El Huaso, parte 24: Primos
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—¿Todo bien amor? —me preguntó el Huaso entrando a la pieza con la toalla amarrada en la cadera.
—Si, todo bien —mi cara no coincidía con mis palabras. No sabía si contarle lo que me había dicho el Sergio.
—No se te nota —se acercó a mi y me dio un beso—. Es por el Kevin ¿cierto? Derrepente puede ser medio insoportable con su pará de macho, pero no lo pesques, ¿ya? —asentí—. ¿Se quiere relajar un ratito? Aprovechemos ahora porque después no vamos a poder —me dijo agarrándome el paquete, que ya estaba luchando por escapar de su prisión de tela.
—Mejor no —le dije—. Puede entrar el Sergio po.
—Ya, si, mejor —me dijo resignado—. Pero no te olvides que me encantas… y no pienses que te vas a librar de mi. Quizás nos podemos ir a algún lugar oscurito en la noche.
—Me gusta tu idea —le dije sonriendo, esta vez genuinamente—. Y también me encantas.
Nos besamos largo rato, hasta que le dije que me tenía que ir a duchar.
—Ya, pero tienes mucha ropa como para la ducha —me dijo abriéndome el short—. Es de mala educación bañarse con ropa —me sacó la polera y bajó besando mi abdomen hasta llegar a mi paquete. Me bajó el short con el bóxer y me hizo un sexo oral frustrado. Apenas comenzó a “dirigirse al país” (me puse Carolo de Moras con las analogías xd), sentimos las risas escandalosas de sus primos llegando a la cabaña—. Puta la wea —se levantó enojado—, no podemos tirar tranquilos nunca. Amor, estoy acumuladísimo.
—Pero tú no quisiste tirar en tu casa po —le respondi—. Estuvimos dos días allá y no me quisiste dar la pasada.
—Pero es que estaban mis papás. Me daba cosa tirar contigo ahí con mis viejos en la pieza de al lado.
—¿Y como en mi casa?
—Si pero a mi papá se le murió su viejita po —dijo bajando la mirada—. Imagínate nos pillaban. Se muere po.
Lo abracé y le dije que lo sentía por enrostrarle la sequía en la que estábamos. Me fui a bañar y por mientras él se vistió y salió a conversar con sus primos. Ya al salir de la ducha y terminar de alistarme, eran casi las 9 de la noche y comenzaron a llegar un par de conocidos del Kevin, todos con la misma manera de alargar las vocales al hablar en altos decibeles.
—Si te sientes incómodo en algún momento me avisai nomas —me dijo el Huaso cerca de las 11 de la noche cuando la cabaña empezaba a llenarse de gente—. Ahí por último decimos que vamos a ir a comprar y no volvemos en harto rato.
—Bueno —le respondí sonriendo, aliviado por su propuesta—. ¿Puede ser ahora?
—Aguantemos una hora por último.
Llegó la amiga del Kevin con sus 4 invitadas, y todas eran delgadas y de largas cabelleras planchadas. Se presentaron y como si estuviera designada, las mas bajita del grupo de amigas se pegó como lapa al Huaso. La miré con desconfianza y celos, pero el Kevin interrumpió mi mirada asesina para presentarme a la Camila, una chica bonita de cara, delgada y pelo negro. Conversamos un rato, pero al rato me dejó botado para ir a hablar con la amiga “designada” para conquistar al Sergio, que estaba animadamente conversando con ella. Miré nuevamente al Huaso, que estaba conversando en un grupo con el Kevin, el Dani y las tres chiquillas (la enana no le quitaba los ojos de encima a mi pololo), pero no quise ir a meterme entremedio para no quedar expuesto.
Me fui a la cocina a hacer como que me servía un copete, pero en realidad solo me serví bebida, y al voltearme caché que estaba el Sergio mirándome, sentado en la barra de la cocina.
—Pero sírvete algo más fuerte po —me dijo, señalándome el vaso—. ¿O creí que me voy a aprovechar de ti si te curai?
—Es que no me gusta el copete —inventé, para ver si esa fomedad lo espantaba—, así que no tomo mucho.
