¡1 cumple Mi sonrisa es tuya año hoy!

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¡1 cumple Mi sonrisa es tuya año hoy!
Capítulo XII
El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.
Ramón Gómez de la Serna
Camine por el largo pasillo, con el corazón desbocado.
-Hola Kim-me saludó Siomara, como siempre lo hace.
No respondí. En lugar de eso le puse delante de la cara el sobre azul. Ella lo tomó, no muy convencida. Esperé a que sacara la carta y la leyera, con el corazón latiendo a todo lo que daba y un ligero hormigueo en la boca del estómago.
Siomara despegó la mirada de la hoja... y me sonrió.
-Dios santo...-dijo en cuanto a penas, tapándose la boca.
-¿Qué pasa si es Harry?-musité.
Ella me miró con la boca entreabierta.
-¿Qué pasó ayer en el café?-preguntó.
-En el vaso tenía escrito "para la chica más linda del lugar"-susurré. Ni yo me la creía.
-No puede ser cierto...-dijo ella.
-¿Qué?-pregunté.
¡No, por favor, no me arruines el momento! rogué mentalmente.
-Zayn me dijo que Harry ha estado raro últimamente...-ella frunció el ceño.
Mi respiración se fue haciendo cada vez más lenta.
-Hoy en la mañana hablamos por teléfono y dijo que Harry sí fue al Ristretto...-me miró con una sonrisa de oreja a oreja-. ¿Sabes lo que eso significa?
-Sí...-susurré-. Significa que...
-¡ES HARRY!-gritamos al unisondo.
Nos miramos la una a la otra.
-¿Qué vas a hacer?
-Responderle-dije con la respiración agitada por la emoción.
Soltamos grititos como dos niñas pequeñas a las cuales les acaban de comprar una muñeca nueva.
-Pero deberías tener cuidado-me advirtió.
-¿Cómo?
-Recuerda lo que pasó con Jacobo-dijo. Un torrente de imágenes pasaron por mi cabeza a la velocidad de la luz....hice un movimiento para que se fueran-. No creo que quieras que te vea como una fácil.
Siomara tenía razón: después de mucho reflexionar, me había dado cuenta de lo que pasó con Jacobo fue porque cedía en seguida y siempre hacía lo que él quería, incluso aunque estuviera en contra de mi moral.
-Descuida-le dije.
-Ten una apariencia de dama...
-Y actitud de cabrona-terminé la frase.
Nos abrazamos y entramos al salón.
Comenzamos con la escena después de la guerra, y luego con la de los árboles.
El profesor había traído unas diez cubetas llenas de cemento seco con palos de madera al centro, de unos tres metros de alto.
-Mientras que suben los altos árboles del bosque mágico, deben hacer cualquier cosa que haga reír a la gente-nos dijo-. Ya.
Julio, Mauro, Siomara y yo nos fuimos cada uno a una cubeta... pero entonces tuve una idea.
Fui al fondo de la habitación acompañada de Julio -le hice señas para que me siguiera-. Abrimos nos dirigimos al armario y sacamos varias colchonetas que fuimos llevando hasta donde estaban las cubetas. Las acomodamos de tal forma que si nos cayéramos, fuera sobre las colchonetas cafés. También fui hasta mi mochila y tomé mi sudadera roja y la tiré hasta el final
Ahora sí, Mauro se fue "moviendo por los árboles", fingiendo que observaba el horizonte. De pronto, hizo un gesto de que había encontrado algo. Se volvió hacia nosotros y nos llamó con señas. Yo fui la primera en subirme a las cubetas, luego de eso vinieron Siomara y Julio. Llegué hasta donde Mauro estaba, lo miré y después a mi sudadera tirada sobre el piso de madera. Le guiñe un ojo a mi compañero y me aventé al suelo, bocabajo, con las manos sobre la sudadera. Rogué al cielo para que Mauro me siguiera la corriente. Comencé a mover mis piernas de forma frenética, y Mauro saltó también, sujetando mis pies.
-Supongo que Kimberly está tratando de subirse sobre una nube transportadora-comentó el maestro Cervantes- y que Mauro intentó llegar bien, pero como no lo logró se agarró de los pies de Kim-mi amigo y yo nos pusimos de pie-. Me gusta la idea, pero creo que sería mejor que Mauro saltara primero y después Kim, y que en lugar de tomar sus pies fueran los pantalones-ambos nos volteamos a ver.
-Mejor aún, que se los bajara y dejara a la vista un par de calzoncillos estampados-propuso alguien.
-¡Perfecto!-asintió el maestro con la cabeza-. Que Siomara y Julio los observen con preocupación-los señaló-. Respecto a ustedes dos, luego se caen al agua. Háganlo de nuevo con mis observaciones.
Resoplé. ¿Acaso no les he dicho que esto es lo agotador de la actuación?
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El aire era cálido y pesado.
Metí la carta dentro de un sobre menta y me escabullí de la casa. Por fortuna Charlotte había salido, mamá estaba en el estudio y los demás en el jardín.
A pesar de los temores y aprendizajes que me había dejado lo de Jacobo -que uno debe ir despacio, las personas aunque digan que no, te acaban haciendo daño, a no ceder ante todo lo que un chico quiera que hagas- y lo mucho que me costó superarlo, decidí jugármela todo por el todo. Pues al final del día, estábamos hablando de Harry Styles, uno de los famosos internacionales considerado como un mujeriego, pues es difícil de conquistar ya que piensa que aún no llega la indicada y, que mientras eso no ocurra, debe disfrutar con las equivocadas.
Recuerdo que -antes de que ellos llegaran- me puse a leer artículos de revistas inglesas en línea que decían cosas horribles de él; pero cuando recibí la primer carta y leí su contenido, me pareció saber la razón por la cual Harry es como aparenta ser: por la forma en la que quiere acercarse a mí -sin ser un prospecto, propiamente- es el tipo de chicos que se enamoran de verdad, sin querer obtener algo a cambio usando mañas.
Abrí el portón que daba a la calle y eché un vistazo a mi alrededor . No había ni un alma a la vista. El cielo estaba perfectamente encapotado de nubes y no había luna. Unos cuantos cabellos azules -desteñidos, por cierto- se me pegaron a la nuca con sudor. Seguro hoy en la noche llovía.
Empecé a buscar una solución.
Me dirigí hasta el buzón, en la banqueta. Abrí la puertita, dejé que una punta del sobre fuera visible y luego la cerré, para evitar que se fuera a volar.
Regresé a mi cuarto, rezando por que Harry -un escalofrío en todo mi cuerpo fue inevitable- llegara temprano y adivinara dónde había dejado mi respuesta.
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Bueno chicas, gracias por la espera estas largas cuatro semanas. A continuación les dejo el link donde podrán disfrutar una nueva historia que comenzará en agosto; y también de un adelanto del primer capítulo.
HECHIZO DE NACIMIENTO
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La ventana en la esquina norte de la biblioteca me ofrecía una diáfana vista de él.
