aparcar. Finalmente habían llegado a su destino. Muerto de ganas de desprenderse de su uniforme y vestirse con ropas más cómodas, la idea de llegar a casa entusiasmaba a Seth en demasía. Nadie aguardaba su llegada, pero no por eso hallaba mayor confort en otro lugar que no fuera su apartamento.
—¿No ha contestado? —Tal vez era un poco tarde para que respondiera al fin y al cabo. Al menos, ya había avisado por lo que ya solo quedaba que su receptor escuchara el mensaje, tal y como Andy había dicho. Retornando el teléfono al lugar al que permanecía la mayor parte del tiempo, salió del coche anunciando así la llegada a su hogar. Tuvo suerte de que el aparcamiento más cercano no lo hubieran ocupado, quedando a escasos pasos del bloque. —Es aquí. —Anunció estirando ambas extremidades hacia adelante, esperando a el muchacho bajara del vehículo procediendo así a cerrar todas sus puertas correctamente.
Puede que estuviera arriesgándose llevando a un desconocido a su casa, mas no era nada poco usual en su vida al fin y al cabo por lo que carecía de preocupaciones. Accediendo al bloque tras un corto paseo, al fin accedieron al interior de su piso, dejando las formalidades a un lado y permitiéndose el entrar en primer lugar. Un suspiro escapó de sus labios tras cruzar el umbral de la puerta, retirando la cazadora para colgarla sobre el perchero después. —Voy a cambiarme si no te importa. Siéntate, o puedes picar algo en la cocina si quieres.