—Puta te creería si no te hubiera visto el año pasado tomarte hasta el agua de la piscina —dijo bajándose de la barra y acercándose al refri para sacar una lata de cerveza.
—¿Tu amiga no se va a enojar si la dejai botada mucho tiempo? —le pregunté cambiando de tema.
—No, le dejé en claro que estaba interesado en otra persona, y resulta que ella me dijo lo mismo. Obviamente no le dije quién era esa persona, no quería delatarte…
—¿Delatarme? —pregunté un poco nervioso—, si no hay nada que delatar.
—¡Relájate Larry! ¡Diviértete un rato! —me dijo tomándome los hombros y sacudiéndome un poco, con una sonrisa en la cara—. El año pasado te veías mucho mas alegre y relajado.
—No recuerdo haber estado muy alegre ni relajado en la camioneta —le respondí un poco mas relajado ante sus palabras.
—Bueno ahí no —se ruborizó—, pero antes si po. En la hacienda, en la piscina… te veías bien en traje de baño… —dijo mirándome a la cara, pero se podía ver en sus ojos que estaba recordando. Ahora yo me ruboricé.
—Gracias —solo eso atiné a decir.
—¿Me acompañai al patio un rato a fumarme un cañito? —me preguntó después de un rato de silencio. Miré alrededor buscando al Huaso, que estaba a puras risas tomando cerveza con sus primos y la lapa pegada a él, aunque a él parecía no importarle eso. El Sergio se dio cuenta de que busqué al Huaso con la mirada—. Tranquilo wn, si no se va ni a dar cuenta. Con la Pao colgada así de él no se va ni a acordar de ti. ¿Vamos?
—Bueno —le dije. Me respondió con una sonrisa y me guió hasta la salida.
En el patio había un par de parejas a puros besos y “bailando” un lento, y el Sergio me llevó a una banca que quedaba casi al borde de la cerca. Nos sentamos y le pregunté algo de inmediato.
—¿Cómo cachaste que yo soy…? —no alcancé a terminar la pregunta porque se rió—. ¿Soy tan obvio? —pregunté un poco ofendido.
—No wn, na que ver. O sea si, se te notaba por como mirabas al Pato. Y bueno igual me arriesgué, pero si te enojabai en la camioneta solo tenía que tirarte al camino —dijo riendo.
—Que bueno que no me enojé —dije sonriendo levemente.
—Si era broma oh —me dijo tomándome la mano. Cuando lo hizo lo me miró a los ojos y me puse nervioso.
—¿Y todo el año estuviste esperándome? —le pregunté curioso.
—Si po. O sea, igual estuve un rato con un loco. Un par de meses, en realidad, pero estaba medio loco y lo patié. Así que quedé solterito justo para el verano. Y cruzando los dedos para que nos viéramos —me acarició la mejilla y eso me descolocó. Me puso nervioso que justo nos viera el Huaso y malinterpretara todo.
—Tengo que ir a buscar mi celu… —le dije cambiando de tema para salir de ahí.
Me paré y me dirigí a la cabaña para decirle al Huaso que “fueramos a comprar”. Al entrar vi que estaba tomándose una cerveza y seguía hablando con el kevin y sus amigos, y con la “Pao” aún pegada a él. Me entraron los celos y la rabia, pero como siempre, me los aguanté y me dirigí a la pieza, cerré la puerta y me senté en la cama. La música retumbaba en las paredes, pero al menos ahí no tenía que fingir interés por conversaciones poco interesantes.
Me puse a pensar como chucha era posible que el Huaso me haya dejado botado todo el rato por sus primos (si sé, son su sangre así que tienen privilegio) y las amigas y amigos de sus primos. Me dio un poco de pena pensar en eso así que me disponía a cambiar mis pensamientos cuando sentí que golpearon la puerta. Me levante a abrir pensando que sería el Huaso que me vio entrar a la pieza con indignación.