Siempre que venía aquí- era usual encontrarme en este lugar, castigada por alguna fechoría que acabara de hacer- y la supervisión adulta era nula -en este caso, cuando la vieja de la bibliotecaria se quedaba dormida y babeaba su escritorio- abandonaba los pendientes y me asomaba por la ventana.
Cada vez que lo veía un torbellino de emociones se creaba en mi interior.
Tranquilidad.
Nostalgia.
Felicidad.
Enojo.
Tristeza.
¿Es posible sentir todo esto al mismo tiempo?, me preguntaba a mí misma.
La espesa capa de nubes grisáceas y la ausencia de luz le daban un toque deprimente.
Era una verdadera pena verlo ahí. Erguido y falto de brillo, movimiento, ruido.
Sin vida.
Una punzada atravesó mi pecho. Me inundaron unas inmensas ganas de salir de este edificio que se cae a pedazos e ir a abrazarlo; tenerlo por fin cerca de mí y de confesarle todo lo que me hace sentir con tan solo un movimiento de sus...
Capítulo X
Ya lo decía Mishima:
Amar es buscar y ser buscado al mismo tiempo.
El viaje en camión se me hizo eterno, incluso a pesar de que la conversación con Clarissa estaba muy animada.
-Me voy a adelantar al servicio-le dije a Clarissa, dejando mi bolso en una silla-. Lo mismo de siempre, por favor.
Ella asintió.
Le sonreí y me encaminé hacia las escaleras, mientras que ella tomaba asiento. Siempre que íbamos ahí, escogíamos la misma mesa: era una para seis, que daba a un gran ventanal con vista a la calle.
Llegué al piso de arriba, torcí dos veces a la izquierda, caminé por un pasillito con mesas para dos y entré al servicio.
Para cuando regresé, mi orden ya estaba ahí: un frapuccino largo "vida en rosa" (café con trozos de fresa) y un muffin de chocolate.
Me senté frente a mi amiga y tomé un papa frita bañada en salsa katchup. Cuando veníamos todos (Siomara y ellos) nos atascábamos de comida a más no poder.
Clarissa se me quedó viendo fijamente.
-¿De qué querías que habláramos?-le pregunté, moviéndome en mi asiento.
-De chicos.
¡Cuándo no! Clarissa solo vivía por y para los chicos. Negué con la cabeza.
-Esta vez es diferente-aclaró-. Se trata de un chico...-yo ya iba a replicar-... para ti.
Esta vez sí que me quedé impresionada.
-¿Pa-para... mí?-tartamudee.
-Sí-bebió de su frapuccino tradicional-. Ya casi pasa un año de lo de Jacobo-le clavé la mirada, advirtiéndole que ni lo mencionara-, y aún no has tenido ni una sola cita.
-Salí con David, el de 3ºB, a finales de noviembre.
-Ir con su hermanita y él a la juguetería no cuenta como una cita.
-Pero fuimos por un poco de chocolate caliente después de eso-ya ni me quería acordar de ese desastrozo día.
-Mismo que la nenita derramó sobre tu vestido-rió ella. Yo fruncí el entrecejo.
-Bien: no fue una cita-admití. Ella asintió.
Silencio. Lo único que hacíamos era acabar con las papas.
-Así que...-dijo ella- ¿ninguno de los chicos del curso o de la academia te ha llamado la atención?
La miré en silencio. Dije que no.
-¿Ni siquiera alguno de esa banda?-atacó su muffin de nuez.
Me paralizé. ¿Acaso era yo muy obvia y ella ya sabía lo de Harry?
-¿Kimberly?
¿Y si de eso era de lo que hablaba con Niall?¿Y si él sabe algo que yo debería saber?
¿Como qué? cuestionó una vocesita chillona en la parte trasera de mi cabeza.
Como que Harry ya sabe que me agrada, y hasta me está empezando a gustar; pero él no quiere nada con una directioner alocada y demasiado obvia como yo; respondió otra voz un poco triste.
-¿¡Kimerly!?
Miré a Clarissa.
-Mande.
-¿Segura que no te has fijado en ninguno?
¿Y ahora qué le decía? Tal vez ella pudiera sacarle información a Niall. Pero también tengo bien comprobado que la discreción es una de las virtudes de las que carece Clary.
-No-comí de mi muffin-. Tú sabes que no me gusta andar buscando con quien quedar. Prefiero que el amor me llegue de sorpresa, sin avisar. Porque bien sabes que soy una fiel creyente de que esa clase de amor es la que más dura.
-Está bien-desistió ella luego de unos minutos-. No insistiré más.
Silencio.
-Voy al servicio y luego nos vamos, ¿vale?-me miró-. ¡Oh! Pe todavía no te has acabado tu café.
-Descuida-le guiñé un ojo-. Me lo habré tomado para cuando vuelvas.
-Está bien-se puso de pie y subió las escaleras.
Ella siempre se tardaba siglos, así que me lo podía saborear con tiempo de sobra. Tomé el vaso de cartón y le di un sorbo. Mastiqué unos diminutos trozos de fresa, cogí cin poco de crema batida con la cuchara y dejé el vaso frente a mí.
Fue en ese instante en que me di cuenta.
El vaso era de los colores del arcoiris y al frente tenía impreso el logo de la empresa. Pero, en la parte contraria estaba marcado "Frapuccino" y "Largo"; pero en donde debería estar un "Kimberly" (el nombre del comensal) se leía "Para la chica más linda del lugar".
Fue imposible que no sonriera.
Entre sorbo y sorbo, releía el mensaje.
-¿Lista?-preguntó Clarissa, a mis espaldas.
Tomamos cada quien sus cosas y me puse de pie.
Salimos del café con un "Gracias" y recibiendo un "Vuelva pronto" de parte de la única persona -una chica- que atendía el lugar.
Mientras esperábamos al transporte, saqué el baso de mi bolso y se lo mostré a Clarissa.
-Se spone que debes dejar la basurra en la mesa para que ellos se encarguen de ella.
Le mostré el mensaje.
-Vaya-me sonrió con picardía-. Parece ser que tienes un admirador secreto que por fin se cansó de ser invisible.
-Tú y tus cosas-blanquée los ojos- ¿No habrás tenido tú algo que ver?
-Lo que más quiero es que tú seas feliz al lado de un buen chico-me dijo con seriedad, algo extraño en ella-. Jamás de los jamases bromearía con algo como esto.
-Ojalá se cumpla-desee-. Ojalá que el chico del café me de más señales de vida.
Ella me sonrió.
En el fondo, deseaba que de alguna forma inexplicablemente mágica, Harry fuese Ese chico del café. Sentí una punzada pequeñísima de esperanza crecer dentro de mi.
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Subí, cerré la puerta de mi habitación y me desplomé sobre la cama.
Estaba agotada. Tanto física como mental... y emocionalmente.
Me quedé así, en esa cómoda posición de cara al techo y con los ojos cerrados por unos cuantos minutos. Después me obligué a mi misma a tomar el libro.
El dichoso libro ese estaba compuesto por ciento treinta hojas nadada más y nada menos que de todas las materias de la secundaria. Y cuando digo todas, ¡son todas! Desde biología hasta educación física. Mamá me lo había comprado para que lo contestara durante las vacaciones, ya que decir que tu hija se graduó con 6.8 de la secundaria no es algo como para enorgullecerse mucho que digamos.
