Infancia Dorada
Un segundo, un momento, cierro los ojos, se escuchan los pasos y risas lejos en el tiempo. Un niño perdido en papeles y recuerdos. Abro los ojos visualizando una estela de emociones atrevidas y fugaces mientras se conjugan con la figura de una infancia dorada y salvaje. Mis pisadas se marcan sobre la arenas del tiempo, imágenes que rebotan sobre las melodías de aquel mundo ignorante, pero puro, inocente y feliz.
Persigo el ruido del tren, cruzandome con mi abuela que me abraza mientras vemos los vagones, mi cara infantil muestra la euforia mezclada de con una pizca de miedo. ¿Miedo...? ¿pero a que...? ¿ ...a las arañas que tanto me fascinaba observar?¿...o aquellos estruendos que eran truenos en una tormenta pero yo imaginaba que eran los gigantes que caminan en el cielo?¿...a la oscuridad de la noche o esa sensación de ser observado?¿Pero a que se llamaba miedo? Miedo es esa rara combinación de euforia, calma, vértigo, impulsos y coherencias que colisionan en una implosión.
¿Que soñas de ser de grande? se escuchó rebotar por uno de esos pasillos. Frente a mi una pelota choca contra mis pies, levantó la mirada hacia mi yo de 7 años que me observa fijamente.¿Qué soñabas ser cuando tenías mi edad? preguntó mi yo de 7 a mi yo de 21. mi mente se quedo en blanco... no sabia que responder... respire hondo y respondí, solo se que soñé ser muchas cosas. ¿y pudiste cumplir tus sueños? en ese momento toda la luz se apagó, entonces empecé a caer al vacío. Quizás no me equivoque tanto con mis sueños infantiles, soñaba ser un artista, y bueno, aca estoy cayendo por un tobogán infinito que se resbalan por las líneas de tantos cuadernos.
Mientras mi mano sigue desenterrando mi pasado. Mi yo de 7 años corre por la calle donde se encontraba la casa de mi abuelo, en el partido de San Martín, junto a mi primer mejor amigo. Risas en aquellas tardes interminables de verano. Una ventana rota por un pelotazo, un grito, salir rajando, una cagada a pedos, penitencias, secuencias repetitivas. Juegos, risas, abrazos. Y ahí en el medio de todo eso, el primer enamoramiento infantil, durante tercer grado, una niña de piel morena, cartitas de amor no respondidas, esquivo de un amor no correspondido. Tristeza. Un estallido en mi cabeza, una sobrecarga de emociones... Pero todos los sueño dorados se apagan. Cada golpe abre una herida difícil de cerrar. Las tinieblas de la adolescencia, las primeras rebeldías, el quiebre de un niño inocente, el paso adolescente, el primer vicio probado, la muerte de la infancia dorada, una seca de cigarro, el nacimiento del adolescente que se cuestiona su existir... pero dentro de toda oscuridad hay luz, un salvavida, ARTE.












