Capítulo VI
El amor a primera vista es fácil de entender, es cuando dos personas se han estado buscando el uno al otro durante toda la vida y esto se convierte en un milagro.
Sam Levenson
-¿Y eso que estás tan contenta?-me preguntó Clarissa. El salón de clases estaba cerrado, por lo que esperábamos afuera-. Y especialmente por la mañana.
-Que hoy es lunes-canturree.
-¿Qué tiene que ver eso?-cuestionó Clarissa, moviendo su cabello café claro.
-Hoy nos darán nuestros roles-contestó Violeta antes de que yo lo hiciera.
La fulminé con la mirada.
-Espero que te den lo que te mereces, Paula-dije.
-Y yo a ti, Kimmy-se volteó y desapareció.
No era la única ansiosa, pues hasta Siomara no paraba de caminar de un lado al otro del pasillo.
-Contrólate-le dije.
-Es que no puedo-se excusó ella-. Y lo sabes bien.
La miré con comprensión.
Incluso cuando llegamos a la casa,-después de ocho horas de tortura-, Jacqueline estaba al pendiente del reloj y de la hora para irnos a la academia.
-¿No podrías conducir más rápido?-le preguntó Alexander a mamá, mientras ella daba vuelta en una avenida-. Es de vital importancia que lo sepamos cuanto antes.
-Sí-contestó mamá, un poco molesta-: pero también es de vital importancia que lleguemos sanos y salvos.
Una vez que la camioneta estuvo a unos metros de la entrada, Alexander abrió la puerta y saltó a la acera. Mamá gritó. Nosotras hicimos lo mismo.
Cada quien se fue a su respectivo salón. Siomara, Alex y yo nos sentamos los tres juntos, con las piernas dándole golpecitos al piso de madera.
-Vayan todos a revisar en qué quedaron-nos dijo el maestro Salazar, apenas entró al salón-. Acróbatas, bailarines y trapecistas, en la cafetería; músicos y contorsionistas, al lado del baño del primer piso; payasos, mimos, equilibristas y malabaristas, pasillo central del segundo piso; saltimbancos y el resto del equipo, cafetería del tercer piso.
-Felices juegos del hambre, y que la suerte esté de su lado-susurró Siomara al ver que todos salían corriendo.
-A que no llegas antes que yo-la reté.
-A que sí-dijo, para después ponerse de pie y abandonarme en el salón. La seguí.
-Zambuto Navarrete... Zambuto Navarrete...-buscaba con la mirada, por encima del tumulto de cabezas que se hallaban congregadas alrededor de las hojas. Me sorprendió ver a Siomara abrirse paso a base de codazos para llegar hasta las hojas pegadas en una pared de la cafetería.
-Que raro-dijo ella, una vez que había regresado a mi lado-. No entramos en bailarines.
Revisamos con lupa las listas (literalmente) ya que la gente se había reducido. Y no, no estábamos.
Pero las que sí estaban era Pacheco Domínguez, Paula Violeta y Estévez, Regina. Maldije para mis adentros. Siomara estaba con el ceño fruncido.
Decidimos pensar que era un error de dedo (a cualquiera le puede pasar) y nos fuimos a la lista de acróbatas. Y dale, tampoco ninguna de las dos aparecíamos.
Algo no andaba bien.
-Chicas...chicas...-Maura llegó hasta nuestra posición.
-¿Pasa algo?-preguntó Siomara, alarmada-. ¿Te pasó algo?
Siomara nunca dejó de preocuparse por Mauro.
Él negó con la cabeza, mientras intentaba recuperar el aliento.
-¿Entonces?-lo apremié.
-Vengan...-genial, ya empezaba a tartamudear. Por cierto, Mauro es tartamudo por lo que se le debe tener paciencia-. Ven-vengan a-acá conmigo.
Siomara y yo nos miramos extrañadas. Pero aún así salimos los tres de la cafetería. Ingresamos al edificio principal (la cafetería se encontraba en una casita anexa a la construcción con los salones) y subimos hasta el primero...el segundo piso.
Incluso antes de ver las hojas, mi cerebro anticipó lo que estaba por ocurrir.
Nos acercamos a las tres hojas blancas con letras pegadas a la pared del ancho corredor.
Malabaristas. Equilibristas. Payasos y/o mimos.
Busqué mi nombre en las dos primeras listas, pero el nudo en la garganta se hizo cuando observé la última.
-Zambuto Navarrete, Kimberly...-susurré.
Y el mundo se me vino encima.
-No, no, no, no, no-Siomara caminaba de un lado al otro, pensando en las posibles razones de un error como este.
