Solo el postureo explica que se pueda poner de moda un bar en el que te cobran 6,50€ por una hamburguesa del tamaño de un saladito, con las rodajas de pepino que sobran de los gin-tonics, acompañada de patatas de bolsa, servidas por gente con dudosa experiencia en restauración.
Sin dudar de la calidad humana de los camareros (por llamarlos de algún modo), resulta poco eficiente tener a 5 o 6 hipsters más preocupados por el aspecto de su barba que por servir una cerveza como Dios manda en una mesa sucia y llena de la clientela anterior.
Sin embargo, este local tan castizo tiene algo, quizá el aceite que usan para su barba, que lo hace atractivo para ir a tomar unas cañejas y así encontrarte con los personajes famosos de dudosa reputación que lo frecuentan.