Escasos fueron los segundos en los que la tranquilidad que se podía apreciar en un local como aquel se vio interrumpida por un nuevo bullicio. No quiso prestarle mucho importancia, al fin de cuentas, si estaba allí era para disfrutar de una cerveza antes de volver a su apartamento, donde los gritos de su mujer esperaban por su llegada. Y con el vaso ya vacío, nada más le retenía en aquel lugar, así que se dirigió al mostrador, dispuesto a pagar por su consumición, sin embargo, una de sus cejas se vio ligeramente arqueada cuando logró reconocer la figura de la mujer que seguía armando escándalo con el joven tras la barra. “Tranquilo, tranquilo, está conmigo.” añadió al otro varón quien parecía no darse por vencido en vete a saber qué disputa mantenía con la rubia. “Por lo mío y lo de ella. Quédate el cambio. Ya nos vamos.” dijo, ignorando la charla del joven camarero. Posó sus orbes claras sobre la chica, haciendo un leve gesto con la cabeza, pidiéndole que le siguiera.