—¿Puedo entrar? —me preguntó el Sergio al abrir la puerta. La abrí más para indicarle que entrara. Una vez dentro comenzó a hablar—. Gracias por dejarme entrar —me dijo una vez cerrada la puerta, y acto seguido me besó. Me tomó por sorpresa y lo empujé.
—No wn, ¡no!. No podemos estar juntos porque estoy pololiando con el Pato. Y lo amo, así que para por favor —la última frase la dije ahogando el llanto por la indiferencia del Huaso durante la noche.
—Ya, no wei —me dijo incrédulo—. Por último inventa otra wea. Imposible que el Pato esté pololiando contigo, si al weon le gustan las minas.
—No estoy inventando, es verdad —le dije mirándolo a los ojos.
—Le voy a ir a preguntar —dijo y salió rápidamente de la pieza, sin darme oportunidad de detenerlo. Lo seguí al living comedor, donde estaba el Huaso riendo a carcajadas de algún chiste, y vi como el Sergio le decía al oído algo que no pude escuchar, pero ambos miraron en mi dirección, y acto seguido el Sergio ayudó al Huaso a ponerse de pie y caminaron en dirección hacia mí—. Vamos a la pieza —dijo cuando estuvieron a mi lado.
Entramos a la pieza y el Huaso se quedó de pie en la puerta. Tenía problemas para enfocar la mirada y entonces habló.
—Ya po habla rápido —dijo con leves problemas para modular.
—Primo, lo que pasa es que el Larry me dijo que estaban pololeando ustedes po, y no le creo —comenzó el Sergio.
—Puta Larry, ¿por qué andai hablando weas? —me dijo el Huaso mirándome a los ojos.
—Lo que pasa es que —comencé a decir pero me interrumpió el Huaso.
—Te dije… no, te rogué que no le dijerai a nadie e igual te poní a contar la wea —estaba enojado, pero también veía la decepción en sus ojos.
El Sergio vió la reacción del Huaso y trató de explicar lo que había pasado.
—Primo, lo que pasó fue que yo…
—Cállate tú, si esto es mio con el Larry. Hiciste la misma wea con el Bryan wn —dijo dirigiéndose a mi, con lágrimas en los ojos—. ¿Cómo queri que te diga que no me gusta decir que estoy pololeando contigo? —entiendo lo que quiso decir pero igual me dolió. Me aguanté el llanto, mientras a él le corrían las lágrimas por la cara. Me acerqué para tratar de explicarle mejor, pero me corrió y salió de la pieza dando un portazo.
Me quedé ahí llorando con el Sergio de pie a mi lado sin saber que hacer.
—Disculpa, no quería que él se enojara… —me dijo dándome palmadas en el hombro—. Igual es el copete el que hablaba. Mañana voy a hablar con él y le voy a explicar todo.
Seguí llorando como por diez minutos mas, y luego me sequé las lágrimas sin decirle nada al Sergio. Salí de la pieza y me fui a buscar al Huaso. No estaba en ningún lugar de la cabaña ni en el patio, así que se me ocurrió ir a buscarlo a la playa.
Bajé a la playa y vi una silueta que estaba sentada en la arena. Me acerqué esperando que fuera él y al llegar a su lado lo vi y lo confirmé. Se me llenaron los ojos de lágrimas al verlo a el llorando aún. Miró hacia el lado e intentó pararse, pero lo detuve. me senté a su lado y lo tiré del brazo para que no se fuera.
—Déjame explicarte todo porfavor —le dije tratando de controlar mi voz sobre el llanto.
—Sale weon, sale —sonaba más ronco cuando hablaba llorando.
—No. No me voy a mover de aquí. Tuve que decirle al Sergio porque me estaba joteando, amor. No me quería hacer caso así que le tuve que contar —presionaba mi cara en su brazo para que no se fuera.
—Ahora le va a contar a toda mi familia, a mis papas —dijo soltando el llanto—, por tu culpa —sus últimas palabras me rompieron el corazón.
—No le va a decir a nadie, si él cacha lo que es ser gay y estar en el closet —traté de calmarlo, al parecer de la única forma que sé: sacando más gente del closet—. Te juro que si hablai con él va a entender. Vas a entender. Pero ahora estay muy borracho para pensar bien.
