Envuelta en llamas, tras tu adiós, me fui calcinando hasta convertirme en cenizas. Negras, solubles, minúsculas, dejadas al viento y volaron lejos de tu lado.
Ya no había un pecho sediento de tu fuego, ni había una piel que quisiera tu calor. Me dejaste y nada quedó de mi.
Leregi Renga









