@runninbarefoot
Las ruedecillas de la maleta chirriaban a lo largo del angosto pasillo. Iba cansadísimo, hecho un muñeco de trapo, no le había sido nada fácil tomar tierra debido a la pretenciosa niebla que cubría el manto de la ciudad. Sumado a eso y a las ligeras turbulencias que tuvieron cuando atravesaron el mar, podía llegar a oír desde la cabina el lamento de los niños pequeños e inexpertos en el transporte volador. Ya su día de mierda terminaba con el supuesto cabreo que llevaba Dixie con él ¡a ver qué hacía para solucionar el traste! Antes de valorar la idea de cambiarse el uniforme y darse una ducha que le dejase una temperatura calibrada, siguió el trazo de números hasta el indicado donde supuestamente reposaba la fémina. Toqueteó con los nudillos la dureza de la madera, aguardando con intranquilidad.












