#CasiPerfecto #Sándwich de #Hamburguesa al #Horno 🍔💪👌👍❤💋💋💋 (en Fotografía Mirtha Muhs) https://www.instagram.com/p/Bw-Xvc5AD8I/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=102ldcjaox4ir
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Leer un buen libro en un día nublado es un día perfecto.
Casi perfecto -Fanfic Wigetta - Capitulo 10
Al fin pude terminarlo D: nfwjfakldnfjakd lo siento por tardar mucho, pero estuve de vacaciones con la familia y es imposible escribir rodeada de gente xD Tuve que escaparme a ratos para escribir :c Bueno solo les diré que ahora no sera Guillermo quien narre las cosas por un tiempo ^^ puro salseo en este capitulo :B
Capitulos anteriores:
http://elizabethsherlockz4.tumblr.com/post/108310990146/casi-perfecto-capitulos
Advertencias: Lime
Narra Samuel:
Termine de desenvolver las vendasen su pecho, dejando su torso completamente desnudo. Increíblemente, al igualque el resto de su cuerpo, no había quedado ni la más mínima marca de sus heridas, como si jamás hubiera ocurrido lo de hace unos días. Podía escuchar latir su corazón de forma acelerada, quizás porque se encontraba nervioso, pero aun cabía la posibilidad de que fuera el mío el que estaba palpitando acelerado. Era algo a lo que ya estaba acostumbrado al estar junto a él, no me importaba quedar evidenciado por mi claro excitado corazón por su presencia, ya que mis sentimientos se los decía cada que tenía la oportunidad. Pasé mi lengua de forma lenta por mis labios, deseando poner estos sobre la dulce piel de su pecho, tal como había hecho con sus brazos momentos atrás.
Él solo me miraba expectante, sin moverse siquiera un centímetro. Acerque mis labios a su clavícula, besándola delicadamente por toda su extensión. Guillermo cerró sus ojos, parecía que mi acción le agradaba, por lo que proseguí con una línea de besos entre su pecho. Me detuve a nivel de sus pezones, exactamente entre la mitad de ellos, empecé a lamer y succionar esa área, saboreando su dulce sabor. No pude evitar dejar salir una pequeña sonrisa al escuchar un leve, pero claro gemido por parte de mi amante, el cual me dejó más que claro que se encontraba deseoso por mis actos. No era el único que deseaba estar cerca del otro, no era el único que quería sumergirnos en un mar de caricias y besos, por lo menos es lo que quería pensar.
No quería dar lugar a dudas, no podía aunque quisiera, había pasado tantos días preocupado por él, que casi se sentía irreal el tenerlo ahora tan cerca y tan vulnerable a mis caricias. Coloque ambas manos por detrás de su cintura, acercándolo más a mi cuerpo, con la intención de hacer más íntimo nuestro encuentro. Dirigí mis labios a uno de sus pezones, lamiéndolo y chupándolo delicadamente, el cual se endurecía a medida que pasaba mi lengua a su alrededor. El llevó sus manos a mis hombros, apretándolos un poco al ritmo que succionaba su pezón. Habiendo considerado haber acariciado lo suficiente a uno de sus pezones, cambie al otro, pero esta vez moviendo mis manos en su espalda de arriba a abajo, expandiendo mis palmas lo más posible para abarcar el mayor espacio en ella, queriendo poseerlo.
Delicados sonidos de gemidos no se hicieron esperar en mi amante. Tenía la boca entre abierta, por donde salían suspiros y gemidos que casi parecían un ronroneo. Parecía estar extremadamente más sensible que otras veces que habíamos estado juntos. No era el único, apenas habíamos comenzado, pero mi erección estaba tan crecida que era un poco vergonzoso pegarme totalmente a él, ya que sentiría que tan necesitado estaba de su cuerpo, que tan loco me tenía, por lo que me limite solo a juntar mi boca con su pecho y mis brazos en su espalda.
No pasó mucho cuando sentí la necesidad de querer tener más de él, poseerlo completamente, ahí, ahí mismo, sin importar nada. Baje mis besos hasta su ombligo, teniendo que doblar mis rodillas para no estar muy incómodo. El cambio sus manos de mis hombros a mi cabeza, acariciando suavemente mi cabello, mientras gozaba de mis besos por todo el alrededor de su ombligo. Baje mis manos lento por sus muslos, disfrutando del tacto de su suave piel. Llegue al vendaje de su pierna lastimada elevándola un poco en el aire para sacar su muslo del agua, empezando a desabrochar el broche de las vendas, conteniendo las ganas de hacer miles de cosas con él en ese momento. Con ambas manos fui desenvolviendo poco a poco las vendas en su pierna, dejando un beso por cada línea de vendas que quitaba. Una vez terminado de quitarla por completo, baje de nuevo su pierna. Lo tenía delante de mí con una única prenda que cubría su parte intima, la cual me hizo sentir satisfacción al ver que ya había empezado a reaccionar a mis caricias. Sin pensarlo mucho, eleve mi mano derecha por todo su muslo, dirigiéndome a su miembro. En cuanto llegue a su parte intima, Guillermo dio un respingo junto con un gemido mezclado con sorpresa. Eso provocó un poco de ternura en mí, por lo que subí de nuevo hasta sus labios, empezando a saborearlos con los míos, dándole besos húmedos y llenos de pasión. Seguí besándolo en su cuello, obteniendo de su parte muchos gemidos, sabía que esa era una de sus partes más sensibles. Aprovechando que estaba gozando mucho de mis besos, deslice mis dedos hasta el resorte del bóxer que llevaba puesto, bajándolo rápidamente antes que reaccionara. Al percatarse de ésto me miro nervioso, yo le sonreí juguetón pegándolo a mi cuerpo para que sintiera que tan duro estaba por lo que hacíamos. En ese momento también pude sentir su erección la cual estaba casi igual que la mía. El bajó su mirada sonrojado, me parecía realmente tierno que aun después de haber tenidos encuentros íntimos antes, aun se sonrojara por cosas como esa.
Sin aguantarme más tiempo, dirigí mi mano a su miembro, acariñándolo de forma lenta piel con piel. Lo cual provocó que un sonoro gemido se escapara de los labios de Guillermo. Él más sonrojado que antes llevó una de sus manos a su boca, queriendo cubrir el fuerte gemido. Pegué mi frente con la suya, empezando a subir y bajar mi mano por todo su miembro de forma más rápida. Sujetó más fuerte su boca con la mano, queriendo retener sus gemidos con mayor fuerza. Me preguntaba cuando tiempo aguantaría reteniéndolos si seguía aumentado la velocidad poco a poco.
-Vamos nene, no tienes que resistirte conmigo –Le susurré en su oído mientras subía más la velocidad de mi mano.
Aun manteniendo su postura terca, apretó más la mano sobre su boca, cerrando fuerte sus ojos, pero su respiración se volvió más agitada.
-Oh nene… déjame escucharte, si lo haces te dejaré beber mi sangre de una vez.
Guillermo abrió un poco sus ojos, mirándome con un rojo intenso en sus mejillas. Quitó despacio la mano de su boca, dando pasó libre a sus gemidos.
-Ahhh…ahh! –Gemía sonrojado.
-Así me gusta nene –Le susurre al oído mientras acercaba mi cuello a sus labios.
El entendió la indirecta, por lo que atacó como una fiera a mi cuello, clavando fuerte sus colmillos. Esta vez fui yo quien dio un gemido de sorpresa, ni quiera las otras veces que habíamos estado juntos se había lanzado tan a lo bestia por mi sangre. Pero por otro lado sus caricias se volvieron más posesivas, más intensas, estaba tocándome por todos los lugares que le eran posibles alcanzar, haciéndome gruñir por la excitación. Cada que succionaba muy fuerte mi sangre, no podía evitar gemir un poco por el dolor punzante que producía. Pero no me importaba, el dolor era mínimo en comparación con el placer que me hacía sentir tenerlo tan deseoso por mí. No pare de masturbarlo, hasta que sentí que había tomado bastante de mi sangre, cuando empecé a sentirme un poco débil.
-Guillermo… -Dije en voz baja mientras detenía por completo mi mano que estaba en su miembro.
Parecía que realmente le costaba detenerse, porque bajo un poco la intensidad en que tomaba mi sangre, pero seguía prendido a mi cuello.
-Willy… por favor… -Supliqué.
Guillermo apretó fuerte sus ojos, aferrando sus manos a mi cuerpo, pero se alejó lentamente de mi cuello, no sin antes darle una delicada lamida a la zona que había dejado la marca de sus colmillos. Lo miré mientras relajaba su rostro, así como su agarré en mi cuerpo. Abrió los ojos para encontrarse con los míos, casi de inmediato bajo su mirada.
-Lo siento… - Dijo con evidente tristeza.
-¿Por escucharme?... Gracias Willy… –Le dije mientras lo abrazaba pegándome lo más posible a él. –Ahora… continuemos.
Antes de que Guillermo reaccionara, tome su rostro para besar sus hermosos labios. Primero lento, pero a medida subía el ritmo de mis besos, movía mis manos por su espalda. Los dos aun estábamos muy excitados, lo sabía por el tamaño en que se encontraban nuestros miembros. En un momento, cegado por la excitación del momento, cargué a Guillermo en mis brazos llevándolo a unas rocas que estaban en la orilla del lago, lugar donde deposite a Guillermo para que se sentara ahí. Él estaba casi por completo fuera del agua, salvo de sus pantorrillas a sus pies. Yo por otro lado aún estaba dentro del lago siendo cubierto por ésta hasta la cadera. Recorrí sus muslos con mis manos, de arriba a abajo, intenté separar sus piernas para poder meterme entre ellas, para de esta forma alcanzar sus labios. Pero por alguna razón, el las cerró en seguida, mirándome con una cara de reprobación, dejándome sus labios demasiado lejos para besarlos. Lo miré incrédulo, por lo que en un rápido movimiento, hice que se acostara recargando toda su espalda en la maleza. Salí más del agua, exponiéndome más abajo de los glúteos, para poder alcanzar sus labios. Lo besé posesivo, aunque no me había dicho que no directamente, aquella acción había lastimado mi orgullo. Al principio no correspondía mucho mis besos, pero termino por dejarse llevar, mientras acariciaba mi espalda.
No pasó mucho cuando empecé a bajar por su cuerpo, dejando marcas en su piel por el camino de besos que hice hasta bajar por debajo de su ombligo. Tenía su miembro justo delante de mi, por lo que no lo pensé dos veces y lo tome con una de mi manos para acariciarlo. Miré a Guillermo el cual me miraba excitado, con la respiración agitada, me encantaba verlo así. Quería probarlo de todas las formas posibles, hacerlo mío. Subí mis dedos a la cabeza de su miembro, acercando mi boca a él. Primero lo lamí lentamente por toda su cabeza. Guillermo arqueó su espalda ligeramente mientras soltada un gemido tan provocador que decidí llevarlo dentro de mi boca. Otro gemido fue lo que obtuve de respuesta, mientras colocaba sus manos de nuevo en mi cabeza apretando mis cabellos. Seguí metiendo su miembro en mi boca, logrando que esta llegara cada vez más al fondo de mi garganta, ya que entre más la metía dentro de mi boca, más fuerte gemía Guillermo. Succioné fuerte varias veces su falo, empezando a sentir como su cuerpo empezaba a temblar ligeramente.
