Finalmente logró de hacerse un tiempo libre para saciar su estómago, el cual no había guardado silencio durante la hora recién transcurrida. Su bandeja constaba con más postres de los necesarios y un plato de comida particularmente abundante; toda su vida había sido un pozo sin fondo, o así lo llamaban sus cercanos. Una vez ubicado en la única mesa libre de la cafetería, se dispuso a comenzar por el pastel de chocolate que (se suponía) debía degustar para último, pero no se aguantaba. Su atención fue capturada por una esbelta y agraciada figura femenina, quien pensó que utilizaría el sitio vacío frente a él, el lugar seguía atestado de gente. “Si vas a sentarse ahí, corres el riesgo de que me coma la mitad de tu postre.” Sus ojos se entrecerraron de manera casual, imposible detectar en sus facciones un vestigio de broma o seriedad. — @xgemmx