Me senté bien, acomodé la almohada y abría el libro por la página 22. Pero también abrí la ventana, pues el calor de principios de julio era insoportable.
Estaba dándole duro a los problemas de física cuando escuché un ruidito. Dejé de lado el libro.
De nuevo ese ruido.
Y otro. Y otro más.
Observé mi habitación. ¡El suelo estaba repleto de pequeñas bolitas de papel!
Tomé una, desarrugué el papel color azul (mi favorito) y leí: "En la puerta de la cochera hay algo para ti, chica linda."
Otra punzada en el estómago. ¿Es posible que fuera H...?
No lo resistí más y saqué la cabeza por la ventana. Nadie estaba en la cochera interior. O en alguna de mis vecinos. Intenté recordar si por alguna razón las bolitas ya estaban aquí cuando entré.
La verdad es que no tenía ni la más mínima idea.
Bajé de puntitas al piso de abajo. Ángeles y mi hermana estaban planeando hacer galletas de nuez en la semana; Alex, Jacqueline y Otto jugaban futbol en el jardín (¿cómo tenían pila para tanto?) y supuse que mamá estaría en el estudio.
Abrí la puerta lentamente y recorrí la cochera interior hasta el portón. Me costó un poco abrirlo manualmente, puesto que pesa lo suyo.
Era cierto.
A los pies del portón se encontraba un sobre azul sellado y a su lado un tulipan blanco.
¡OH MI DIOS! ¡ES HARRY! ¡TIENE QUE SER ÉL!, repetí una y otra vez dentro de mi cabeza.
Escruté la calle en busca de alguna forma de vida inteligente pero no, estaba desierta. So era muy raro, puesto que era verano y no pasaban de las diez de la noche.
Me encogí de hombros y regresé a mi alcoba, agradeciendo porque Harry (porque debía ser él) no estuviera aquí para mirar mi pijama.
Caminaba de un lado al otro, dudosa, pisando el resto de las bolitas.
¿Y si era una broma?¿Si sólo me querían ilusionar? ¿Si no tenía nada el sobre?, preguntó la voz chillona de hace rato.
Solté un suspiro.
¿Qué pasa si es el mismo chico del café? le retó otra. ¿Qué pasaría si fuese cierto?
Al final pudieron más la curiosidad, y el hecho de que en cualquier momento Jacqueline se tendría que venir a dormir.
Dejé el tulipán sobre la mesita de noche, abrí el sobre con cuidado y extraje el contenido. La hoja era del mismo azul que el sobre. El mensaje estaba escrita a máquina.
Otra punzada.
4 de julio de 2012,
Para la chica más linda del lugar:
Jamás he sido bueno a la hora de abrirme con la gente que recién conozco, solo con la que tengo mucho tiempo de haberla conocido, pero siento que contigo es diferente.
En la vida real nosotros dos hemos cruzado apenas un puñado de palabras, pero de alguna forma que no puedo explicar, presiento que podríamos hablar más allá de esas pocas frases. Esto no lo digo en un plan romántico, de que te esté proponiendo algo a la de ya. No. Lo digo porque me gustaría ser tu amigo. Primero quiero que seamos amigos, de esos que se cuentan todo, que se ponen apodos y se lanzan golpes cariñosos. De los que lloran, ríen se enojan y celebran con el otro. De esa clase de amistad estoy hablando.
Y sí, arriba dije que no quería que esto pareciera como una declaración amorosa directamente. Pero lo de las flores es para que no dejes de considerarme como una propuesta, una vez que seamos amigos de verdad, y ser algo más.
Por último, me gustaría añadir que soy un fiel creyente de que una relación amorosa funciona más y durante más tiempo si antes hubo una amistad sólida, como lo que me propongo contigo.
Buenas noches, linda.
P.D.: Mi nombre no es "El chico del café", sino "El chico de los tulipanes".
Capítulo VIII
Nunca exigas nada a la vida, espera, y algún día la vida te dará un sorpresa maravillosa.
Anónimo.
Ella sólo me devolvió una sonrisa radiante.
-Eso lo tomaré como un "muy bien"-dije.
-Eso es poco.
Nos reímos.
-¿De qué hablaron?-cuestioné.
-Nos presentamos, de nuevo-soltó una risita-. Me contó sobre los chicos, su familia, cómo ha cambiado su vida, el viaje, la pequeña gira que hicieron por Reino Unido antes de venir aquí, sus gustos...
-¿Y no hablaron de la boda, de la casa que comprarán o de cuántos hijos van a tener los dos?-le pregunté, divertida.
-Casi llegamos a esa parte, pero en ese momento apareció Harry.
Y dejé de sonreír. La verdad es que seguía un poco decaída por no poder captar su atención.
-Me contó un poco sobre el "Estilos"-era increíble que Siomara se diera cuenta del rápido cambio en mi estado anímico. Eso era de agradecer.
Me encogí de hombros, como si no me importara.
-Me dijo que es caballeroso, sincero y detallista.
Otro encogimiento de hombros. Pero por dentro la curiosidad me picaba.
-No está con alguien-contestó la pelirroja con firmeza-. No hay nadie. Pero lo malo es que Harry es el más coqueto de los cinco, así que de por sí ellos están rodeados por cientos de chicas, Harry tiene más.
Suspiré.
-Pero aquí viene la parte buena-hizo un intento por caldearme-: a Harry le gustan las chicas más bajas y jóvenes que él, porque así siente que las puede proteger.
Una sonrisa fugaz cruzó por mi rostro.
-Yo entro en las dos características.
-Zayn también dijo que Harry cree que en este viaje encontrará a alguien especial, y que no le importaría que fuese una directioner.
-Entonces hay una esperanza.
-Tienes muchas oportunidades-sonrió. Esperen, esa sonrisa... no sé, parecía que Siomara no estaba muy convencida de lo que me acababa de informar, como si estuviera incómoda. Decidí restarle importancia, pues estaba demasiado feliz como para que me importara si Siomara estaba rara o no; además, algunas veces mi mejor amiga sonreía solo por amabilidad.
-Ahora la cosa es cómo acercárme a Harry-comenté con una mueca de duda,
-Sendo tú misma, eso le encanta a Harry-contestó mi amiga.
-De acuerdo.
-Mira: Zayn y los chicos irán mañana a tomarse un café por la tarde. Puedo hablar con él y hacer un para dejarlos solos a Edward y a ti.
-¿Pero eso no tiene cabos sueltos?
-Tú deja todo en mis manos. Soy la maestra organización-y ella no mentía.
-Está bien-admití-: señorita organización.
-El asunto es fácil de entender-dijo el profesor Cervantes, dirigiéndose hacia nosotros-. Tenemos apenas cinco semanas para preparar nuestro show.
Exclamaciones de asombro y preocupación.
-Durante las próximas dos semanas estarémos ensayando aquí, en la escuela. Después habrán tres semanas de ensayo en la carpa-pudo intuir que preguntaríamos respecto al tema, por lo que prosiguió-. La carpa ya casi está lista.