-¿Te gusta? –Le pregunté mientras detenía el ritmo de mi felación, oh… claro que le gustaba.
-Si… -Fue lo único que dijo.
-¿Quieres que siga?
-… -No quería responder, solo se puso más rojo por todo su rostro.
-Vamos nene… solo tienes que pedírmelo. –Me miró avergonzado, se podría decir que estaba hasta un poco molesto, pero sobre todo se veía excitado.
-Si… sigue por favor… -Soltó al fin.
Con una sonrisa de satisfacción, volví a meter su miembro en mi boca, estaba vez haciendo más rápidos los movimientos, logrando llevar su falo hasta el fondo de mi garganta en cada una de las felaciones que le hacía. Sus gemidos se dispararon rápidamente, sin poder controlarse. No aguantó mucho la intensidad con la que movía mi lengua, cuando vi que su cuerpo empezó a tener espasmos, a su vez que arqueaba más su espalda y clavaba sus uñas en la mía, supe no que aguantaría mucho tiempo más. Su cuerpo llegó al clímax, con un gemido que intento ahogar con todas sus fuerza, pero no lo logró en su totalidad. No me importó recibir toda su esencia en mi boca, porque era de él, de esa persona que me tenía loco. No me pareció en lo más mínimo repugnante, al contrario, me hacía sentir satisfecho el saber que podía hacerlo tocar el cielo.
La respiración de Guillermo estaba agitada, su mirada estaba entre cerrada pero fija en la luna que resplandecía en el cielo. Quizás era estúpido de mi parte, pero no pude evitar sentir una punzada en mi pecho por que no era a mí a quien miraba tras haber tenido el orgasmo. Subí a su rostro, tapando todo lo que tenía de vista a su alrededor, queriendo ser el único en ella. Lo miré serio, mientras acaricia su mejilla, él me miraba atentamente intentado recuperarse de lo sucedido.
-Te quiero Guillermo… -Le dije serio. – No quiero que veas a nada más que a mí.
Antes de que respondiera, ataque sus labios apresándolos con los míos. Mi miembro aún estaba erecto, además de que esto aún no terminaba, aun no lo tenía por completo para mi. Empecé tocándolo por su pecho, su sin cintura, sus caderas, luego me dirigí a sus muslos, para finalmente hacerme paso entre ellos muy cerca de su entrada trasera.
-Ahh!... espera. –Dijo agitado mientras me detenía mi mano con una de las suyas.
No podía detenerme, no a estas alturas. Estaba muy excitado, necesitaba más de él, quería tenerlo como nunca lo había hecho antes. Necesitaba pegar mi cuerpo a él para llegar juntos al éxtasis, lo quería todo, en ese momento. No pasó ni un segundo, cuando tenía la boca de Guillermo atrapada en la mía, besándolo de forma posesiva, apasionada, con desesperación. Si, quería hacerle saber que tan desesperado estaba por tenerlo, cuando lo deseaba. Guillermo luchaba con seguirme el ritmo, un poco dudoso, pero sus manos empezaron a acariciar mi espalda. Metí mis manos en entre sus piernas de nuevo, deseando que no se negara como hacía unos momentos.
-Samuel… no, espera… -Lo escuche decir.
No quería escucharlo, quería darle todo lo que sentía por él, necesitaba más. Empecé a separar sus piernas, pero el oponía un poco de resistencia.
-Samuel detente… -Volvió a decir un poco más desesperado.
Llegué a su miembro acariciándolo por todo el falo, éste estaba volviéndose a poner duro, por lo que era una buena señal. Baje un poco mi mano, llegando a sus bolas, acariciándolas delicadamente, él no podía reprimir sus gemidos, lo que me dio más valor para continuar. Estaba encaminando más adentro mi mano, en busca de su entrada trasera, pero tomó mi mano muy fuerte, incluso más que la primera vez que no vimos en aquella celda en las mazmorras.
-¡Dije que NO! ¡Joder! –Gritó entre una mezcla de furia y nerviosismo.
Me empujo lejos de él, incorporándose rápidamente, con una cara llena de enojo y pánico. No lograba entender por qué el cambio tan repentino, de un momento a otro ya no era el de hace unos minutos. Me quede en shock mirando cómo se abrazaba así mismo, con los ojos rojos a punto de estallar en lágrimas. No me había dado cuenta que tan jodido estaba, qué cuando me decía que me detuviera, lo decía porque enserio lo estaba hiriendo de alguna manera. Se dirigió hacía mi ropa, la tomó y empezó a ponérsela con excepción de la ropa interior. Yo solo lo observaba sin saber que decirle, de alguna manera la había cagado pero no sabía por qué, pero al parecer lo había dejado realmente perturbado. Me dolía verlo así, porque yo era el causante, sin saber cómo ni tener la intención, lo había lastimado, se veía realmente jodido. Salí del agua queriendo acercarme a él, extendí mi mano queriendo ponerla en su hombro, quería abrazarlo, hacerle saber que no eran mis intenciones el hacerlo sentir mal, que me preocupaba por el estado en que se encontraba, pero él respondió antes que lo hiciera.
-NO ME TOQUES… por favor… -Gritó un tanto desesperado.
Lo mire con los ojos abiertos, no podía creer lo que estaba sucediendo. Otra vez estaba rechazándome, después de que todo estaba yendo bien. Después de todo lo que había pasado, estaba temiendo que lo tocase. Sentí como mi corazón dolía, dejándome un hueco que succionaba como si fuera un hoyo negro a todos los sentimientos hermosos y agradables que había estado sintiendo hasta hace unos momentos.
-Guillermo yo-
-Voy a ir a la enfermería… -Me interrumpió –No me sigas… o me iré de la hoguera en cuanto tenga oportunidad.
Emprendió camino hacia la Hoguera, dejándome al lado del lago tan confundido que no me di cuenta hasta más tarde de que la única ropa con la que tendría que regresarme a mi habitación seria mi ropa interior. No entendía lo que había hecho como para herirlo de esa manera, quizás estaba yendo demasiado rápido, él debió de haber sentido miedo por lo que quería hacer… pero, estaba a punto de estallar en lágrimas antes de irse ¿Acaso había sido demasiado brusco? No creía haberlo sido como para lastimarlo, pero aun así, estaba seguro que no había sido su imaginación que lo había hecho ver cosas, porque efectivamente Guillermo había huido de él. No tenía caso seguir mirando a la nada en la orilla de aquel lago mientras estaba completamente desnudo, no, tomé mi ropa interior y regresé a mi habitación con mucho cuidado de no ser descubierto. Darle tiempo a solas a Guillermo quizás era lo mejor que podía hacer en ese momento, pero, no podía dormir, por más que lo intentara un mal presentimiento no me dejaba tranquilo, era extraño, pero sentía que de alguna manera las cosas solo empeorarían a partir de ahora.
Abrí lentamente mis ojos mientras mi vista se aclaraba, estiré mis brazos colocándolos por encima de mi cabeza, giré mi cuerpo de lado mirando a la esquina de mi habitación que tenía al frente. Por alguna razón no tenía ganas de salir de la cama, tenía el presentimiento de que este día seria como una patada en el culo. No pude evitar recordar todo lo que había pasado anoche, lo feliz que estaba por su recuperación, la absorbente pasión que sentí al tenerlo entre mis brazos y la incertidumbre de verlo tan quebrado, tan asustado… de mi. Cerré los ojos queriendo alejar esos sentimientos que me generaban tantos conflictos. Fue entonces que escuche que alguien tocaba mi puerta. Me levante de mi cama con una ganas horribles de tirar todo a la mierda, porque así me sentía, como una gran mierda. Abrí la puerta, para mi sorpresa, se traba de Mangel, el cual me miraba preocupado.
-Buenoh diah Samuel –Dijo no muy efusivo.
-Hola Mangel…
-No te veh muy bien, ¿Estah bien?
-Si… ¿Por qué has venido? –No pude evitar sonar grosero.
-Bueno, primero… Guillermo ya se ha dehpertado –Hizo una pausa para luego sonreír – Aunque supongo que eso ya lo sabeh.
Sonreí de lado, seguramente había visto que Guillermo llevaba mi ropa del día anterior. Un alivio se coló por mi cuerpo, por lo menos me traían buenas noticias, viejas pero buenas.
-Y… Samuel, tu madre quiere hablah contigo, solicita tu presencia en la sala de reunioneh.
Ahora entendía por qué cuando abrí la puerta se miraba preocupado, lo miré preguntando si sabía que era lo que quería mi madre. Si quería verme en la sala de reuniones, seguramente sería con junto con el resto de los ancianos, lo cual significaba que algo importante tendría que decidirse o bien, se había decidido. Mangel solo agacho su mirada, no queriendo decir que es lo que sucedía, quizás no sabía nada o no estaba bien enterado, pero cualquiera que fueran sus sospechas no quería compartirlas conmigo. Asentí para Mangel, indicándole que en un momento iría, cerré la pieta para comenzar a cambiarme, necesitaba ir lo más formal posible a estas reuniones. Cuando termine de prepararme para la reunión, me encaminé entre los túneles rápidamente para no seguir haciendo esperar a mi madre y los consejeros. En cuanto abrí la puerta mi madre me recibió con un abrazo, llena de felicidad, los consejeros nos miraban desde atrás. Se separó de mi manteniendo esa sonrisa de satisfacción la cual conocía muy bien, era esa sonrisa que tenía cuando algo que quería hacer lo lograba, cuando se salía con las suyas.
-Hijo mío en hora buena –Dijo manteniendo la sonrisa.
-¿Eh? ¿De qué hablas? –Pregunté confundido.
-Samuel… no había querido decir nada hasta tenerlo todo listo, en estas cosas nunca se sabe que pasara o si las cosas saldrán como uno espera.
-Madre… no entiendo…
-Ven déjame presentarte. –Me jalo hacía más al fondo de la sala, justo al lado de tres personas que me miraban expectantes, así como también los consejeros –Quiero presentarte a Shajar líder del clan del norte de África, su esposa Tamara y su hija Sahara.
Los tres tenía puestos sus ojos color miel fijos en mi, inspeccionándome. Eran de tez oscura, como era de esperarse por ser de África. Su pelo eran negro azabache, los tres tenían rastas, pero con diferente peinado claro. No pude evitar poner una cara de confundido, al no entender el por qué de su presencia en nuestra guarida. El padre me sonrió ligeramente, pero más que parecer un gesto de amabilidad, pareció que sus intenciones fueron no más que enseñar sus dientes que habían sido afilados dándole una apariencia más caníbal, más salvaje.
-Entonces… tu eres el líder del famoso clan de Europa, hijo de Cerberus –Se notaba que su idioma era alguno otro diferente, porque a pesar de haber dicho las palabras correctas, la forma en que las pronunciaba no era muy natural. –Eres muy joven como para ser un líder.
