No podía haber elegido mejor momento para sumergirme en un anime de deportes como Haikyuu. Llevo un par de semanas escribiendo un partido de quidditch y he pasado a la etapa de entrenamientos en serio de cara al partido definitivo.
El Universo Slytherpuff es el homenaje combinado a mis manganimes de deporte y mi romance mm favoritos; buenrollero, multipareja, y con un objetivo final: el Mundial 2014 en la Patagonia tal como se describió en Pottermore —> Arco de personaje de Eurig Cadwallader.
Me encantan las historias en las que hasta los secundarios tienen un papel que cumplir en la propia historia, más allá de estar de figurantes o de protagonistas de la secuela. Resulta mágico cuando cobran vida por sí mismos, cuando voy caminando a la vuelta del trabajo escuchando música y se me ocurren nuevos detalles para ellos. Es una de las razones por las que no escucho audiolibros: necesito esos momentos de relax para imaginar, para rellenar huecos, para parchear esas transiciones puñeteras que se me resisten los pocos ratos que tengo tiempo a sentarme a escribir durante la semana.
Así tengo la RAM petada siempre con ideas, funcionando con dos calendarios en paralelo: 2025 y 1999.
Caminar, cocinar, tender la ropa, acostar al peque... Ahí es donde se producen mis momentos “¡Eureka! ¡Idea!” que apuntar luego corriendo. Pero luego hay que currárselo, te apetezca o no. Es más fácil cuando sí, pero hay semanas que es un segundo trabajo –en mi caso, uno no remunerado. Pero hay que ponerse, no hay más.
Mi gratitud infinita a los que machacan en redes, sobre todo en tumblr, en inglés, con la importancia de los placeholders [poner entre corchetes lo que no te sale en el momento para escribirlo / pensarlo/ investigarlo / decidirlo después], no atascarse en el primer borrador y dejar que los personajes respiren y te hablen con su propia voz. De nada sirve forzarlos. Luego se nota.
Gracias también a Haikyuu porque cuando se ponen en plan teletubbies motivadores me hacen sentir mejor respecto a escenas recientes que he escrito y no sabía si serían demasiado sentimentalofaciloides. Madre mía el episodio del “As”, parecía terapia colectiva Hufflepuff.
Llevo semanas trabajando en un fragmento multi-escena que abarca una sola tarde-noche de viernes y ocupa doce mil palabras. Aquí las notas impresas ya utilizadas. Hay muchas y he tenido que insertarlas y combinarlas como si fueran un puzzle. No veo el momento de dar luz verde al primer borrador y pasar al siguiente fragmento, la mañana del sábado. Otro batiburrillo de notas sueltas recopiladas durante meses que tendré que imprimir y encajar y desmenuzar.