Solté un suspiro de alivio. Eso era raro en mí, casi nunca me preocupo por las cosas del futuro. Creo que eso de juntarme con Siomara estaba dando resultados.
-Empecemos de una vez.
Nos recorrimos hasta la parte trasera del salón y despejamos el centro. El profesor señaló con cinta un semi-círculo sobre el suelo de madera.
-Es obvio que el escenario de la carpa es por lo menos diez veces más grande que esto-explicó-. Quiero que se concentren en sus papeles.
Todos asentimos.
-Para esta parte necesito de...-nos observó detenidamente-: Siomara y Kimberly-nos apuntó a las dos, una al lado de la otra.
Avanzamos.
-Esta es la escena donde el pequeño héroe va caminando por entre los árboles que cambian de lugar y llega hasta una nube que lo lleva directo a la casa de la niña que lo ayudará- nos posicionó en el centro del improvisado escenario-. Ustedes dos van a pelearse una con la otra por seguir al niño y montarse en una nube. Caminé empujándose entre las dos.. ¡ya!
Siomara y yo caminamos por el centro del escenario repartiéndonos codazos, pizotasos y golpes en otras partes del cuerpo entre las dos. Nos detuvimos unos pasos después.
-De nuevo, pero dándole la espalda al público.
Asentímos y nos colocamos en la posición correcta. El público esta vez serían nuestros compañeros. El profesor había improvisado el escenario de tal forma que la parte trasera diera al espejo, así nos podríamos ver al actuar.
Rehicimos el camino, solo que ahora Siomara me dio un caderazo y le respondí con un fingido jalón de cabellos. Seguimos con el recorrido violentándonos: sí ella me daba con el puño en el estómago, yo la tomaba de la pierna.
-¡Alto!-nos volvimos hacia los demás. El profesor se hayaba a nuestras espaldas, en una silla-. Otra vez, pero eviten matarse entre sí-se paró y se puso entre las dos-. Pretendan que se vea violento y chistoso a la vez. Confío en que están lo suficientemente preparadas como para improvisar si se necesita. ¿Cierto o no?-asentimos. Él suspiró-. Se repite la escena.
Siomara y yo nos miramos directo a los ojos, como queriendo darle confianza la una a la otra.
Caminamos normalmente, haciendo gestos de maravilla y extrañeza por el raro lugar en el que estábamos. De pronto, le di unos cuantos golpecitos al hombro derecho de Siomara con mi ded índice derecho. Ella volteó a ver con cara de espanto, y yo solté una risita por lo bajo. Ella me miró con sus cafés cejas fruncidas. Seguimos caminando como si nada. En eso ella me dio en el trasero con su pierna derecha, haciendo que soltara un grito. Mis manos se convirtieron en dos puños listos para pelear, pero ella se subió a mi espalda, para que luego cayéramos al piso las dos. Comenzamos a rodar por el suelo mientras que avanzábamos hacia el final del "escenario" donde me safé de su peso corporal y me estiré para "tomar una nube"; ella me tomó de los tobillos y jaló un poco de mi pants gris.
-¡Perfecto!-nos detuvimos al escuchar el grito del profesor-. ¡Eso es lo que esperaba de ustedes!-lo miramos asombradas. Aplausos por parte de todos los presentes-. Desde el comienzo.
Y aquí viene la parte cansada de la actuación.
Tomé mis cosas y salí del vestidor. Me había cambiado la ropa deportiva-es más cómodo ensayar con ésta clase de ropa- por unos zapatos color salmón, shorts de mezclilla con la bastilla desgarrada y una blusa salmón de tirantes finos.
Atravecé el patio central de la Escuela de Arte en General Dupont para salir. Saqué el móvil y consulté la hora: las 11:50 de un miércoles. Tenía que darme prisa, pues Siomara había dicho que sobre las doce y media llegaría Harry.
Pero yo no contaba con que ella fuera a aparecer.
Clarissa me esperaba sentada en una banca cercana a la puerta de salida, portando un bonito vestido azul marino y zapatos a juego.
-Hola Kim, ¿lista para irnos?-preguntó apenas me le acerqué.
-Hola Clary-saludé.
¡Claro! ¿Cómo se me pudo olvidar? Desde hace dos semanas que Clarissa y yo habíamos quedado en salir juntas por un café; pero con todo el asunto de la graduación, la llegada de los chicos, los ensayos (por cierto, debo regresar a las seis de la tarde) y la fiesta de Mauro nos fue imposible salir.
¿Y ahora qué? Ni modo que le dijera que no, ya estaba aquí. Y milagro, pues casi nada ni nadie consigue hacerla levantarse antes del mediodía en vacaciones.
-¿A qué café vamos a ir?-pregunté.
-¡¿Cómo que a cuál?!-me miró sorprendida-. ¡Pues al que siempre vamos!
Nada de Starbucks ni que Pastelería OK o The Italian Coffee Company. Nostros -mi grupo de amigos y yo- solo conocemos el Ristretto Café.
Era justamente donde Harry iba a llegar.
Se me encendieron las mejillas.
-Entonces vámonos ya-dije de repente. Ella sonrió.
Salimos de la escuela entre chistes y nos aproximamos a la parada del transporte público.
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No se imaginan lo emocionada que estoy. Por fin la novela está siendo leída por más personas y eso realmente me pone muy feliz. Gracias por todos los 610 leídos, los 20 votos y los 9 comentarios. ¡Gracias!
Por si les interesa, la ropa la saco del Polyvore de una amiga (http://cristinacervantes.polyvore.com/) y del mío (http://itxchel.polyvore.com/).
Si me alcanza el tiempo, en la noche subo otro capítulo :D
Capítulo VII
"La magia es un puente que te permite ir del mundo visible hacia el invisible. Y aprender las lecciones de ambos mundos. "
Paulo Coelho
-Si todo el mundo guardara silencio, podría decirles de lo que se trata nuestro espectáculo-dijo el profesor Cervantes.
Era lunes, el primer día de ensayos.
El profesor Cervantes era un actor (ex-alumno de la academia) especializado en comedias.
Nos callamos.
-La historia se sitúa en un mundo donde la magia y la realidad conviven a diario. Tenemos una pequeña aldea humana que sirve de protección para que la magia del bosque (encantado, por supuesto). Un día, empieza una guerra entre los habitantes de esa aldea humana y las personas del bosque mágico (que son los guerreros del Rey Frío) y se llevan a varias personas de la aldea humana, entre ellas a una mujer. Esta mujer tiene un hijo que ve el momento justo en que la raptan, y él pierde la conciencia. Al día siguiente se levanta y está completamente solo, a excepción de unos cuantos cuerpos que quedan. A pesar del miedo que siente, se adentra en el bosque mágico en busca de su mamá. Ahí encuentra un mundo surrealista, con árboles que cambian de color, personas que vuelan sobre nubes, animales con patas larguísimas, trenes que en lugar de echar humo dejan un rastro de flores, puertas en el suelo que conducen a otras dimensiones, personitas diminutas que cuelgan de largos listones para evitar ser pisoteados por los animales, cascadas que en lugar de caer van hacia arriba... en fin-suspira-: todo un mundo surrealista. En el camino se topa con una valiente chiquela, la cual le ayudará a encontrar a su madre. Debo agregar que el Rey Frío es el dueño del sol, y con su frialdad ha provocado que el astro se vaya volviendo cada vez más frío; pero se dio cuenta de que si teñía la superficie del sol con sangre no mágica, volvería a recuperar su calor; por eso ocupa a las personas-hizo una pausa-. El humano y su amiga (junto con otras criaturas mágicas) se enfrentan al Rey Frío a su ejército, y consiguen salvar a los demás.