-Quizás lo sea, pero intento llevar a mi pueblo con la misma sabiduría que con la que lo haría mi padre.
-Bueno… seguramente más abajo no los podrías llevar… -Dijo de forma para nada amable, lo cual me hizo apretar los puños, pero sabía que debía controlarme. Por lo que solo me limite a sonreír.
-No le digas esas cosas a tu futuro yerno –Dijo de repente su esposa, la cual me sonreía de forma amable.
Espera ¿Qué? ¿Acaso había escuchado bien? No podía ser, yo no estaba enterado de nada de eso. ¿Yerno? ¿Acaso estaba comprometido? Mire a mi madre en busca de respuestas, ¿cómo había pensado en conseguirme esposa sin consultarlo conmigo?
-Me alegra tanto que hayan aceptado mi propuesta, no pensé que fueran a llegar inmediatamente acá. –Le contestó mi madre a Tamara, las cuales se veían más que felices por la situación.
-A nosotros los “Colmillos blancos” no nos gusta perder el tiempo –Contestó Shajar.
-Madre yo no estaba enterado de nada de esto. –Dije tajante e interrumpiendo la felicidad de ambas madres.
-Hijo mío… esto no está en discusión… es algo que decidí poco antes de hacerte el líder… los consejeros también estuvieron de acuerdo. –Explicó mientras miraba a los consejos y estos asentían en aprobación del matrimonio. –Tu unión con Sahara es algo necesario.
Sahara me miraba fijamente, con una pequeña sonrisa en su rostro, sus ojos eran penetrantes, grandes como dos aceitunas. Sus rastas estaban sujetas en una media cola que dejaba descubierto todo su rostro. Tenía una belleza salvaje, tenía que admitirlo, un cuerpo esbelto bien torneado. Pero aun así no podía evitar sentir ese dolor en el pecho, ese dolor involuntario que demostraba lo furioso que estaba, lo mal que me sentía porque la situación. Solo quería salir de ahí, eh irme lejos, lo más posible. Pero con la compañía de una única persona, esa persona que me había dejado en la mitad de la noche tan confundido, a la cual había lastimado de quien sabe qué forma, esa persona que no podía corresponder mis sentimientos por más que lo deseara, porque quizás, esa persona, no podría quererme, nunca.
Casi perfecto - Fanfic Wigetta Capitulo 9
Wiii lo terminé justo a tiempo ^^ espero que el capitulo se de su agrado, tiene un poco de todo, él siguiente puede que este un poco subido de tono, me gustaría saber su opinion, si quieren que sea muy especifica con el lemmon o que no lo sea, osea que me me digan si quieren que sea en plan lime o soft lemmon o lemmon. Les deseo un buen fin de semana :D! Yo me la pasaré haciendo tarea y estudiando a partir de ahora u.u Enserio que muchas gracias por leer mi fanfic, no parece que sean mucho capitulos pero en total van mas de 36000 palabras :D y si lo divides entre el numero de palabras que generalmente tiene un capitulo de un fanfic que son 1500 daría un total de 24 capitulos! OMG enserio muchas gracias por tomarse el tiempo de leer hasta este punto, tengo muchas cosas pensadas para este fanfic que creo que ni se imaginan ^^
capítulos anteriores:
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Capitulo 9:
Narra Guillermo:
Sus intenciones solo eran alargar mi muerte, porque de esta forma era muy difícil que muriera, seguramente lo sabía pero quería provocar sufrimiento en mi. Pero no pasó mucho para que quitara uno de sus brazos en mi cuello. Para llevarlo a mi pecho, al nivel donde se encontraba la abrazadera, empezó a presionarla contra mi cuerpo encajando los pinchos en mis costillas, poco a poco sentí como las iba pegando más y más a ellas, haciendo que algunos pinchos se enterraran mucho en mis músculos intercostales. Si seguía así estas podían llegar a atravesar hasta mis pulmones y corazón.
El dolor se estaba volviendo insoportable, mi piel, músculos y huesos siendo presionados por pinchos, era una sensación tan dolorosa que no pude evitar gritar. Llegado a este punto, lo peor que podía pasar es quedar vivo después de que terminara de encajar totalmente los pinchos en mí, porque la recuperación sería más larga de lo normal, lo órganos siempre tardaban mas en recuperarse. Quizás acabar con la vida que ahora llevaba era mucho mejor que seguir viviendo… no tenía un hogar, ni familia, ni nada. Mi destino no pudo ir más de mal en peor, había pasado te nerlo “todo” o por lo menos de tener un hogar, una persona que me quería, esa persona era Caroline, un destino, un propósito en la vida… pero todo eso se había esfumado como los pequeños charcos que se forman después de una larga lluvia. Ahora todo era diferente. Quizás, solo quizás, solo eh estado huyendo de mi destino todo este tiempo, salvándome una y otra vez, cuando en realidad debí de haber muerto hace mucho.
Deje de luchar, deje de gritar. No quería seguir con todo esto, no quería ir en contra de mi destino por más tiempo… solo me dejaría llevar, si era eso lo que me deparaba lo aceptaría, abrazaría a la muerte como si fuera mi salvación, porque de alguna u otra manera así lo era. Sentí como se metía los pinchos más dentro de mi, pero no me importo. Solo tenía que esperar a que el joven lobo terminara su trabajo, llevarse mi vida.
-Veo que ya no luchas como al principio –Sonrió satisfecho.
-Solo haz lo que tengas que hacer gilipollas…
Cerré mis ojos esperando, deseando que todo esto terminara ya. Pero el olor de una persona especial hizo que abriera los ojos a la par, incluyendo el que estaba lleno de sangre. No lo podía ver por ningún lado, pero no había error, él estaba muy cerca. No pasó ni 3 segundos cuando apareció en la escena, corriendo a gran velocidad, rabiando de furia. Si, se trataba de aquel hombre lobo que me había entregado su corazón no sé cuántas veces, que había despertado en mi sentimientos y deseos que jamás en mi larga vida había experimentado, ese ser intenso y pasional que me desconcertaba por la forma en que me veía y trataba, la única persona que me había profesado tantos sentimientos, esa por la que nunca llegue a escapar de la hoguera… Samuel.
-¡Trevor! ¡Hijo de puta! –Gritó mientras lo tomaba por un brazo y lo lanzaba lejos de mí.
Su cuerpo fue a dar a los barrotes de la celda, sorprendido por la llegada de Samuel, el cual lo miraba con una cara más que furiosa. Se reincorporo lo más rápido que pudo, tomando una pose amenazante, preparándose para lo que venía.
-¡¿Por qué defiendes a esta sanguijuela?! ¿Enserio me darás la espalda por esta creatura? –Le grito enojado el tal Trevor.
-Porque quiero, puedo y así lo hare ¡gilipollas!
El cuerpo de Samuel empezó a transformase, su pelo castaño se tornó oscuro a medida que le salía por todo sus extremidades, su cuerpo también se hizo más alto, grueso y más musculoso. Era la segunda vez que lo veía de esa manera, era en verdad muy imponente, pero su enemigo era casi de su mismo tamaño. Este empezó a transformarse al igual que Samuel, tal y como sospechaba se traba del hombre lobo más grande del grupo de 3 que me había atacado antes. Intercambiaron miradas enfurecidas, enseñando sus filosos dientes el uno al otro. El primero en atacar fue Samuel, lazándose sobre él tomándolo con sus brazos. Estaban intercambiando varios golpes con Samuel encima, lo que le daba ventaja. Pero no pasó mucho para que su enemigo, Trevor, le diera un certero golpe en su hocico, haciendo que perdiera el control sobre él. Estando los dos incorporados se unieron de nuevo en una lucha de fuerza, los dos parecían igual de fuertes, pero el tiempo era importante y el más experimentado cazador, Trevor, parecía tener más resistencia, por lo que Samuel empezó a cansarse. Estaba siendo empujado de espaldas al suelo por su oponente, pero en un rápido movimiento y aprovechando la fuerza del contrario se movió y giró haciendo que la fuerza de los dos los llevara al suelo con él encima. Samuel le dio un atinado golpe en el pecho a Trevor, provocando una cara de dolor en él. Tomó sus brazos impidiendo sus movimientos al parecer ya estaba cansado y lastimado por la batalla que había tenido contra mi hace un rato, por lo que se le dificultaba mucho quitar de encima a Samuel. No tenía oportunidad, Samuel estaba fresco, casi sin ningún golpe salvo el que le había hecho en la cara hace unos momentos.
Por otro lado, yo me encontraba en las últimas, todo lo que había hecho hasta el momento era perder y perder sangre. Ya no podía sentir ni las piernas, ni lo brazos, porque la sangre en mi cuerpo era mínima. Por lo que no era de extrañar el empezar a sentirme mareado, él único ojo con el que veía empezó a nublarse, impidiéndome seguir viendo la batalla. Mi mundo se volvió oscuro de nuevo, ese mundo con el que me había vuelto tan familiar, un lugar al que siempre terminaba yendo.
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“Paseaba por las habitaciones del castillo, buscando impaciente a mi madre, a pesar que sabía que posiblemente no quería verme. Tenía días que no la miraba desde la última vez que había sido castigado por ella. Pensaba que si la dejaba sola por unos días ella se sentiría mejor, pero ya no podía estar lejos de ella por más tiempo, necesitaba ver a mi madre. Llegue a una de las habitaciones cercanas a la habitación de mi padre, eso lo sabía, pero no era un lugar al cual iba mucho. Pero entre más me acercaba al lugar más fuerte sentía la presencia y olor de mi madre. Abrí la habitación donde sentía que estaba, entonces el olor de mi padre se hizo más intenso, haciendo obvio que él también se encontraba en la habitación. Me asomé con mucho sigilo por la puerta, encontrando a mis padres en una clara discusión.
-¿Hasta cuándo irás a ver a tu hijo? –Preguntó con una irritabilidad notable mi padre.
-Cuando quiera… -Respondió por lo bajo.
La actitud de mi padre se volvió más violenta, apretando a mi madre por la muñeca, claramente enojado por su vaga respuesta.
-¡Lo mínimo que podrías hacer es cuidar a ese!... ese… niño...-Le gritó.
Mi madre no se inmutó, ni cambio de expresión en todo momento, simplemente estaba con la misma cara expensa de sentimientos como siempre. Pero una pequeña sonrisa se asomó en su rostro.
-Me sorprende que lo reconozcas como un niño… -Dijo manteniendo su tono bajo y sin vida.
Mi padre enfurecido levanto su mano para darle una fuerte bofetada a mi madre, la cual no hizo nada más que poner su mano en el lugar donde había revivido el golpe, pero sin cambiar la expresión en su rostro.
-No me importa porque lo tomes tú, pero ya hemos hablado muchas veces de esto –De pronto suavizo su mirada, parecía arrepentido por lo que acaba de hacer, tomó en sus brazos a mi madre, tratando de consolarla… pero como siempre no había respuesta por su parte –Oh mi querida Chang’e… espero que algún día me perdones y puedas amarme.