—No estoy borracho —dijo poniendo firme la voz una vez mas.
—Desbloquea mi celu —le dije pasándole mi celular.
—No estoy borracho —insistió. Suspiró muy fuerte y luego se acostó de espalda en la arena. Se tapó los ojos con una mano para que no viera que seguía llorando.
Me acosté a su lado en la arena, apoyando mi cabeza en su pecho, aprovechando que ya no intentaba alejarme. Después de un rato pasó su brazo por debajo de mí y me abrazó, aún de espaldas en la arena.
—¿Por qué me haces esto? —me dijo después de un rato.
—Lo siento —no me iba a cansar de pedirle perdón. El terror a que te saquen del closet es el peor sentimiento del mundo, y yo ya lo había hecho pasar por eso dos veces. Volví a llorar en su pecho, pero ahora él me pasaba su mano por mi hombro.
Nos quedamos mucho rato ahí en silencio, y no me di cuenta cuando me quedé dormido.
Despertamos un poco antes del amanecer, seguíamos abrazados y la playa aún estaba vacía. Se sentó en la arena y yo lo imité; me sonrió levemente y me miró a los ojos.
—¿Cómo estay? —me preguntó fríamente.
—Destruído —respondí, con un nuevo nudo formándose en mi garganta—. Soy el peor pololo del mundo —me tapé la cara para que no me viera llorar, pero era inútil. Me abrazó y me tranquilizó a pesar de todo.
—No eres el peor pololo del mundo —me apretó fuerte con sus brazos—. Ni siquiera eres el peor de Chile. Aunque puede que seas el peor pololo gay de Algarrobo —trató de hacerme reir. Cruzó las piernas y me acomodó para sentarme encima de él, y crucé las mías por su espalda. Me miró a los ojos y me secó las lágrimas de las mejillas—. Eres el mejor pololo del universo.
—No creo que tanto, pero bueno —traté de agarrar el buen humor.
—Ahora que desperté lo medité y entendí que lo hiciste porque no tenías más opción —me explicó—. Voy a tener que hablar con el Sergio después.
—¿Estás nervioso? —le pregunté.
—Un poco —respondió después de pensar un rato—. Igual ya tenemos nuestro pasado y nunca dijo nada. Hay mas probabilidades que no diga nada a que le cuente a todos.
—Perdóname —insistí después de mirarnos un rato a los ojos.
—Lo voy a pensar —levantó una ceja—. Y tu vay a tener que hacer méritos para que te perdone.
Ahora con la situación mas calmada me empezó a entrar a la mente la “Pao”, la chica que estuvo toda la noche colgada a él y por la que literalmente me ignoró por completo, pero no quise decirle nada hasta que las cosas estuvieran mas frias.
Me besó y sentí como que todo lo de la noche anterior se iba de mi mente. Me abrazó por la espalda y pasó su mano por debajo de mi pantalón. Pude sentir por debajo de mí que él ya estaba excitado.
—Espera, aquí no po —lo detuve.
—¿Por qué no?
—Porque nos pueden ver —le expliqué lo obvio.
—Mejor así po —me dijo sonriendo y caché que aún el alcohol estaba manipulando sus inhibiciones.
Miré alrededor y vi la escalera que bajaba a la arena desde el borde costero.
—Vamos para allá —le indiqué.
Nos paramos y fuimos para allá, ambos con las erecciones notorias en nuestros pantalones, pero no nos importó porque aún no había nadie cerca que nos viera.
Nos metimos en el pequeño espacio que había bajo la escalera, y me soprendió que no hubiera alguien ya durmiendo ahí. Le abrí el pantalón al Huaso y se lo quité junto con el bóxer. Tome su pene y me lo metí de inmediato a la boca. Comenzó a gemir muy fuerte, así que me detuve para que no llamara la atención.
Me acerqué a besarlo y ahora él me sacó el pantalón y el bóxer. Se sentó en la arena y yo seguí la orden sentándome encima de él. Me abrazó y acomodó su pene para que entrara en mi ano. Nos besamos mientras lo cabalgaba y el con sus manos apretaba mis glúteos y muslos.
