El mismo demonio había sido testigo de dolor que le habías causado.
Viendo, que su mente era su peor enemigo y temiendo que la misma fuera más fuerte que su propio infierno.
Por eso, le dio la mano y se hizo su amigo.
Ella estaba rota, ella era un alma en pena que vivía en su propia agonía, en su propio infierno. Pero siempre renacia.