De pronto sentí como algo tocaba mis pies, miré hacia abajo y se trataba de Ying mi querido amigo, la presencia de otra persona me hizo la levantar la vista a uno de los fondos del pasillo, se trataba de Annie, la cual me hacía una señal con su mano para que fuera con ella. Asentí y con mucho cuidado cerré la puerta, intentado olvidar lo que había escuchado y visto.”
Empecé a recobrar la conciencia, odiaba cuando mi mente me hacía pasar malos ratos haciéndome recordar aquellos momentos dolorosos que quizás de niño no terminaba de comprender, pero ahora todo estaba claro para mí, pero de cualquier forma simplemente quería olvidarme de todo aquello. Intenté mover un poco mi cuerpo, pero sentí que algo me impedía moverme libremente. Sentí algo pesado en mi estómago, además de dolor por todo mi cuerpo. Abrí los ojos lentamente, tratando de enfocar lo que había a mi alrededor. Se hizo evidente que estaba en una habitación para las personas heridas, lo sabía porque no era el único que estaba recostado en una camilla, a parte de todos los artilugios raros que había por la habitación. Mire hacia abajo, buscando aquello que hacía que mi estómago se sintiera incómodo. La sorpresa llego a mí al percatarme que se trataba de la cabeza de Samuel que se encontraba arriba de mí, el muy pringado se había quedado dormido. Fue entonces que vi todas las vendas que tenía mi cuerpo, sobre todo mi pecho, brazos, manos y una pierna.
No tenía ni idea de cuánto tiempo había dormido, pero por lo menos por las vendas se podía deducir que mis heridas no estaban abiertas, pero eso no quitaba que dolieran. El cuerpo de un vampiro se recupera rápidamente, pero eso no quita que las heridas duelan después de haber cerrado, ya que quedaban adoloridas incluso por el proceso de sanación. Había muchas preguntas en mi cabeza, antes de perder la conciencia, era evidente que Samuel tenía ventaja, pero de cualquier forma quería saber que había pasado. Lo único que me tranquilizaba era verlo dormir tranquilamente como un niño pequeño encima de mí, sabía que se encontraba bien. A pesar del dolor en mi brazo y mano, lo moví acariciando su rostro, sus ojos grandes y profundos que ahora se encontraba cerrados, sus labios delgados y finos, sin mencionar su nariz griega que le daba un toque muy varonil.
El dolor físico no era lo que me preocupaba en este momento, no, me preocupaba más el pensar lo difícil que ha sido el mantenerme lejos de él, el dejar de preocuparme por él se me hacía algo imposible así como el dejar de pensar en Samuel. A pesar que me había decido alejarme de él lo más posible, pensando que es lo mejor… por que posiblemente si lo era. Pero por alguna razón no podía, mi cuerpo me jalaba a la perdición que Samuel simbolizaba para mí. Lo necesitaba, por más que quisiera negarlo.
Debido a mis caricias Samuel se empezó a remover, para luego empezar abrir sus ojos lentamente. Parpadeo rápidamente unas cuantas veces, intentado despejar su vista. Baje mi mano rápidamente, para evitar ser descubierto. Sus ojos se encontraron con los míos… pude ver claramente como su mirada así como su cuerpo se relajaban, como si se hubiera quitado un peso de encima. Tomó la mano que había quitado antes, pegándola a su rostro, inhalo fuertemente cerrando sus ojos, como disfrutando de mi olor.
-Soñé que me acariciabas el rostro… -Dijo débilmente mientras besaba las vendas de mi mano.
-Tienes sueños muy… raros… -Dije con una sonrisa burlona, la cual fue correspondida.
-Si yo te contase….
No supe como interpretar aquello, por lo que simplemente me quede callado, sin saber que decirle. Hubo un pequeño silencio que fue interrumpido por Samuel.
-¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? –Preguntó preocupado.
-Si… solo un poco adolorido.
-Me tenías muy preocupado, hubo momentos que dejaste de respirar y tu corazón latía muy lento… pensé que te perdería para siempre. –Dijo triste mientras tomaba mi mano con las dos suyas, envolviéndola.
-Yo… no quería preocuparte…
-Pero lo haces Guillermo… ¿Por qué peleaste contra tres hombres lobo si sabias que tu cuerpo no se ha estado alimentando como se debe? –Dijo con un tono molesto. –Creo que no has entendido lo importante que eres para mí.
-Lo siento… quizás me lo merecía.
-No Guillermo… eh hablado con Trevor antes y créeme que gracias a ti muchos de nosotros estamos vivos, la muerte hubiera llegado a más de mis compañeros, si no hubieras hipnotizado a esos vampiros no sé qué hubiera pasado.
-Pero ellos venían a por mí… por mi culpa-
-Guillermo… tarde o que temprano nos hubieran encontrado y atacado, aun que tu no estuvieras aquí.
Ahora que lo decía eso era muy posible. Si mi padre se enterase de la existencia de los sobrevivientes del clan de Cerberus los hubiera mandado a aniquilar en el mismo momento, sin dudarlo. Desvié la mirada a uno de los rincones de la habitación, queriendo dejar la plática. Lo que menos quería era poner a pensar a que gracias a mi familia ellos vivían en estas condiciones.
-¿Qué sucedió con Trevor? –Le pregunte intentado cambiar el tema.
-Yo… eh tenido que hablar con los ancianos, pero al final termine convenciéndolos de exiliarlo del clan.
-¿A los tres?
-Cuatro… el que me había llamado para ir con los ancianos también era su cómplice…
-Oh… ya veo…-Eso explicaba algunas cosas.
-Los otros tres no fueron exiliados, solo su líder… pero la próxima vez no seré tan indulgente con un simple exilio.
-No creo que haya sido una decisión fácil…
-Para mí lo fue Guillermo… Había dejado en claro que nadie podía tocarte, que nadie podía hacerte daño, no tenía mucho apoyo de los ancianos porque eres un vampiro y Trevor uno de nosotros… pero me las arregle para que recibiera su merecido.
Otro silencio se hizo en el lugar, parecía que no hacía más que darle problemas a Samuel, me sentía un poco avergonzado, sobre todo por el montón de veces que le había dicho que me podía cuidar solo, pero heme aquí vendado por todas partes. De pronto me acorde de algo importante.
-Oye… ¿cómo esta Frank?
-El está bien, no ha terminado de recuperarse, pero ya está consiente desde hace unos días, solo que aún no ha podido ir de caza. Debo agradecerle, por intentar ayudarte.
-Ya veo…
Baje mi rostro, avergonzado por todos los problemas que había causado. Samuel se acercó a mí, juntado su cabeza con la mía.
-¿Qué sucede? –Susurró mientras acariciaba mi rostro con su mano derecha.
-Nada… solo… lo siento.
-No tienes que disculparte Guille… -Dijo dulcemente.
-¿Guille?... –Dije divertido.
-¿No te gusta?
Fue entonces que recordé los tontos sobrenombres que se ponían Frank y sus amigos, por lo que me vino una pregunta a la mente.
-¿Cómo te dicen?... tus amigos –Le pregunté.
Una sonrisa tonta se coló por su rostro, no muy seguro de decírmelo, como si le causara gracia algo.
-Vegetta… me dicen vegetta…
¿Vegetta?... ¿Enserio? –Le pregunté divertido, enserio que sus sobrenombres eran muy originales… demasiado diría yo.
-Si… es una larga historia…
-¿Aja?... –Le dije esperando su “larga” historia.
-Bueno… lo que sucedió es que cuando era un niño… intenté ser vegetariano…
Me quede mirándolo sin poder creérmelo ¿Era enserio? Un hombre lobo vegetariano, eso era imposible. No pude aguantar una sonrisa burlona, y la risa amenazaba por salir.
-¿Y cómo te fue con eso eh? Verduritas –Dije en burla.
-Pues no duré ni una semana, pero con eso les basto para joderme toda la vida. –Dijo con un puchero, como un niño pequeño.
Estaba a punto de soltar una carcajada, enserio que es tonto, desvié su mirada para no escupir mi risa en su cara, pero me estaba logrando controlar muy bien. Samuel me tomo por el rostro, haciendo que lo mirara de nuevo.
-No te rías de mi… o ya verás Guille. –Dijo en un tono más que nada insinuante.
-Oh… ¿es algo peor que llamarme Guille? –Le pregunte divertido.
-Voy a callarte… a besos…
Antes de siquiera poder reaccionar la boca de Samuel ya estaba encima de la mía, moviéndose dulcemente. Tarde un poco en reaccionar, pero empecé a corresponder sus movimientos. Me encantaba la sensación de sus labios besándome, eran tan cálidos que hacían que mi cuerpo no se sintiera frio, sino todo lo contrario. Pero Samuel se separó de mí después de un momento, dejándome confundido por su lejanía.
-¿Entonces no te gusta que te llame Guille? –Preguntó.
-No…
-Mmmm… ¿Qué te parece…. –Se tomó unos segundos pensando como si fuera algo realmente importante. -….Willy?
Willy… no sonaba nada mal. De hecho me gustaba como sonaba, era simple, pero muy bonito.
-Si… Willy me gusta… -Le dije sonriéndole débilmente.
Me regresó la sonrisa satisfecho, para luego volver a unir a nuestros labios en un cálido beso. El beso al principio era despacio, disfrutando lentamente el uno de otro. Pero en un instante de nuestro momento íntimo las cosas se envolvieron en un manto de deseo, queriendo más el uno de otro, abrimos nuestras bocas profundizando el beso. Nuestras lenguas se rosaban la una con la otra demostrando lo caliente que se encontraba nuestros cuerpos. Pero el pobre de mi amante, el cual se quedó sin oxígeno se tuvo que separar de mí, dejándonos a los dos respirando irregularmente, el principalmente porque había estado mucho tiempo sin respirar, yo por la intensidad del momento. Pego su frente con la mía, pero esta vez sin besarme.
-¿Tienes hambre?...
-Si… -Le contesté deseoso.
Rozó sus labios con lo míos, pero sin llegar a besarlos. Lo miré confundido, no me gustaba que jugara conmigo.
-Necesito cambiarte las vendas primero –Dijo tratando de explicar.
Miré mis vendas, a pesar que estaban casi expensas de sangre no podía negar que estaban considerablemente sucias. Lo mire un tanto molesto al darme cuenta que con la única prenda que contaba era un bóxer, que no eran míos.
-¿Dónde está mi ropa? –Le pregunte.
-Te la eh tenido que quitar cuando curaba tus heridas… además… la ropa ya estaba muy sucia y rota, además estaba llena de sangre.
-¿Tú me curaste?
-Si… aunque no lo creas sé mucho sobre curaciones… yo puse y cambié tus vendas de todo tu cuerpo.
Su comentario me hizo ruborizar, sobre todo por cómo había dicho esto último, pero tampoco lo creía un pervertido como para mirarme ahí abajo ¿O si? De cualquier forma si lo hubiera hecho lo sabría.
-Tranquilo Willy… no vi nada que no hubiera visto antes –Dijo divertido.