Me quedé con la boca abierta. Al parecer, no era la única.
-¿Alguna pregunta?-nos recorrió con la mirada.
Una chica rubia de hasta adelante levantó la mano. El profesor le cedió la palabra.
-¿Qué tenemos nosotros que ver?
-Entre las pausas de esas escenas, que serán unas quince, aparecerán ustedes-dijo.
-¿Eso significa que somos el relleno?-preguntó la rubia, con un deje de indignación.
-El director prefiere llamarle "entremés"-respondió él, no muy convencido.
Nos pidió que nos pusiéramos de pie y que hiciéramos una fila.
-Su primera aparición va a ser después del rapto. Ustedes van a ponerse en el escenario luego de que las luces se apaguen-iba de un lado al otro del salón-. Se acuestan y fingen que están muertos. Después viene uno de ustedes, para asegurarse de que no haya sobrevivientes y de que todos están muertos. Es aquí, cuando les dan la espalda, donde ustedes se levantan y empiezan a burlarse de él.
Nos examinó con cuidado. Decidió que Julio sería el sargento, y que Alexander, Margarita (la chica rubia) y Siomara los "payasos".
-En unas semanas más estará lista la carpa-se dirigió a nosotros, al terminar de marcar un semi-círculo con cinta adhesiva sobre el suelo de madera-. El escenario será muy parecido a un círculo, pero muchísimo más grande. Julio-le hizo un ademán para que se acercara- necesito que pases haciendo zigzag, entre los cuerpos. Ahora-llamó a los demás-: ustedes, ponganse en el piso, en la posición que quieran.
Obedecieron. Alexander estaba tira sobre el suelo (dentro del semi-círculo) con la pierna izquierda doblada de tal forma que su pie estaba debajo de su espalda y los ojos en blanco. Siomara se acostó bocabajo, sacando la lengua y extendiendo los brazos. Margarita sacó la idea de que ella iba a estar contra un árbol del mosque mágico, con una espada atravesándole el estómago.
Julio paso entre ellos, describiendo círculos y deteniéndose de vez en cuando para examinarlos. Después les dio la espalda, fingiendo examinar un punto perdido en la nada. Fue ahí que Siomara se levantó y comenzó a hacer los mismos gestos que él, como si fuera su sombra.
La escena resultó un poco chistosa para los demás, pero para mí lo fue en extremo. Rara vez la Siomara divertida salía a la luz, y cada vez que eso sucedía, se transformaba en alguien completamente distinta. Para los demás era equis, está actuando. Pero yo que la conocía tan bien, sabía lo mucho que significaba esto para Siomara: poder hacer una cara chistosa, reírse como loca o saltar de un lado al otro. Esas cosas que para algunos eran simples, para mi mejor amiga significaban el mundo entero.
Siguieron practicando un par de veces la escena, hasta que realmente fue buena. Después, tuvimos el resto del día libre.
-Feliz cumpleaños, quinciañero-felicité a Mauro antes de abrazarlo.
Siomara y Clarissa hicieron lo mismo.
-¿Y tus chambelanas, Mauri?-preguntó Julio, quien se había acercado.
-Aquí las tienes, enfrente de ti-contestó Mauro. Los dos nos recorrieron con la mirada.
Clarissa usaba un bikini strapless color hueso con puntos negros, Siomara uno rojo salpicado de puntos rojos con tirantes finos que se amarraban en la espalda y yo uno strapless lila.
Mauro y Julio en realidad estaban viendo a los pechos, cadera y trasero de Clarissa que ya quisiera tener yo.
Pasamos al interior.
La fiesta de Mauro se celebraba en una alberca privada del club campestre. Cuando llegamos a la zona de los camastros,-rodeaban a la alberca-, Harry y Liam ya estaban ahí. Siomara y yo los habíamos invitado hoy a la fiesta ,-Siomara le habló a Mauro para saber si no había problema-, en el transcurso del aeropuerto al restaurante.
Liam usaba un short azul marino, una playera blanca y una gorra negra. Harry, por su parte, sólo llevaba un short rojo. En ese momento me le quedé embobada viéndolo.
-Allá en la esquina están vendiendo bolsitas para la baba-susurró Siomara en mi oído derecho. Cerré la boca. Aguarden, ¿cuándo la había abierto?
Y fue justo en ese momento que Harry nos volteó a ver. Nos sonrió de tal forma que sentí un cosquilleo en la panza. Sonrió mostrando sus dientes blancos, con dos hoyuelos asomándose en sus mejillas.
Siomara me tomó del brazo y me arrastró hasta un par de camastros desocupados, al otro lado de la alberca, enfrente de Harry y Liam.
-Si no quieres parecer otra adolescente desesperada, deja de verlo así-comentó Siomara en voz baja. Ambas estábamos sentadas sobre nuestros camastros, y nos habíamos agachado un poco para sacar las cosas de nuestras mochilas.
-¿Por qué dices eso?-fruncí el ceño. Yo no era así-. Nunca voy a parecer desesperada.
-Practicamente lo violabas con la mirada hace un momento-Siomara me reprimió-. Tú dirás...
Me callé.
Escuché un ruido como de zambullida y segundos después unas finas gotas bañaron mi pierna izquierda.
Ambas nos volvimos y descubrimos a Liam y a Harry dentro de la alberca.
Clarissa llegó hasta nuestra posición, sosteniendo un vaso de coca-cola.
-¿Vienes?-le pregunté a Clarissa.
Ella negó,
Siomara y yo entramos al agua. Cuando salí a la superficie,-después del clavado que realicé-, observé a Harry riéndose.
Otro cosquilleo en la panza.
Mauro y Julio,-acompañados del espagueti humano de Zulma-, se metieron y le lanzaron una pelota a Liam.
-¡Volleyball acuático!-gritó Mauro en inglés.
-¡Espérenos!-gritó una voz a lo lejos, en inglés.
Todos volteamos y observamos a Zayn, Niall y Louis corriendo a toda prisa. Regresaban de cambiarse la ropa.
Dejaron sus cosas junto a las de sus compañeros y se zambulleron en el agua.
Así fue como terminamos jugando los chicos contra Mauro, Julio, Zulma, Siomara y yo.