Cuando sentí que sus besos se entrecortaban, comencé a mover mi cadera más rápido, hasta que vi en su cara que ya había llegado al orgasmo, y sentí en mi interior todo su semen esparciéndose.
Nos quedamos un rato ahí, en la misma posición, mirándonos a los ojos, yo aún sin creer todo lo que había pasado. Nos vestimos y nos dirigimos a la cabaña, donde aún había una decena de personas conversando, sentadas en las sillas y de pie junto a la barra de la cocina. Un par de dormilones estaban acostados en uno de los sillones roncando.
Vimos que el Kevin estaba prácticamente teniendo relaciones sexuales con ropa ahí en el pasillo con su amiga, y le preguntamos donde estaban el Sergio y el Dani (para disimular un poco). El Kevin nos miró enojado por interrumpirlo, pero nos dijo que ambos se habían ido a dormir.
Entramos a nuestra pieza, y ahí estaban los dos, durmiendo uno en cada cama. Nos pareció raro, pero al ir a ver la otra pieza, habían dos parejas desconocidas ocupando las camas de ellos.
Al final nos fuimos al patio y nos sentamos en una de las bancas. Como no había nadie, juntamos dos bancas frente a frente y nos acostamos abrazados. A pesar de lo incómodo de las bancas, nos quedamos dormidos al rato.
Nos despertamos como a las 10 de la mañana con el sol en nuestra cara, y ya no había nadie en pie a esa hora. Solo quedaban los que dormían en los sillones y las camas. Entramos a “tomar desayuno” y justo se levantó el Sergio. Se acercó al Huaso y lo abrazó.
—Primo perdóname. Me pasé de la raya —se le veía la culpa en la cara.
—Dale wn, pero no le digai a nadie porfa. Eso nomas te pido —le respondió el Huaso, dándole palmadas en la espalda.
—A nadie, te lo juro. Y porfa tu tampoco le digai a nadie —se dio vuelta para dirigirse a mí—. Y perdóname Larry por ser tan cargante y desubicado. Debí haberme alejado a la primera señal de rechazo.
Le dije que estaba todo bien y blablá. Nos sentamos a la barra de la cocina a tomar desayuno y conversamos un rato. Los primos se pusieron al día con sus vidas de closet mientras yo escuchaba atentamente, y un poco excitado, los relatos del Sergio.
A la tarde hicimos un mini asado para los cinco y el par de weones que se quedaron a dormir en el sillón, que al parecer no tenían ni familia ni casa porque se quedaron con nosotros todo el día (las parejas que ocuparon las camas se habían ido cuando el Kevin se quiso ir a dormir). Cerca de las 5 de la tarde bajamos todos a la playa a bañarnos.
Cuando me saqué la ropa para meterme al agua noté que el Sergio me quedó mirando y me puse rojo. El Huaso, que estaba al lado de él le dio una palmada en el abdomen y le dijo “ya, vamos a meternos”, pero en realidad quería decir “ya, deja de mirarlo tanto”. Estar ahí en la playa con ese cuarteto de mijitos ricos (el Kevin, que el verano pasado estaba perfecto, ahora no estaba tan en forma, pero igualmente seguía siendo guapo) en trajes de baño hacía que mi mente volara. Juegos en el agua con piel rozándose entre nosotros era un instant boner para mi.
Al volver a la cabaña, nos duchamos por turnos, y luego el Kevin con el Dani se fueron a comprar cosas para comer, y los dormilones del sillón aprovecharon de irse a donde sea que vivieran.
Nos quedamos los 3 miembros de la comunidad solos, y nos sentamos a tomar una cerveza. Conversamos un rato, los primos hablaban de sus historias de pendejos, sus pololas, pololos y la familia. El Sergio me contó su versión de la historia de cuando comenzaron a experimentar juntos (que era bastante fiel a lo que me había contado el Huaso), y luego lanzó una pregunta que nos dejó helados:
—Y ustedes, ¿harían un trío?
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