Se acercó de nuevo a mí, dejando nuestras caras muy cerca la una con la otra, por un momento creí que volvería a besarme, pero de pronto sentí como me tomaba con sus brazos y me alzaba en el aire. Lo miré confundido, pero el solo me respondió con una sonrisa. Empezó a caminar a no sé dónde, salió de la habitación pasando por varios túneles. Al parecer era algo tarde, ya que no se veía ni una alma por los lugares que pasábamos, quizás porque todos estaban dormidos, o porque estábamos yendo por un lugar no muy transitado. No pasó mucho para encontrarnos con el final de uno de los túneles, fue entonces que confirme que era de noche, muy noche. Miré el cielo, se podían distinguir millones de estrellas adornando la oscuridad, la cual era ligeramente sosegada por la luna llena, era hermosa, ahora más que nunca en todo su esplendor. Miré a Samuel sonriendo.
-¿Me has traído a ver la luna?
-No exactamente… -Dijo volteando a ver una cascada que estaba a pocos metros de la salida del túnel.
Seguí su mirada para ver la cascada grande que se forma en aquel lugar. Fui siguiendo la corriente del agua, para divisar un enorme lago que se formaba por la caída del agua, justo a los pies de ella. Lo miré buscando una explicación.
-Vamos… tenemos que lavar tus heridas.
Siguió bajando unos cuantos metros conmigo en los brazos, hasta llegar a la orilla del lago. Me deposito delicadamente en una de las rocas que se encontraban cerca, temiendo estar muy lastimado como para sostenerme solo sentado. Lo miré queriendo que se tranquilizara, haciéndole entender que estaba bien. Se alejó solo un poco de para mí para empezar a quitarse la ropa empezando por su camisa… no pude evitar quedar embelesado por su buen trabajado torso, era bastante ancho y musculoso. Me quedé demasiado tiempo mirándolo que al ser descubierto por él sonrió tímidamente para luego acercarse a mi dándome un dulce beso en los labios. Volvió a separarse de mí esta vez dándome la espalda. Empezó a quitarse los pantalones, mientras tanto yo observaba su espalda, tenía una forma triangular donde sus hombros eran anchos y su cintura más delgada. Era la primera vez que veía su cuerpo tan claramente, sabía que tenía muy buen cuerpo, lo había comprobado las veces que habíamos estado juntos, pero verlo claramente bajo la luz de la luna era una escena tan erótica que a pesar de tener la luna arriba de mí, mis ojos no se apartaban de Samuel. Ahora él solo se encontraba en paños menores, por un momento creí que así se quedaría, pero en un movimiento rápido bajo su ropa interior colocándola junto con su demás ropa. No podía seguir observándolo, era demasiado vergonzoso, no solo el hecho de tenerlo justo al frente de mi desnudo, sino que también la cara de embobado que tenía por mirarlo así. Bajé la mirada enrojecido por la situación. Sentí como él se volteaba, acercándose de nuevo a mí. No sabía que esperar o hacer, simplemente cerré mis ojos. Escuche una pequeña risa por parte de Samuel, estaba por decirle que no se riera de mí, pero sentí como era de nuevo levantado por sus brazos. Abrí rápidamente mis ojos un poco alterado porque no sabía lo que sucedía. Samuel me miraba con una sonrisa juguetona. Fue metiéndose al agua lentamente conmigo en sus brazos. Esta llegó rápidamente a hasta la cintura de Samuel. Me bajo de sus brazos con mucho cuidado, quedando parado justo delante de él, siendo mojado por el agua hasta la cintura.
-¿Puedes sostenerte solo Willy?
-Si… no te preocupes.
Acarició una de mis mejillas con su mano derecha, la cual tomé por la muñeca apretándola delicadamente. Su mirada se dirigió a mi mano, quedando unos segundos observándola. Soltó mi mejilla, provocando que lo soltara también. Con ambas manos tomo la mía, la cual había sujetado su muñeca antes, la acaricio de arriba abajo, por todo el lugar que se encontraba vendado. Quitó el pequeño broche que sostenía la venda, empezando a desenvolverla lentamente. Al terminar de desenvolver mi mano, empezó a inspeccionarla, girándola de arriba a abajo, de un lado al otro. Para su sorpresa, las heridas de los pinchos ya habían sanado, no había quedado ni siquiera una cicatriz. Acercó su boca a mi mano besándola dulcemente en la palma. Dejó por un lado mi mano, para continuar con la otra, hizo lo mismo que con la anterior, besándola antes de dejarla. Prosiguió con mi pecho, buscando el pequeño broche que estaba escondido en uno de mis costados. Al quitarlo se acercó más a mí, pero sin pegar nuestros cuerpos y con ambas manos empezó a desenvolver las vendas en mi pecho. Sentía su respiración muy cerca de mi cuerpo, sin mencionar que su cuello estaba tan cerca de mí que el olor de su sangre me estaba volviendo loco. Había pasado tantos días sin alimentarme y estaba tan débil que la tentación era más fuerte que nunca, el pobre de Samuel no podría estar seguro conmigo al sentir tanta necesidad de todo su cuerpo. Mi corazón había empezado a latir fuertemente, él era lo único que podía hacerme sentir así, con el corazón desbocado, todo porque desde un principio había sucumbido a sus encantos, no había podido resistirme. Pero ahora no sentía lo mismo que la primera vez que fuimos amantes, mis sentimientos por él no hacían más que crecer con cada minuto que pasaba junto a él, era un sentimiento extraño con que no estaba familiarizado. Sentía una gran necesidad de estar junto a él, porque su compañía me hacía sentir protegido, feliz y amado.
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Casi perfecto -Fanfic wigetta -Capitulo 8
Capitulos anteriores:
http://elizabethmurilloz4.tumblr.com/post/108310990146/casi-perfecto-capitulos
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Capitulo 8:
-No sabes lo que en verdad implica todo eso… no soy perfecto… soy un cumulo de imperfecciones, todo en mi es un error, cada parte de mi fue hecha para engañar, soy un monstruo con el traje de un cordero, no merezco ser querido… -Sus ojos siempre lograban abrir mi corazón, no necesitaba una daga para lastimarlo, ni una fuerte tajada para abrirlo.
-Para mí eres casi perfecto…-Lo mire fijamente ¿Qué es lo que quería decir con eso? – No eres perfecto porque no me dejas estar a tu lado.
Lo miré sorprendido sin saber que decir, no podía explicar lo que sentía en ese momento con palabras. Mi corazón estaba anhelante por lo que acababa de escuchar, era la primera vez en mi larga vida que sentía unas palpitaciones dolorosas en mi pecho, en realidad era la primera vez que alguien me decía algo parecido ¿Por qué dolía? Por otro lado mi menta estaba escéptica… ¿Yo perfecto? Para nada, no podía estar más equivocado. Sus ojos solo le permitían ver mi capa mas superficial, todo eso en mi que se encargaba de ser un señuelo para mi presa, desde mi cuerpo delgado pero definido, mi cara, mi voz… incluso mi olor. ¿Qué acaso no podía ver el montón de mierda que había debajo de todo eso? Yo no soy más que un monstruo entre los monstruos, un fenómeno.
Empecé a caminar por arriba de unas rocas, intentando llegar a lo más alto de la montaña donde se encontraba La Hoguera, tal como pensaba fui seguido por Samuel. Llegamos hasta lo más alto, donde había una calva enorme en la montaña donde hacían falta los típicos pinos y árboles de estaba por todos los alrededores. Mi intención era llevarlo a un lugar donde se pudiera ver la luna. No solo porque necesitaba verla, tenía mucho tiempo que no lo hacía, desde que había sido capturado por su manada. Me quede observándola, mientras esperaba que Samuel llegara al lado mío, cuando lo hizo me miro extrañado, sin entender que es lo que sucedía.
-¿Es hermosa, verdad? – Pregunte sin voltear a verlo.
-Si…
-Pero… eso no quiere decir que sea perfecta. –Samuel me miró, entendiendo hacia donde iba mi punto.
-Sus imperfecciones la hacen todavía más hermosa. –Dijo sin dejar de mirarme.
-Porque solo ves su exterior… Pero la luna, es la que gobierna en la oscuridad. Representa lo oscuro, lo misterioso, la noche, el terror, el miedo-
-Yo creo que es la luz entre la oscuridad, así como la sombra es la oscuridad entre la luz.
-No Samuel… es lo que quiere que pienses… su naturaleza hermosa solo es un distracción de su real propósito… traer consigo la noche y oscuridad.
-Si… por que debe de haber un equilibrio, no todo puede ser luz.
-Entonces ¿entiendes que no podemos estar juntos porque somos diferentes?
-No somos tan diferentes, ambos somos creaturas de la noche… ¿Y si lo somos qué más da? Si los dos nos damos lo que al otro le hace falta.
-Y según tú… ¿Qué es lo que me falta? –Pregunté.
-…Devoción… y quiero darte toda la que tengo.
Lo mire perplejo ¿Cómo podía entregarse a alguien de forma tan fácil? Sin conocerlo. Sin saber nada sobre el. Pero sobre todo, porque sus palabras me hacían sentir tan… bien. Por qué con tan solo con lo que decía me tenía con la boca cerrada a cada momento. Sin saber que decir, con el orgullo cayendo en pedazos, mientras que desesperadamente intentaba recoger esos pedacitos a cada segundo que pasaba sin poder contestarle.
-Pero… ¿Qué es lo que tú necesitas? –Le pregunte sin pensar.
-Algo o… Alguien por quien vivir y sentirme vivo. –Tenía su mirada penetrante en mi… no podía sostener su mirada.
Me dirigí al tronco más cercano queriendo huir de la intensa situación, la intensidad pura que era Samuel, todo en él era un remolino que te absorbía hacia él con una fiera intensidad. Coloque una de mis manos en el árbol para recargarme de cara a este. ¿Qué podía hacer en esta situación? Quizás irme lejos de La Hoguera y de todo esto era lo mejor, Un hombre lobo y un vampiro JAMAS, dos hombres IMPENSABLE, dos razas en guerra IMPOSIBLE. Pero por alguna razón mis pies no se movían, mi cuerpo no hacía caso a lo que mi mente me decía que era lo correcto. Así es, mi mente estaba siendo ignorada por mi cuerpo, el cual estaba en éxtasis por las palabras de Samuel, era mi corazón el que llevaba el mando, estaba hasta arriba de la rebelión, palpitando con fuerza y llevando a todos a la ruina.
Escuché como los pasos de Samuel se fueron acercando, colocándose detrás de mí. Sus brazos me rodearon alrededor de la cintura, recargó su cabeza en mi hombro pegando la suya con la mía. Cerré los ojos por reflejo, coloque mis manos en las suyas pretendiendo quitarlas, pero al sentir su piel caliente contra la mía, mis manos solo se quedaron ahí, queriendo recibir un poco de calor. El aprovechó esto para entrelazar nuestros dedos. Su cuello estaba tan cerca de mí que, de no haber comido antes ya estuviera por succionarle su deliciosa sangre. El olor de esta me tenía empanado, como una abeja por la miel, más bien por el néctar. Samuel empezó a dar pequeños besos en mi cuello, pequeños y húmedos, pero se escuchaban claramente en mi oído. Subió en una línea de besos hasta mi oído, besándolo por detrás y en frente del hélix. Mi cuerpo se estremeció al sentir el contacto de sus labios en aquella zona.