Durante todo el juego intenté llamar un poco la atención de Harry: brincaba, nadaba, reía, chapoteaba y golpeaba la pelota. Pero todo fue en vano. La única vez que me volteó a ver directamente,-ni tanto, pues cierto irlandés me tapaba-, fue cuando Niall y yo nos lanzamos el balón por encima de la maya por casi dos minutos completos. De ahí en más, me siguió ignorando.
Terminamos el partido (con un marcador final de 22-13, a favor de ellos) para cuando era la hora de la merienda. Y también a esa hora llegó Violeta acompañada de Alison y de Regina.
Salí de la alberca (fui la última, junto con Niall) y me fui a secar el cuerpo con mi toalla color menta. Después de eso me puse mis shorts.
Justo en uno de los extremos de la zona de la alberca,-muy cerca del pasto-, habían puesto dos mesas repletas de comida y bebidas. Tomé un plato y me acomodé en la fila. Busqué a Siomara y a Clarisa con la mirada. Siomara hablaba animadamente con Zayn; podría ver a Siomara con esa sonrisita boba que no tenía desde hace mucho tiempo. Localicé a Clarissa al otro lado de la alberca privada, recargada contra la pared. Y no estaba sola, conversaba con Niall. A leguas se notaba que la conversación estaba buena, pues había sonrisas, gesticulaciones, bajadas de vista, mejillas sonrojadas y una que otra mirada pícara en mi dirección.
Aguarden. ¿Qué? Niall me estaba viendo con esos ojos azules que tiene, como apenado y en cierto punto sonrojado.
Me quedé en blanco.
-¿Podías mover lo poco de trasero que tienes?-preguntó una voz. Desprendí la mirada de Clarissa y Niall, y volvía a la realidad.
-No tengo casi nada, pero es natural-dije. Genial, Violeta estaba a mi lado...¡Y llevaba el mismo atuendo que yo!
De seguro por eso Clarissa me miraba. ¡Pero que chismosa! De eso debe estar hablando con Niall, ¡ni siquiera se puede aguantar las ganas de chismear con un chico!
El bikini de Violeta era el mismo que el mío, incluso llevaba el mismo short rosa y amarillo con desgate en la bastilla y las sandalias café. La única diferencia es que su castaño y ondulado cabelllo le caía por la espalda, y el mío lo traía sujetado en un chingo alto de bailarina.
Trágame tierra.
Encontrar a alguien que lleve la misma ropa que yo es una de las cosas más odias que me puedan pasar. La ropa es fabricada por millones, y cualquier persona en cualquier parte del mundo podría comprar lo mismo que yo. No me importaría ir por la calle, ver a una chica y pensar "Ese pantalón lo use la semana pasada" o "Tengo que decirle a Siomara que me devuelva aquella blusa amarilla". Pero otra cosa es traer la misma ropa exacta al mismo lugar y tiempo. Y más si se trata de Violeta.
-Pues al menos yo no soy considerada una gigante-respondió ella con malicia, burlándose de mi casi 1.70.
Me había vuelto hacia ella y ahora nos hablábamos de frente.
-Pero soy lo suficientemente alta como para que la gente me alcance a ver-sonreí-. No como otras que están al ras de la acera.
-Hija de slenderma-masculló, con el entrecejo fruncido.
-Prima de los pitufos-la barrí con la mirada.
Eso había sido todo. Dejé mi plato y me fui a buscar a Siomara.
Para mi suerte, se dirigía directamente hacia mí.
-¿Cómo te fue con Zayn?-pregunté en voz baja.
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Y aquí lo tienen. Espero que les haya gustado a "Kim siendo Kim". Uf, ya casi se van a poner mejores las cosas.
Muchas gracias por leer la novela. ¡significa todo para mi!
Seguiré a todas las directioners latinas que rebloguen esto
Capítulo VI
El amor a primera vista es fácil de entender, es cuando dos personas se han estado buscando el uno al otro durante toda la vida y esto se convierte en un milagro.
Sam Levenson
-¿Y eso que estás tan contenta?-me preguntó Clarissa. El salón de clases estaba cerrado, por lo que esperábamos afuera-. Y especialmente por la mañana.
-Que hoy es lunes-canturree.
-¿Qué tiene que ver eso?-cuestionó Clarissa, moviendo su cabello café claro.
-Hoy nos darán nuestros roles-contestó Violeta antes de que yo lo hiciera.
La fulminé con la mirada.
-Espero que te den lo que te mereces, Paula-dije.
-Y yo a ti, Kimmy-se volteó y desapareció.
No era la única ansiosa, pues hasta Siomara no paraba de caminar de un lado al otro del pasillo.
-Contrólate-le dije.
-Es que no puedo-se excusó ella-. Y lo sabes bien.
La miré con comprensión.
Incluso cuando llegamos a la casa,-después de ocho horas de tortura-, Jacqueline estaba al pendiente del reloj y de la hora para irnos a la academia.
-¿No podrías conducir más rápido?-le preguntó Alexander a mamá, mientras ella daba vuelta en una avenida-. Es de vital importancia que lo sepamos cuanto antes.
-Sí-contestó mamá, un poco molesta-: pero también es de vital importancia que lleguemos sanos y salvos.
Una vez que la camioneta estuvo a unos metros de la entrada, Alexander abrió la puerta y saltó a la acera. Mamá gritó. Nosotras hicimos lo mismo.
Cada quien se fue a su respectivo salón. Siomara, Alex y yo nos sentamos los tres juntos, con las piernas dándole golpecitos al piso de madera.
-Vayan todos a revisar en qué quedaron-nos dijo el maestro Salazar, apenas entró al salón-. Acróbatas, bailarines y trapecistas, en la cafetería; músicos y contorsionistas, al lado del baño del primer piso; payasos, mimos, equilibristas y malabaristas, pasillo central del segundo piso; saltimbancos y el resto del equipo, cafetería del tercer piso.
-Felices juegos del hambre, y que la suerte esté de su lado-susurró Siomara al ver que todos salían corriendo.
-A que no llegas antes que yo-la reté.
-A que sí-dijo, para después ponerse de pie y abandonarme en el salón. La seguí.
-Zambuto Navarrete... Zambuto Navarrete...-buscaba con la mirada, por encima del tumulto de cabezas que se hallaban congregadas alrededor de las hojas. Me sorprendió ver a Siomara abrirse paso a base de codazos para llegar hasta las hojas pegadas en una pared de la cafetería.
-Que raro-dijo ella, una vez que había regresado a mi lado-. No entramos en bailarines.
Revisamos con lupa las listas (literalmente) ya que la gente se había reducido. Y no, no estábamos.
Pero las que sí estaban era Pacheco Domínguez, Paula Violeta y Estévez, Regina. Maldije para mis adentros. Siomara estaba con el ceño fruncido.
Decidimos pensar que era un error de dedo (a cualquiera le puede pasar) y nos fuimos a la lista de acróbatas. Y dale, tampoco ninguna de las dos aparecíamos.
Algo no andaba bien.
-Chicas...chicas...-Maura llegó hasta nuestra posición.
-¿Pasa algo?-preguntó Siomara, alarmada-. ¿Te pasó algo?
Siomara nunca dejó de preocuparse por Mauro.
