Si seguimos quemando combustibles fósiles al ritmo actual, iremos sin remedio hacia el derrumbe apocalíptico de la civilización. Y lo más asombroso es que ya casi nadie discrepa seriamente de esta afirmación, porque, cada vez más, nosotros mismos podemos ver personalmente las pruebas. Los fenómenos meteorológicos letales son cada vez más frecuentes y graves en todas partes... A pesar de ello, año tras año, los objetivos no se cumplen, los combustibles fósiles generan beneficios gigantescos y las emisiones mundiales de carbono siguen aumentando. ¿Cómo es posible? ¿Qué poderosa fuerza es esa que está luchando por la extinción de la humanidad? Algunos quieren hacernos creer que somos nosotros, unas criaturas intrínsecamente codiciosas, condenadas a destruir todo lo que tocamos... pero la mayor parte del incremento del dióxido de carbono se ha producido hace muy poco. En una proporción abrumadora, durante las últimas décadas, cuando ya se conocía el peligro del cambio climático... podemos darle un nombre más apropiado y concreto: capitalismo... el sistema capitalista genera —y necesita— un crecimiento exponencial. ¿Y la democracia? El carbono emitido en Estados Unidos y Europa causa estragos en Pakistán, Haití, Somalia y Filipinas, pero los habitantes de esos países no tienen derecho a votar en las elecciones estadounidenses ni europeas... Esta forma de organizar nuestra vida política colectiva en Irlanda la conocemos bien: el imperio... ¿Qué da a las multinacionales el derecho a contaminar el aire que respiramos? La propiedad privada... Las multinacionales no están destruyendo la Tierra porque quieran ganarse las simpatías de la gente, sino para obtener beneficios. Si queremos un verdadero cambio, tenemos que estar dispuestos a poner en peligro esos beneficios y a aprender de quienes ya lo han hecho... sabemos lo que se avecina. ¿Cuándo vamos a tener el valor de detenerlo? Quizá, en el mejor de los casos, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos nos recordarán con horror y se preguntarán cómo fue posible que tantos de nosotros —incluida yo misma— fuéramos tan pasivos, desorganizados y cobardes cuando sabíamos que estaba en juego su vida (Sally Rooney, escritora)
"Si seguimos quemando combustibles fósiles al ritmo actual, iremos sin remedio hacia el derrumbe apocalíptico de la civilización. Y lo más