Soltó unas de mis manos para tomar mi mentón, giró mi rostro hacia él y deposito un cálido beso sobre mis labios. Se separó un poco de mí, sentí su mirada por lo que abrí mis ojos, solo para encontrarme con un Samuel mirándome como si yo fuera la mismísima luna. Le sostuve la mirada, hipnotizado por sus ojos negros como la noche ¿no eran cafés sus ojos?
-¿Tienes hambre?... –Me preguntó en un ronco susurro, mientras su mano que estaba encima de la mía me acariciaba lentamente.
-Ehh… no mucha realmente –Aun que preferiría vomitar la sangre del jabalí para poder tomar de tu sangre, pensé.
-¿Enserio?... pero si estuviste muchos días en la mazmorra –Dicho esto empezó a besar mi oreja de nuevo, pero esta vez con más deseo.
-Es que… -Se me dificultaba hablar con el besándome por toda la oreja. –Frank me ha-
-¿!Que Frank qué!? –espetó. Se detuvo abruptamente y reforzó su agarre en mí, pero sin llegar a lastimarme.
-Que Frank me ha llevado al comedor –Solté un poco irritado ¿Acaso estaba celoso? Que intenso por favor.
-Ahh… Guillermo, quiero pedirte una cosa.
-¿Qué?
-Si alguna vez…de cualquier forma, Frank se te acerca mucho quiero que me lo digas.
-¿Pero quién eres tú? ¿Mi padre? pff –No podía creer que ya se creyera mi dueño o lo que sea.
-Guillermo por favor, prométeme que lo harás –Dijo un tanto más autoritario.
-Ya te eh dicho que puedo cuidarme solo. –Por favor, que pesado.
Samuel esta por decir algo, pero un ruido cercano nos hizo separarnos en un segundo. Alguien se dirigía hacia nosotros, un miembro de su clan. No pasó mucho para que un joven lobo saliera entre los árboles. Nos miró un tanto extrañado, supongo por el hecho de estar solos en un lugar tan apartado. Se acercó lentamente a Samuel, no sin antes echarme una mirada despectiva de reojo a mi.
-Rey Samuel, se le espera en la sala de reuniones, los consejeros quieren hablar con usted. -Dijo con la cabeza gacha el chico, se veía un tanto nervioso ¿Era por mi?
Samuel hizo una mueca que mostraba su irritación por lo que acababa de decirle el chicho. Al parecer estaba tan molesto que ni siquiera se molestó en contestarle. Volteo a verme con una cara que me dio a entender que lo sentía, pero que tenía que irse. Por mi parte solo le respondí con una fría mirada, restándole importancia a su partida. Se dirigió hacia el joven lobo pasándole por un lado, éste, antes de irse me miro con una media sonrisa, que no hizo más que darme un escalofrió en todo el cuerpo ¿Acaso había tenido un mal presentimiento? Los dos se perdieron entre los árboles, dejándome solo a mí con mi querida luna, o al menos eso era lo que pensaba.
Me quede un rato observándola, como todas esas noches en las que necesitaba fervientemente un poco de tranquilidad, buscando un lugar donde pudiera relajarme y pensar. Ese lugar no era uno en específico, simplemente se trataba de la luna, con su sola presencia me hacía sentir protegido. Cerré los ojos disfrutando de mi poco tiempo de soledad que sabía que de ahora en adelante tendría. Pero una ráfaga de imágenes empezaron a manifestarse en mi cabeza, todas esas imágenes me mostraban afligido, golpeado, aturdido, molido… hice un esfuerzo por abrir los ojos, pero no funcionó, las imágenes continuaron pasando por mi cabeza, coloque mis manos en mi cara, intentando alejar esas imágenes, pero aquello solo provoco que las viera más claramente, en ellas solo me distinguía a mí, golpeado y lleno de sangre, que por lo visto, era mía. Caí de rodillas, abatido por lo que mi mente me mostraba, no pude evitar soltar un grito de desesperación, porque el dolor mental incluso se estaba volviendo físico. De pronto, las imágenes cesaron, así como el dolor emocional. Retire mis manos de mi cara y una voz se hizo presente, cuya procedencia no pude descifrar, “Corre” decía la voz una y otra vez, como una voz en eco volviéndose cada más débil e inaudible.
Mire a todas partes, buscando al portador de aquella voz, pero mis ojos no encontraban a nadie. Mis oídos que en ese momento se sentían tapados empezaron a funcionar correctamente de nuevo. Una oleada de sonidos que venían dentro del bosque se hizo presente en el silencio de la noche. Provenían de la derecha, izquierda y en frente… estaba rodeado. Me puse en guardia, preparándome para lo que sea que estuviera escondido en la oscuridad. Aquellos seres, al percatarse de que ya los había descubierto, empezaron a salir de sus escondites. El primero fue un hombre lobo bastante grande, musculo, con una rabiosa mirada dirigida hacia mi. Otros dos salieron de la derecha e izquierda, no tan grandes y musculosos como el primero, pero con una mala cara al igual que el del medio, que hizo evidente que los 3 venían con las mismas intenciones.
Estaba en clara desventaja, ellos se aproximaban paso a paso, advirtiendo sus intenciones, gruñendo y enseñando todos sus colmillos de manera amenazante. Su intención estaba más que claro, atacarme. Tenía que poner las cosas un poco equilibradas, o por otro lado, prepararme para huir a un lugar seguro. Mi sangre empezó a recorrerme más rápido, mi corazón se aceleró, mi cuerpo empezó a mutar, saliendo mis grandes alas en la espalda, mis orejas se hicieron más puntiagudas, mis colmillos crecieron, mis ojos se tornaron rojos. Extendí mis alas mientras gruñía, buscando intimidar a mis oponentes. Ellos dudaron un segundo, pero confiados por su ventaja en número me respondieron con más gruñidos.
El más grande, que se encontraba en el medio, se abalanzó contra mi. Esquive su intento de golpearme con sus garras elevándome en el aire, pero uno de los otros brincó desde un árbol muy alto, permitiéndole alanzarme en el aire, derrumbándome con él encima mío. Al caer en unas rocas, a pesar del dolor, lo tomé del cuello para girarnos, quedando yo arriba del hombre lobo. Lo rasguñe fuertemente en su hocico haciéndolo gemir del dolor. El siguiente golpe iba ir dirigido a su cuello, pero el tercer lobo me derribo con su cuerpo, alejándome de su amigo que estaba a punto de matar. Antes de siquiera poder pararme, el lobo más grande ya estaba arremetiendo golpes contra mí, la mayoría fueron esquivados, pero otro no, dejando mi brazo izquierdo casi sin utilidad de tan golpeado que se encontraba.
De nuevo quise salir rápidamente volando, para poder tener una mejor visión en la pelea, pero el mas grande de ellos tomó una de mis alas halándola hacía el suelo, en ese momento sentí como algunos huesos de mis alas tronaban por la fuerza que había usado para elevarme, contra la que había utilizado el lobo para tirarme al suelo. Grité un momento por el dolor, al parecer volar ya no sería una opción para mi. El lobo que había recibido un golpe en el hocico, se aproximó a mi corriendo, preparándose para embestirme, pero estando muy cerca de mi, lo tomé de su cuello clavándole mis colmillos en su yugular, fuerte y profundo. Este quiso empujarme desde mi pecho, pero tomé sus brazos y con un hábil movimiento le disloqué ambos.
Con un lobo fuera de batalla, y lleno de sangre, los otros dos lobos dudaron en seguir. Pero parecía que no les importaba tanto el riesgo que conllevaba el pelear conmigo, solo se les veía una cosa en su mirada, rencor… Parecía como si tuvieran un enorme coraje contra mi, como si el odio hubiera sido de toda la vida. Entendía que nuestras razas fueran enemigas, pero su odio, sobre todo el del más grande, parecía algo personal. Mientras tanto en mi mente solo pasaban una y otra vez la misma pregunta ¿Por qué? ¿Por qué tanto odio hacia mi? ¿Será acaso que conocen mi verdadera identidad? O si es un odio infundado ¿Por qué odiar simplemente por el hecho de que debas hacerlo?
Despeje mi mente, ya que los dos empezaron a correr rápidamente hacía mi. Logré esquivar el golpe del menos grande, pero eso provocó que no pudiera esquivar el golpe proveniente del grande. Dicho golpe fue directo a mi muslo derecho, abriéndome una gran herida, volví a gritar por el dolor. El otro lobo trato de morderme en el cuello, pero apenas pude moverme lo suficiente como para desviar su mordida a mi hombre izquierdo. Con el brazo que aún no tenía lastimado golpeé en el pecho al más chico, haciéndolo retroceder mientras gemía ligeramente por el dolor de la herida.
Me sentía muy cansado, las heridas me dolían, sin mencionar que estaba sangrando por varias partes de mi cuerpo. Mi respiración estaba agitada, las cosas no pintaban nada bien. Quizás de haberle hecho caso a aquella voz que venía de la nada, esto no hubiera llegado tan al extremo. De hecho, seguramente no estaría en esta situación, peleando con dos hombres lobos, que no parecían tener otra intención más que asesinarme. Los dos empezaron a aproximarse rápidamente hacía mi de nuevo, mis músculos no reaccionaban, mi cuerpo estaba agotado. Era imposible mantener este cuerpo transformado con tan solo haberme alimentado de sangre de un jabalí con quien sabe cuántas horas muerto.
Los golpes fueron recibidos por todo mi cuerpo, el cual ya no podía moverse por las heridas. Caí en el suelo, respirando agitado. Mi mente se volvía negra, mis sentidos se estaban perdiendo. Sentí como mi cuerpo rápidamente perdió su forma de vampiro, regresándome a la normalidad. Mis ojos estaban por cerrarse, pero vagamente pude distinguir la imagen de otra persona acercándose a la escena ¿Será un aliado mío, o de ellos?
-¿Qué creen que están haciendo, idiotas? –Escuché decir a aquella silueta, cuya voz no pude reconocer ¿Era Samuel? No lo sé.
Antes de poder enterarme que sucedía, mi mente se terminó de opacar, sumergiéndome en más oscuridad. La cual ahora era más que bienvenida, necesitaba la soledad, la seguridad, el calor.
No sabría decir cuánto tiempo paso, si minutos o horas. Mi mente empezó a cobrar conciencia de nuevo, sentía un dolo punzante en la cabeza y las muñecas, así como algo que ponía tensión en mi pecho. Abrí los ojos lentamente, tardé un poco en distinguir lo que había en la habitación, ya que todo estaba muy oscuro. Mis ojos se abrieron a la par en el momento que pude identificar el lugar donde me encontraba… la mazmorra. Quise jalar uno de mis brazos, pero al intentarlo sentí como un dolor punzante proveniente de la muñeca de mi brazo me hacía que gritara de dolor. Miré desconcertado mi mano, para ver lo que me provocaba dicho dolor, se trataba de unas cadenas especiales, las cuales tenían picos que se encajaban por todas la muñeca impidiendo moverlas o jalarlas, dichos picos también estaban haciendo que mis muñecas sangraran mucho. Volteé hacia mi pecho, queriendo identificar aquello que hacía presión en el. Se trataba de una abrazadera, la cual tenía una función muy parecida a las cadenas de las manos, solo que estas funcionaban en el pecho, a la altura del corazón. Si me movía más de lo necesario sus picos se enterrarían en mi pecho y espalda, una muy difícil recuperación y claro, una muerte bastante segura. Sobre todo en el estado que me encontraba.