Él negó con la cabeza, mientras intentaba recuperar el aliento.
-¿Entonces?-lo apremié.
-Vengan...-genial, ya empezaba a tartamudear. Por cierto, Mauro es tartamudo por lo que se le debe tener paciencia-. Ven-vengan a-acá conmigo.
Siomara y yo nos miramos extrañadas. Pero aún así salimos los tres de la cafetería. Ingresamos al edificio principal (la cafetería se encontraba en una casita anexa a la construcción con los salones) y subimos hasta el primero...el segundo piso.
Incluso antes de ver las hojas, mi cerebro anticipó lo que estaba por ocurrir.
Nos acercamos a las tres hojas blancas con letras pegadas a la pared del ancho corredor.
Malabaristas. Equilibristas. Payasos y/o mimos.
Busqué mi nombre en las dos primeras listas, pero el nudo en la garganta se hizo cuando observé la última.
-Zambuto Navarrete, Kimberly...-susurré.
Y el mundo se me vino encima.
-No, no, no, no, no-Siomara caminaba de un lado al otro, pensando en las posibles razones de un error como este.
No solo era eso.
-Escobar Hurtado, Siomara Alejandra-leí en voz baja-. Carmona López, Mauro; Sandoval Ortega, Julio; Zambuto Navarrete, Alexander.
Me giré y miré a Mauro. Me había quedado sin habla, tenía la respiración entrecortada y mi boca era una perfecta "O"
-¿Qué significa esto?-pregunté en un susurro.
-Que somos mimos-respondió Mauro con una resplandeciente sonrisa-. ¡Felicidades!
-¿¡Felicidades!?-gritó Siomara-.¿¡Crees que esto está bien!?
Él sólo me miró.
-¿Por qué diablos me gritas?
-¿¡Qué partes de "audicionamos para bailarinas y acróbatas" no entiendes!?-Siomara explotó-. ¿¡O que no sabes que ni nos fijamos en las fechas para las pruebas de payasos y mimos?
Mauro la recorrió con la mirada.
-Lo que pasa es que, a pesar de que somos actrices, queríamos ser bailarinas-dije, con la mejor voz calmada que pude poner-. Porque creíamos que era mucho más emocionante y retador bailar con un estupendo traje y hasta llegar a hacer una que otra acrobacia que hacer reír a la gente con un traje a rayas blancas y negras o con una nariz roja.
Maura seguía callado.
-¡Esto no se va a quedar así!-Siomara se dirigió hacia las escaleras.
-¡Espera Alejandra!-a ella le molestaba que la llamaran por su segundo nombre, tanto que era capaz de voltearse y reclamarte. Pero esta vez se limitó a dirigirse hacia nuestro salón.
El maestro despegó la mirada de su libro y nos observó atravesar el aula una vez que Siomara entró dando un portazo al abrir la puerta.
-Por las expresiones de sus caras adivino que están enojadas-comentó como quien no quiere la cosa.
Estábamos enojadísimas, exaltadas, coléricas, sacas de quicio, cabreadas, que nos llevaba el demonio, molestas.
-Maestro Salazar-modulé el tono de mi voz-. ¿Por qué estamos en payasos y mimos, si ambas audicionamos para baile y acrobacias? Y eso que ni siquiera nos paramos por el salón de las audiciones para payasos.
-Sí, maestro-susurró mi mejor amiga.
-Verán:sí, es cierto lo que me dicen. Pero también es cierto que las vi practicando la escena con la cual haríamos la audición-dijo, mirándonos fijamente-. Y también que las dos son actrices-nos señaló-. Lo hicieron muy bien, mejor que la mayoría y eso que ni era una audición formal.
-Pero nosotras no queremos...-comencé.
-Le conté al resto del jurado-me interrumpió-: y ellos y yo acordamos que lucirían mejor como actrices que como bailarinas.
-Pero usted ni siquiera...-buscaba desesperadamente un argumento con el cual pudiera hacer que nos pusieran en nuestro lugar indicado.
-¿Avisarles?-preguntó él. Nosotras asentimos-. Sí, cúlpenme por ello.
-No es justo, hay más personas que audicionaron-dijo Siomara con cierto deje de estar quejándose.
-Ni tanta-el maestro soltó una risita-. Solo unos cuantos audicionaron y de ellos unos pocos resultaron ser más o menos buenos. La gran mayoría de los niños pequeños no participarán porque sus padres no los dejaron; y el resto están en actividades como acrobacias y contorsionismo-hizo una pausa-. Y los jóvenes, bueno, entre que a algunos no les interesa, otros no saben actuar o están en el equipo técnico, ustedes son de las pocas esperanzas para actuar.
-¿¡Pero a quién no le gustaría estar en el escenario!?-pregunté.
-Hay muchos que son bailarines, actores, acróbatas... pero que prefirieron ser parte del equipo técnico.
Nos quedamos en silencio. Unas lágrimas amenazaban con salirse de mis ojos.
¿Lo sabían? Suelo llorar más de rabia o enojo que de tristeza.
-¿Y qué hay de mi hermano?-pregunté con un poco de rudeza.
-Bueno, a él no le fue nada bien en su audición como trapecista. Y hay que admitirlo: es de los más chistosos de la clase.
Y lo era. Cuando pasamos a contar nuestros chistes a la clase, dijo uno que había inventado y todos nos reímos bastante.
-¿No podríamos ser otra cosa?-preguntó Siomara-. Ya que no seremos ni bailarinas ni acróbatas.
-Lo siento, pero no-hizo una mueca-. El resto de los puestos de maquillaje y escenografía ya están.
La pelirroja de mi amiga y yo nos observamos.
-Tienen hasta el jueves de esta semana para confirmar su participación en el elenco como payasos o mimos-dijo. Luego nos pidió que nos retiráramos.
La ciudad estaba desierta.
Era lunes. El primer lunes de vacaciones de verano. Por la mañana, a eso de las siete.
La razón por la cual mamá, Siomara y yo recorríamos las solitarias avenidas era que ese mismo día los chicos llegarían.
El sábado pasado fue la graduación. Aprobé con 6.8,-sí, lo sé, yo también me sorprendí-, y hasta me salvé del extraordinario de química.
Después de la graduación, Siomara se fue a dormir a mi casa el resto del fin de semana.
Eché un vistazo por la ventanilla: ya estábamos llegando.
Desperté a mi amiga pelirroja,-ambos veníamos dormidas en el asiento trasero de la camionera-, y tomé el cartel con "Escuela de Idiomas Navarrete" de la cajuela.
Mamá estacionó la camioneta, nos bajamos y comenzamos a caminar hacia el aeropuerto.
A pesar de que he estado aquí docenas de veces,-la última fue en navidad, porque fuimos a Argentina a visitar a mis abuelos paternos-, siempre me sorprendían sus dimensiones.
Nos dirigimos al área de llegas internacionales. Entre Siomara y yo desdoblamos la cartulina blanca y la sostuvimos bien en alto.
Unas cuantas personas comenzaron a pasar a través de las puertas de cristal templado: una pajera de la tercera edad, dos chicas de la edad de Charlotte, un hombre pelirrojo, una mujer embarazada,un chico moreno con pants, lentes de sol oscuros y una gorra...