No solo era eso.
-Escobar Hurtado, Siomara Alejandra-leí en voz baja-. Carmona López, Mauro; Sandoval Ortega, Julio; Zambuto Navarrete, Alexander.
Me giré y miré a Mauro. Me había quedado sin habla, tenía la respiración entrecortada y mi boca era una perfecta "O"
-¿Qué significa esto?-pregunté en un susurro.
-Que somos mimos-respondió Mauro con una resplandeciente sonrisa-. ¡Felicidades!
-¿¡Felicidades!?-gritó Siomara-.¿¡Crees que esto está bien!?
Él sólo me miró.
-¿Por qué diablos me gritas?
-¿¡Qué partes de "audicionamos para bailarinas y acróbatas" no entiendes!?-Siomara explotó-. ¿¡O que no sabes que ni nos fijamos en las fechas para las pruebas de payasos y mimos?
Mauro la recorrió con la mirada.
-Lo que pasa es que, a pesar de que somos actrices, queríamos ser bailarinas-dije, con la mejor voz calmada que pude poner-. Porque creíamos que era mucho más emocionante y retador bailar con un estupendo traje y hasta llegar a hacer una que otra acrobacia que hacer reír a la gente con un traje a rayas blancas y negras o con una nariz roja.
Maura seguía callado.
-¡Esto no se va a quedar así!-Siomara se dirigió hacia las escaleras.
-¡Espera Alejandra!-a ella le molestaba que la llamaran por su segundo nombre, tanto que era capaz de voltearse y reclamarte. Pero esta vez se limitó a dirigirse hacia nuestro salón.
El maestro despegó la mirada de su libro y nos observó atravesar el aula una vez que Siomara entró dando un portazo al abrir la puerta.
-Por las expresiones de sus caras adivino que están enojadas-comentó como quien no quiere la cosa.
Estábamos enojadísimas, exaltadas, coléricas, sacas de quicio, cabreadas, que nos llevaba el demonio, molestas.
-Maestro Salazar-modulé el tono de mi voz-. ¿Por qué estamos en payasos y mimos, si ambas audicionamos para baile y acrobacias? Y eso que ni siquiera nos paramos por el salón de las audiciones para payasos.
-Sí, maestro-susurró mi mejor amiga.
-Verán:sí, es cierto lo que me dicen. Pero también es cierto que las vi practicando la escena con la cual haríamos la audición-dijo, mirándonos fijamente-. Y también que las dos son actrices-nos señaló-. Lo hicieron muy bien, mejor que la mayoría y eso que ni era una audición formal.
-Pero nosotras no queremos...-comencé.
-Le conté al resto del jurado-me interrumpió-: y ellos y yo acordamos que lucirían mejor como actrices que como bailarinas.
-Pero usted ni siquiera...-buscaba desesperadamente un argumento con el cual pudiera hacer que nos pusieran en nuestro lugar indicado.
-¿Avisarles?-preguntó él. Nosotras asentimos-. Sí, cúlpenme por ello.
-No es justo, hay más personas que audicionaron-dijo Siomara con cierto deje de estar quejándose.
-Ni tanta-el maestro soltó una risita-. Solo unos cuantos audicionaron y de ellos unos pocos resultaron ser más o menos buenos. La gran mayoría de los niños pequeños no participarán porque sus padres no los dejaron; y el resto están en actividades como acrobacias y contorsionismo-hizo una pausa-. Y los jóvenes, bueno, entre que a algunos no les interesa, otros no saben actuar o están en el equipo técnico, ustedes son de las pocas esperanzas para actuar.
-¿¡Pero a quién no le gustaría estar en el escenario!?-pregunté.
-Hay muchos que son bailarines, actores, acróbatas... pero que prefirieron ser parte del equipo técnico.
Nos quedamos en silencio. Unas lágrimas amenazaban con salirse de mis ojos.
¿Lo sabían? Suelo llorar más de rabia o enojo que de tristeza.
-¿Y qué hay de mi hermano?-pregunté con un poco de rudeza.
-Bueno, a él no le fue nada bien en su audición como trapecista. Y hay que admitirlo: es de los más chistosos de la clase.
Y lo era. Cuando pasamos a contar nuestros chistes a la clase, dijo uno que había inventado y todos nos reímos bastante.
-¿No podríamos ser otra cosa?-preguntó Siomara-. Ya que no seremos ni bailarinas ni acróbatas.
-Lo siento, pero no-hizo una mueca-. El resto de los puestos de maquillaje y escenografía ya están.
La pelirroja de mi amiga y yo nos observamos.