No pasó mucho tiempo cuando escuche que una persona se aproximaba a la celda. Este se abrió paso dentro de ella, mirándome con desprecio. Se acercó a donde estaba y con uno de sus brazos, jalo uno de los míos, provocándome un fuerte dolor en él. Grite por el dolor. Ahora que lo observaba de cerca, se trataba de un joven lobo, que me parecía conocido de entre los cazadores. Pero a pesar de ser joven se miraba muy musculoso y grande, su cuerpo era robusto y bien trabajado.
-Vaya… mira quien ha despertado al fin. –Dijo con una sonrisa ladina el joven lobo.
Yo no hice más que mirarle con coraje, él me regreso la mirada, para después darme un fuerte puñetazo en el estómago que me hizo sacar todo el aire en mis pulmones y gracias al movimiento los pinchos se incrustaron un poco más en mi cuerpo.
-No sabes cuánto tiempo espere el tenerte así, a mi merced…
-Yo ni siquiera estoy seguro de quien eres gilipollas –Le grité desesperado.
Me miró unos segundos con cara seria, quizás decepcionado de mis anteriores palabras.
-No me sorprende… porque cuando te traje la primera vez estabas inconsciente.
Decir inconsciente es un decir claro, porque es muy difícil que los vampiros estemos realmente inconscientes. Intenté hacer memoria, para saber a lo que se refería. Entonces un recuerdo vago de su olor y presencia se vino a mi cabeza. Sabía por lo menos cuando nos habíamos encontrado anteriormente, una fue en mi captura, cuando fui llevado a rastras por el y otro de los hombres lobo a su guarida. Los mismos que me habían arrastrado hasta aquí la primera noche en que llegue, a la mazmorra. Mis ojos se abrieron ligeramente al recordar todo eso.
-Tu eres… el que me trajo aquí… la primera noche –Dije en un tono suave, porque a pesar de todo no entendía el odio hacía mi.
-Veo que ya me has recordado –Hizo una pausa para volver a golpearme en el estómago, esta vez hizo que un poco de sangre saliera de mi boca, escupí la sangre en mi boca, mientras que la demás la toci. –Ahora podré golpearte con más ganas, ahora que sabes quién soy.
-Yo… no entiendo por qué tu odio hacía mi –Dije con dificultad, respirando agitadamente.
La expresión de mi captor se volvió más tensa, con los ojos llenos de furia puestos en mi, me tomo del cuello presionándolo fuerte.
-¿Qué si porque te odio? Yo creo que el odio es algo muy leve por lo que en realidad siento por ti. –Dijo mientras volvía su agarré en el cuello más fuerte. – Tú tienes la culpa de todo, todo está mierda que ha pasado, es por tu JODIDA culpa.
-¿Q-qué? –Fue lo único que su mano me permitió decir por su constricción en mi cuello.
-¡Joder! Por tu culpa muchos de mis amigos fueron asesinados… por tu culpa… ¡por tu culpa Leo está muerto! –Gritó fuertemente. Soltó mí cuello solo para darme un fuerte puñetazo en la cara, muy cerca de mi rostro.
El dolor en mi cuerpo era atormentador, me dolía absolutamente todo. Ahora solo podía mantener uno de mis ojos abiertos, limitando mi campo de visión. Pero ahora entendía a lo que se refería. Hace unos días, al intentar ayudarlos en contra de los vampiros de clase baja, no todos lograron sobrevivir… no podía decir que sintiera pena por eso, porque yo no tenía ninguna relación cercana con ellos, pero de cualquier forma, mis intenciones solo eran el ayudar, a pesar de que mi cabeza me decía que huyera, a pesar que podía aprovechar para escapar… no pude hacerlo.
-¡Yo solo quería ayudar! ¿Acaso no lo entiendes gilipollas? –Le grite.
-¡El único gilipollas aquí eres TU! ¡¿De quién crees que es la jodida culpa que los vampiros nos encontraran y atacaran en primer lugar?! –Gritó mientras me daba otro puñetazo en el otro lado de la cara.
Respiré fuertemente para recuperarme, escupí la sangre proveniente de mi boca y con mucha dificultad le conteste.
-Yo no pedí que me trajeran aquí… yo no quería ser capturado.. yo no pedí ser los que soy.
-De eso no te preocupes… Frank ya ha recibido su merecido por ser el traedor de la muerte. –Dijo con una sonrisa bien puesta en su cara.
-¿Frank?... –Dije débilmente.
-Si… para colmo el muy gilipollas intento ayudarte hace un rato, grave error el traicionar a su raza. – Decía con una mueca de desaprobación.
Ahora entendía, aquella persona que había llegado antes de que perdiera la conciencia se trataba de Frank, el muy tonto había intentado ayudarme.
-¿Dónde está?...
El joven lobo de hizo a un lado, dejando mi vista de frente libre para poder observar la habitación. Lo busque con el único ojo que aun podía usar. Entonces lo encontré, al otro lado del lugar, en la celda que estaba en frente a la mía. Su silueta era casi imperceptible por la oscuridad de ambas habitaciones, pero gracias a la vista que poseíamos los vampiros se me hizo posible verlo. Estaba muy golpeado, no tanto como yo, pero si lo suficiente como para perder la conciencia, porque así mismo estaba.
-Idiota… -No podía creer que se había arriesgado por mí, no podía evitar sentirme un poco culpable por la condición en que se encontraba.
-Bueno… sabrás que no te traje solo aquí para divertirnos un rato –Dijo volviéndose a colocar en frente de mi.
-¡¿Qué vas a hacer?! –Le pregunté casi en un grito.
-Voy a tomar aquello que le arrebataste a mis amigos, eso que le quistaste a leo –Al decir ese nombre la mirada del joven se volvió triste, como si Leo fuera por lo que en realidad hacía todo esto.
-¡Que me mates no hará que tu amigo regrese a la vida!
-¡LEO! Era más que un amigo para mi… era mi árbol, era mi guía… era mi resguardo, podía confiar mi vida a él… y por tu culpa ya no existe más! –Terminó gritando.
-El ya no está más aquí, tienes que aceptarlo…-Dije secamente.
-Y lo hare… lo haré cuando me lleve tu vida con mis propias manos –Dijo mientras volvía a colocar sus manos en mi cuellos, presionándolo con más fuerza que antes.
Sus intenciones solo eran alargar mi muerte, porque de esta forma era muy difícil que muriera, seguramente lo sabía pero quería provocar sufrimiento en mi. Pero no pasó mucho para que quitara uno de sus brazos en mi cuello. Para llevarlo a mi pecho, al nivel donde se encontraba la abrazadera, empezó a presionarla contra mi cuerpo encajando los pinchos en mis costillas, poco a poco sentí como las iba pegando más y más a ellas, haciendo que algunos pinchos se enterraran mucho en mis músculos intercostales. Si seguía así estas podían llegar a atravesar hasta mis pulmones y corazón.
Si fuera cierto lo que dices en la cama......
Esperando que algún día todo sea distinto....
Casi perfecto -Fanfic wigetta - Capitulo 7
Al fin lo eh terminado :D muchas gracias por esperar, lo lamento mucho, ahora tendré que continuar con unas tareas xD la musica al final es opcional, para a las que le gusten leer escuchando musiquita ambientadora ^^
Aqui estan los capitulos anteriores por si a alguien le intesa :)
http://elizabethsherlockz4.tumblr.com/post/108310990146/casi-perfecto-capitulos
Sin mas comenzamos :D PD: FELIZ SAN VALENTIN
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Narra Guillermo:
Nuestros ojos estaban conectados,nuestros sentimientos fluían entre nuestras miradas, el tiempo estaba detenido. Mi cuerpo se tensaba, podía olerlo claramente desde donde estaba. El olor de su sangre se paseaba por todo mi pulmón, daba gracias de que no tuviera ninguna herida abierta, porque no podría controlarme. Hacía días que no me había alimentado, de que no había probado su sangre. Su sabor siempre me tenía así, ansioso… desde el primer día no había podido resistirme. Ahora todo tenía sentido, no era de extrañar que la sangre del príncipe, digo, rey de los hombres lobo supiera a ambrosía.
Tenía tantas preguntas en ese momento, preguntas que jamás podría formular. Nunca podría llegar a explicarme por qué me sentía de esta manera con su presencia. Ahora que caí en cuenta cual es la verdadera situación, no podía negar que nuestro destino era todo, menos estar juntos. Nuestras razas se odian, mi familia estaba en guerra con la suya, guerra en la cual habíamos salido victoriosos gracias a la unión de mis padres. Por lo que esto, es lo que quedaba de ellos. Esto es a lo que se habían reducido tras la guerra. Escondidos como ratas, tratando de subsistir en las penumbras y ahora, de alguna forma había terminado en la garganta del lobo.
Nuestros destinos se habían escrito desde antes de nacer, él como el líder de los hombres lobo, luchando contra viento y marea, contra nosotros. Yo como el sucesor de la línea, manteniendo y protegiendo a los de mi raza, a mi familia. Pero el destino era curioso, porque ahora me encontraba aquí, enfrente de él. No como enemigos, sino como su prisionero y amante en secreto. Realmente nuestra relación era difícil de explicar, él no sabe quién soy, no sabe nada de mi pasado ¿Cómo reaccionaría si supiera que soy culpable de sus desgracias y de toda su gente? Podía decir lo mismo de mi ¿Realmente lo conocía? Por su puesto que no, ¿Qué es lo que tiene pensado hacer conmigo?
Yo era dueño de mi destino ahora, lo había decidido en el momento que había recobrado la conciencia tras haber caído en el rio. No tenía planeado regresar, si lo hacía solo me esperaría mi padre, obligándome a juntarme con James, mientras que él, muy posiblemente querría terminar su trabajo. La única persona que realmente quería había muerto, ella que me había salvado sin intención de hacerlo y otra más con toda la intención, la cual le había costado su vida, Caroline… No quería regresar a aquel castillo que tan solo me había dejado malos recuerdos.
Había probado tan solo un poco de libertad, antes de terminar en las garras de los jóvenes hombres lobo. Ahora mi vida pendía de un hilo, de este joven hombre lobo pasional. ¿Será acaso que nunca seré libre?
-¿Cuál es tu nombre, sanguijuela? –Preguntó la mujer al lado de Samuel con tono despectivo.
-Guillermo… Díaz –Reconocería a Díaz como una de las familias de más alta casta entre los vampiros, pero no diría mis verdaderos apellidos Ha de Drácula, los cuales definirían todo.
-Díaz… ya veo, estas muy lejos de tus tierras… -Dijo la mujer de forma pensativa.