Esperen. Lo señalé con la barbilla hacia Siomara. Ella captó.
Era Zayn Malik.
Por poco y pasa de largo de nosotras, hasta que otro chico le tocó el hombro y nos señaló.
Mientras Siomara estaba al pendiente de ellos, yo observaba las puertas.
Más personas, más desconocidos, tres pares de lentes de sol oscuros...
-Hola-dijo el chico que fue por Zayn Malik-¿Ustedes son...?
-Sí-se adelantó mi mamá. Le estrechó la mano a cada uno-. Soy Raquel Navarrete Basurto.
Ellos asintieron.
-Bienvenidos-les dijo-. Será mejor que nos movamos-miró al rededor, esperando que nadie los hubiera reconocido.
Cuando salimos a la calle, los chicos miraron asombrados al exterior. Mamá nos ordenó que los siete esperáramos ahí mientras ella traía la camioneta para acá.
Pasamos unos tensos minutos en silencio.
-Hola-dijo Siomara con naturalidad. Todos nos sorprendimos-. Soy Siomara Alejandra, pero pueden llamarme Siomara.
Le sonrió mirando a Zayn y ellos le devolvieron el gesto.
-Oh, hola-me sonrojé-. Me llamo Kimberly, soy hija de Raquel o Rachel. Ella es mi mejor amiga, Siomara-la señalé.
Ellos seguían sonriendo.
-Hola chicas-nos saludó una voz dulce-. Somos Liam, Louis, Harry, Zayn y yo, bueno, soy Niall-dijo Niall con un español casi perfecto.
-Hola, ¿qué tal, señorita?-dijo Liam-. ¿Lo dije bien, Nialler?-preguntó él en inglés.
-Claro que sí, Daddy Directioner-respondió el rubio en el mismo idioma.
Ellos soltaron unas melodiosas risitas.
Yo no sé sobre Siomara, pero no estaba impresionada sobre el español de Niall. Y el inglés...bueno, sonaba irresistible con su acento de Irlanda.
Mamá llegó con la camioneta. Metimos las maletas en la cajuela y nos subimos. Harry, Louis y Zayn ocuparon el asiento de atrás; Niall, Liam y yo el del centro y Siomara hizo de copiloto.
Fuimos a desayunar al Ihop.
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Y justo después de una eternidad, ¡LOS CHICOS LLEGARON! Ahora sí que la historia empezará a ponerse buena.
Gracias a todos los lectores y no olviden darle "like" al corazoncito de arriba y decirle a todas sus amigas directioners sobre la novela. Y hablando de hacerle promoción, debo decirles que hoy casi cancelan mi cuenta de Facebook porque me la pasaba comentando en las fotos y estados de las páginas sobre One Direction el "link" hacia la novela. Sé que está mal y que a los demás les incomoda, pero una debe hacer lo que una tiene que hacer.
Me despido de ustedes con el video de Liam.
http://www.youtube.com/watch?v=Z7j-BvDBgwM
En unos 20-30 minutos el capítulo 6 ñ_ñ
Capítulo V (2da parte)
Siomara y yo nos miramos. Mi corazón empezó a palpitar fuertemente al oír el nombre de Harry.
Desde que supimos de lo de su venida, Siomara y yo buscábamos todos los días noticias sobre ellos. Era increíble la forma en que transmitían tantos sentimientos al cantar, bailar, reír, hablar, sonreír… al vivir y ser ellos mismos.
El salón estaba completamente solo.
-¿Segura que son aquí las audiciones de baile?-preguntó Siomara.
Entramos para cerciorarnos.
A diferencia del salón donde había presentado la audición para acróbata, este era menos alto y más pequeño. Pero aún así una de las paredes estaba cubierta de espejos que llegaban del techo hasta el suelo de madera. En la pared opuesta a la de los espejos, se encontraban unas veinte sillas esperando ser ocupadas.
-Es un salón para actuación...-dijo Jacqueline.
Jacqueline, Alexander, Siomara Julio y yo teníamos audición hoy. De hecho, habíamos llegado todos juntos.
-Deberíamos irnos-propuso Siomara.
De pronto divisé una mesita en el centro del salón, con unos cuadernillos sobre ella. Caminé hasta allá, tomé uno y lo abrí en la primera página.
Me reía al tiempo que leía. Los demás se me acercaron, tomaron uno y empezaron a leer.
-¿Y si lo actuamos?-pregunté, señalando el libreto. Ellos aceptaron.
Dejamos nuestras cosas junto a las sillas, abandonamos los libretos y nos acomodamos.
-¡PÁSELE!¡PÁSELE!-gritó Julio como una mujer, al lado de la mesa-. ¡TORTILLAS RECIÉN HECHAS!
Los demás nos habíamos formado en una línea frente a él.
Alexander dio un paso al frente.
-Un kilo de tortillas-sonrió seductoramente. Le guiñó un ojo a Julio-. Y tú, ¿a qué hora sales por el pan, nena?
Julio se sorprendió. Fingió que doblaba un paquete de tortillas y se acercó. Alexander hizo lo mismo.
-A eso de las seis, guapo-respondió Julio con voz de macho.
Siomara y yo hicimos esfuerzos para no reírnos de la cara de susto que hizo Alexander. Julio era la tortillera, Alexander el galán, Siomara la niña rica y yo una indígena. Pero al parecer Julio ahora quería ser travesti.
Alexander hizo mutis con cara de estar desubicado.
-Osea, este lugar está del nabo-Siomara miró con asco a la mesa-. Serán dos kilos de tortillas, y apúrate-ordenó con voz mimosa y chasqueando los dedos.
-Cuarenta pesos-dijo Julio.
-¿Qué? Ya veo por qué casi no tiene clientes-Siomara hizo un ademán de buscar algo en su bolsillo imaginario-. Tome este lápiz y píntese un amigo, que lo necesita.
Se fue caminando moviendo las caderas.
-¿Qué será para ti?
-Pos' un kilo de masa, y otra má' de tortillas pa' tamal, señito-hice la voz como de indígena.
-Si serás una india--me restregó Julio con su voz de mujer-. ¿No será un kilo de tortillas y otro de masa para tamales?
-Yo soy india, y a mucha jonra'. Pero lo de ignorante eso no, porque fui a la escuela señito.
Julio iba a replicar, pero el sonido de unos aplausos nos interrumpieron.
-Muy bien chicos-nos felicitó el maestro Salazar-. Ojalá hubieran audicionado en serio.
-Lo sentimos-nos disculpó Jacqueline-. Estábamos buscando el aula de acrobacias.
-Sobre eso: hubo una confusión. Vuelvan al salón de la primera vez.
Todos asentimos. Tomamos nuestras cosas y nos fuimos.
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Bueno, un poco malón el capítulo, pero prometo que de ahora en adelante subiré más seguido. Una vez más gracias a los que se toman el tiempo de leer esto. Y claro, a Ale quien es la mejor asesora de moda para una novela que alguna vez pude desear.