-Tienen hasta el jueves de esta semana para confirmar su participación en el elenco como payasos o mimos-dijo. Luego nos pidió que nos retiráramos.
La ciudad estaba desierta.
Era lunes. El primer lunes de vacaciones de verano. Por la mañana, a eso de las siete.
La razón por la cual mamá, Siomara y yo recorríamos las solitarias avenidas era que ese mismo día los chicos llegarían.
El sábado pasado fue la graduación. Aprobé con 6.8,-sí, lo sé, yo también me sorprendí-, y hasta me salvé del extraordinario de química.
Después de la graduación, Siomara se fue a dormir a mi casa el resto del fin de semana.
Eché un vistazo por la ventanilla: ya estábamos llegando.
Desperté a mi amiga pelirroja,-ambos veníamos dormidas en el asiento trasero de la camionera-, y tomé el cartel con "Escuela de Idiomas Navarrete" de la cajuela.
Mamá estacionó la camioneta, nos bajamos y comenzamos a caminar hacia el aeropuerto.
A pesar de que he estado aquí docenas de veces,-la última fue en navidad, porque fuimos a Argentina a visitar a mis abuelos paternos-, siempre me sorprendían sus dimensiones.
Nos dirigimos al área de llegas internacionales. Entre Siomara y yo desdoblamos la cartulina blanca y la sostuvimos bien en alto.
Unas cuantas personas comenzaron a pasar a través de las puertas de cristal templado: una pajera de la tercera edad, dos chicas de la edad de Charlotte, un hombre pelirrojo, una mujer embarazada,un chico moreno con pants, lentes de sol oscuros y una gorra...
Esperen. Lo señalé con la barbilla hacia Siomara. Ella captó.
Era Zayn Malik.
Por poco y pasa de largo de nosotras, hasta que otro chico le tocó el hombro y nos señaló.
Mientras Siomara estaba al pendiente de ellos, yo observaba las puertas.
Más personas, más desconocidos, tres pares de lentes de sol oscuros...
-Hola-dijo el chico que fue por Zayn Malik-¿Ustedes son...?
-Sí-se adelantó mi mamá. Le estrechó la mano a cada uno-. Soy Raquel Navarrete Basurto.
Ellos asintieron.
-Bienvenidos-les dijo-. Será mejor que nos movamos-miró al rededor, esperando que nadie los hubiera reconocido.
Cuando salimos a la calle, los chicos miraron asombrados al exterior. Mamá nos ordenó que los siete esperáramos ahí mientras ella traía la camioneta para acá.
Pasamos unos tensos minutos en silencio.
-Hola-dijo Siomara con naturalidad. Todos nos sorprendimos-. Soy Siomara Alejandra, pero pueden llamarme Siomara.
Le sonrió mirando a Zayn y ellos le devolvieron el gesto.
-Oh, hola-me sonrojé-. Me llamo Kimberly, soy hija de Raquel o Rachel. Ella es mi mejor amiga, Siomara-la señalé.
Ellos seguían sonriendo.
-Hola chicas-nos saludó una voz dulce-. Somos Liam, Louis, Harry, Zayn y yo, bueno, soy Niall-dijo Niall con un español casi perfecto.
-Hola, ¿qué tal, señorita?-dijo Liam-. ¿Lo dije bien, Nialler?-preguntó él en inglés.
-Claro que sí, Daddy Directioner-respondió el rubio en el mismo idioma.
Ellos soltaron unas melodiosas risitas.
Yo no sé sobre Siomara, pero no estaba impresionada sobre el español de Niall. Y el inglés...bueno, sonaba irresistible con su acento de Irlanda.
Mamá llegó con la camioneta. Metimos las maletas en la cajuela y nos subimos. Harry, Louis y Zayn ocuparon el asiento de atrás; Niall, Liam y yo el del centro y Siomara hizo de copiloto.
Fuimos a desayunar al Ihop.
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Y justo después de una eternidad, ¡LOS CHICOS LLEGARON! Ahora sí que la historia empezará a ponerse buena.
Gracias a todos los lectores y no olviden darle "like" al corazoncito de arriba y decirle a todas sus amigas directioners sobre la novela. Y hablando de hacerle promoción, debo decirles que hoy casi cancelan mi cuenta de Facebook porque me la pasaba comentando en las fotos y estados de las páginas sobre One Direction el "link" hacia la novela. Sé que está mal y que a los demás les incomoda, pero una debe hacer lo que una tiene que hacer.
Me despido de ustedes con el video de Liam.
http://www.youtube.com/watch?v=Z7j-BvDBgwM















