Me aterra pensar que sin importar lo que haga no encuentro calma, que siempre hay algo ahí, algo que duele, algo que preocupa, algo que frustra.
— ℳ
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Me aterra pensar que sin importar lo que haga no encuentro calma, que siempre hay algo ahí, algo que duele, algo que preocupa, algo que frustra.
— ℳ
Siento como si la vida fuera un enorme martillo que me golpea hasta hundirme bajo tierra.
Silencio, mi corazón está abrumado.
Ellos dijeron que sí sabían, pero en realidad no sabían nada.
No tenían idea de lo que sentía, de lo que pasaba por mi mente.
Sí, tal vez sabían que no estaba bien, pero no sabían qué tan mal estaba, lo que pasaba por mi mente, que tan agitada me sentía y la clase de pensamientos que tenía.
No era que pretendía irme, pero definitivamente no estaba presente, solo era un robot actuando en automático y cuando me di cuenta rompí en llanto.
No era fácil, no es fácil.
Tal vez lloraba frente a ellos porque empezaba a tener esa clase de confianza, pero no puedo quitar el hecho de que igual y lo hacía porque ya no podía más, ya era muy doloroso tratar de retener las lágrimas, tratar de hacer como si nada pasaba.
Estaba tan cansada, agotada.
Era simplemente agotador tratar de manejar todo a la vez.
No podía, por más que lo intentara, ya todo parecía que se venía encima, como una lluvia de bloques sobre mis hombros y no podía soportarlo.
No, no podía con todo, y me costó darme cuenta de este hecho.
Me costó semanas de cansancio mental, me costaron días de trasnocho y desvelo, me costaron sonrisas, me costaron pensamientos y cariño conmigo misma, me costó mucho.
La situación me quitó mucho y yo no supe verlo hasta cuando ya me temblaban las manos por el miedo al futuro sin yo poder controlarlas, no supe verlo hasta que ya no pude hacer nada más que tratar de escapar de la realidad a toda costa viendo y haciendo cualquier cosa que me alejara del producto de mi terrible estrés.
Ya no sonreía genuinamente, ya no podía leer en paz.
Mis hobbies más amados, los que en algún momento de mi vida se convirtieron en un abrazo en la oscuridad, ya ni siquiera eran una vía de escape fiable, ya no hacían nada en mí.
Y cuanto dolía… tanto dolía.
Ahí me di cuenta de lo profundamente hundida que estaba… y yo no sabía cómo nadar hacia la superficie.
Todos te dicen que lo bueno de estar abajo es que lo único que queda es subir, pero ¿qué pasa si no sabes cómo hacerlo?
Nadie te explicó, nadie te dijo cómo podías realizarlo y a esta altura te has encerrado tanto en ti misma que este tipo de cosas personales y vulnerables no las cuentas a diestra y siniestra.
No hay tanta confianza, pero no sabes qué hacer.
Así es que lo único que queda es llorar, arrastrarte por el suelo y gritar de dolor por todo lo que te está pasando, por sentirte tan hundida, sin saber qué hacer, por sentir que no hay salida, por sentirte tan encerrada, abrumada, sin poder notar una simple vía de escape.
Buscarás ayuda, sí, pero eso llevará tiempo. No te repondrás de todo a la primera y eso te llena de dolor.
Escuece en el fondo del alma.
Ahora solo queda una cosa, depositar toda tu fe en alguien que puede ayudarte a descifrar cómo manejar todo aquello que te está pasando, y tratarte bonito en el proceso.
Porque te lo mereces.
No eres una mala persona, no estás defectuosa, no estás hueca.
Son cosas que, lamentablemente, pasan, pero podemos solucionarlo.
Así es que quiérete bonito, trátate bonito, consiéntete y descúbrete en la inmensidad de pensamientos que llenan tu mente y aprende a poner un poco de silencio y solo decir:
Está bien, estoy a salvo.
Little Moon
Estoy llena de miedos, inseguridades, cansancio y frustración.
El cansancio mental se define de tal modo que nosotros la generación de adolescentes trata de adaptarse a una sociedad de falsedad hipocresía cuando nosotros mismos no podemos ni con nuestro entorno más lo vamos hacer con más personas las cuales fingen ser nuestro amigos pero no es su verdadera cara, aveces somos tan estúpidos que los ignoramos cuando nosotros mismos hacen daño a nosotros de manera indirecta, nos hacen sentir inútiles, y nos damos cuenta que andábamos en la boca del lobo
Ya no quiero llorar por las noches.
Me duele, me duele tanto... Nadie entiende cuanto. No sé que hacer con este vacío en el pecho, que el cuerpo pese tanto y que no tengo ganas de hacer nada, estoy tan agotado y cansado.