-¿Qué es lo que harán conmigo? – No pude evitar voltear a ver a Samuel unos segundos, el cual hizo que contestara él.
-Queremos tu ayuda… - Por fin había dicho algo, ¿Ayudar? ¿En qué? Pero fue interrumpido por la mujer.
-No sabemos con que intenciones nos ayudaste contra los vampiros hace días, aun que te lo preguntara nada me diría que me dices la verdad. Pero lo que es cierto es que ahora ellos saben nuestra ubicación, gracias a los cazadores y a ti. –Trató de explicar la mujer. –
-Hemos visto que no podrías ser de ayuda, sino fuera por ti, muchos de mis hombres hubieran muerto –Samuel se veía un poco ansioso. –Te sacaremos de las mazmorras y te alimentaremos como uno de noso-
-Eso no quiere decir que confiemos en ti. –Dijo rápidamente la mujer –Serás vigilado las 24 horas del día, no tienes permitido salir de La Hoguera. Si me llegan a informar cualquier conducta sospechosa de tu parte, te sacaremos el corazón de tu pecho.
Ahora ya tenía las cosas claras, ellos querían utilizarme, como todas las personas que han estado a mí alrededor. Mi padre, James… había logrado deshacerme de ellos, pero, ahora eran otras personas las que querían aprovecharse de mí. ¿Por qué siempre terminaba así? Entre la espada y la pared teniendo que aceptar lo que otros me comandan. Sentí un extraño dolor de decepción en mi pecho ¿Era por Samuel? Ahora entendía por qué no había ido a las mazmorras los últimos días, porque no le importaba, solo le importaba darme un buen uso.
-¿Qué pasaría si no quiero ayudarles? –Samuel me miro sorprendido.
-Entonces no nos servirás de nada, pasaremos al paso de arrancarte el corazón. –Contestó fríamente la mujer.
Vaya al parecer mi única forma de seguir vivo era dejándome utilizar. Mi único consuelo era que no podría ser peor que en el castillo. Aquí no tendría responsabilidades de llevar un reino, ni un nombre que cuidar, ni una estirpe que crear con una persona desagradable. Así es, quizás no sería tan malo como lo anterior. Yo mismo había elegido este destino al ayudarlos en contra de los vampiros de clase baja. Nunca lo podría ver como un hogar, obviamente, ni me sentiré cómodo estando con ellos, pero eso no importaba, porque siempre eh estado solo.
-Entonces… ¿Qué decides? –Pregunta la mujer.
-Madre… - Samuel la miraba serio, ahora sabía que la mujer era su madre.
-Yo…acepto…pero, no quiero ser vigilado las 24 horas del día. –
-¿En qué posición crees que estas? Tienes suerte que te hayamos sacado de las mazmorras- Su madre se veía que tenía un mal temperamento, recuerdos de mi madre vinieron a mi cabeza.
-No tengo un lugar a donde ir, no pienso escapar… -Dije débilmente, atormentado por mis recuerdos.
-No te preocupes Guillermo, si nos demuestras… si les demuestras que podemos confiar en ti, no hará falta vigilarte. –Dijo Samuel mirándome fijamente, con una expresión que no pude identificar.
-Yo no seré fácil de convencer… por mi te dejaría en lo más profundo de las mazmorras- Su madre tenía una dura mirada hacía mí. –Te alimentaras únicamente de la sangre de los animales que cacemos, ¿Entendiste?
-Si…-
-El que se encargara de vigilarte será Frank, ya que EL fue él que te trajo en primero lugar – Su madre miraba al lobo que me había traído a la sala con evidente reclamo. Ese mismo que había intentado meterse conmigo hace no mucho.
*flash black*
-No sé qué se traen tú y Samuel, pero podría imaginármelo… -El hijo de puta me sostenía en contra de la pared inmovilizándome, mi cara estaba pegada a esta, así como mi pecho.
-¡Mas te vale soltarme en este instante perro asqueroso! –Le grite intentando zafar de mi agarre.
-He visto lo que le has hecho a Samuel… pero yo no seré tan descuidado – Acaricio mi pelo con su mano desocupada para después pasarla lentamente por mi espalda.
-Pero supongo que valió la pena para el, hueles demasiado bien… me pregunto qué cosas te habrá hecho Samuel –Una sonrisa pervertida se hizo en su rostro –Solo te advertiré una cosa… yo no soy tan suave como él.
-¡Eres un hijo de puta!
-Jajaja no te enojes, ¿por qué no mejor lo disfrutas? Si no va a ser muy aburrida tu estancia aquí.
-¡Yo no soy el juguete sexual de nadie! ¡Suéltame ahora gilipollas! –Estaba encabronado, mi costado ventral derecho empezó a doler, eso solo significaba una cosa. Mi hígado estaba trabajando el doble por la adrenalina, porque sabía que esto no terminaría bien.
-Oh si… claro que lo eres, creo que hasta te gusta –Dijo en forma burlona.
Mi furia, enojo y desesperación se apoderaron de mí, tenía que escapar de este cabron. Mi corazón pasó de sus latidos lentos casi imperceptibles a unos rápidos e intensos, sentí como mis ojos ardían, como cuando hipnotizaba a uno de los nuestros. Mis uñas se resaltaron, quedando un poco más largas y puntiagudas así como el hélix de mi oreja. Mis colmillos se resaltaron. Mi rostro se tensó, mostrando mi furia. Con un dolor punzante, unas alas enormes salieron de mi espalda, extendiéndose con gran fuerza, expulsando a unos metros al lobo. Estas fueron tan rápidas y eran tan fuertes que le habían causado una herida al gilipollas, el cual me miraba ahora con terror. Su respiración era agitada, su mirada mostraba sorpresa, como si no pudiera creer lo que veía.
-Eres… eres un monstruo –Dijo en vos baja.
-¡Lárgate perro asqueroso! ¡Si no quieres que chupe cada cota de tu miserable cuerpo lárgate ahora mismo! –Mi voz sonaba increíblemente gruesa, como un motón de gruñidos, resonando por todo el lugar.
El lobo, que hora sabía que se llamaba Frank se levantó rápidamente para irse del lugar. Parecía estar en shock, no era de sorprender, seguro nunca había visto a un vampiro pura sangre transformado. En cuanto lo sentí muy lejos, mi cuerpo se desplomo rápidamente al suelo. Mi cuerpo estaba débil de nuevo. Había perdido mucha sangre en mi interior, podía sentirlo… Mi cuerpo no aguantó mas esta forma, por lo que regresé a mi forma más “humana”.
*Fin del flash black*
Muy pocas veces me había transformado, en esa ocasión me había resultado extremadamente fácil hacerlo. Solo encontraba una explicación a eso, la sangre de Samuel corría por mis venas en ese momento. Su sangre me hacía sentir bien, no solo era deliciosa, sino que me hacía sentir mucha calidez. Ahora sabiendo que se trataba del linaje más fuerte entre los hombres lobo entendía por qué era tan especial. Por otro lado, no podía creer que ahora ese hijo de puta, Frank, estaría alrededor de mí todo el tiempo como un jodido niñero.
-Eso es todo, váyanse ahora… El rey Samuel y yo tenemos muchas cosas que hacer –La mujer había interrumpido mis pensamientos.
-Si mi Lady… Rey Samuel… con su permiso –Tenía que admitir que Frank sabía comportarse delante de sus superiores.
Miré a Samuel antes de irnos de la habitación, él también me miraba, fijamente… sentía perderme en sus ojos. Una comunicación visual era lo que pasaba entre nosotros. Yo mostrándole claramente mi descontento, mientras que su mirada parecía compadeciente. Que gilipollas, no necesitaba que nadie me tuviera lastima, podía cuidarme solo, no necesitaba a nadie, mucho menos a personas que solo me veían como algo útil para aprovechar.
Salí de la habitación atrás de Frank, una vez fuera volteó hacia mí.
-Ahora te llevaré al gran comedor… supongo que tendrás ganas de alimentarte. – Yo me limite a asentir.
Me llevo por una serie de túneles oscuros, pero llegamos rápido al lugar. Al entrar, un enorme silencio se hizo presente. Parecía que gran parte de la manada estaba alimentándose. Todos me observaban minuciosamente, como el intruso que era, claro. Otros me miraban con cara enojada, otros con curiosidad. Pero había algo en común en todas sus caras, la falta de confianza de tener a un vampiro tan cerca, observaban cada uno de mis movimientos, como si en cualquier momento los fuera a atacar. Había una serie de enormes mesas con partes de animales que me costaba un poco identificar. Camine por todo el lugar hasta llegar al fondo de este, llegue a la meza más apartada de todas, donde solo se encontraban, dos chicos pelinegros que parecían muy entrados en su comida. Parecía el mejor lugar para empezar a comer, ya que las demás mesas estaban bastante llenas. Al sentir nuestras presencias los jóvenes lobos voltearon a nosotros.
-Frank… y… Gazapo albino… vengan con nosotros –Dijo uno de los que oupaban, el cual tenía una barba bastante peluda, con una pequeña cicatriz en el rostro.
-Ya vamos… ven gruñon sentémonos ahí. –Al parecer eran amigos de Frank ¿Me habían llamado “gazapo albino”?
-Pero que increíbleh sohpresa –El otro pelinegro me miraba atentó –Mi nombre es Mangel, pero puedes llamarme mahe.
-A mi solo dime cheeto, todos me llaman así –Dijo el barbudo.
-Ehh… vale… -La actitud despreocupada de estos muchachos me sorprendía, parecían indiferentes a hecho de que era un vampiro.
-Pero dinoh cual eh tu nombre, si no te podemoh llamah gazapo albino
-Guillermo…
-Pues bueno Guillermo…. Yo te debo la vida a ti –Dijo seriamente el barbudo –Si no hubieras intervenido en la batalla, yo estuviera muerto…
-No tienes que agradecerme nada… -Dije secamente.
-Claro que sí… no importa cuales eran tus intenciones, no cabe duda que fuiste de gran ayuda. –Cheeto me sonreía ligeramente, yo simplemente no dije nada.
-¡Muero de hambre! Que es lo que hay para comer hoy –Frank rompió el silencio con su escandalosa voz mientras jalaba uno de los platillos en la meza, le cual contenía un enorme pedazo de carne, no necesariamente cocido.
-Mejoh calla y ponte a comeh tio –Dijo un tanto divertido Mangel - ¿Tu que vah a comeh gazapo albino?
-No me llames así – Le contesté irritado.
-No te lo tomes a mal… todos aquí tenemos motes… -Intentó explicar el barbudo. –Mangel es mahe, el mio como ya sabes es Cheeto y el de Frank es Staxx.
-¿Y eso que tienes que ver conmigo? –No pude evitar sonar altanero.
-Vamos… que nos pareció buena idea ponerte uno
-No me gusta, es estúpido…
-Solo acepta el jodido sobrenombre y ya, no tienes que ser un amargado –Dijo Frank de forma impaciente y desesperada.
-Bueno ¿y a ti que te importa? –Le conteste altanero.
-Ya tranquilicence loh doh –Interrumpió Mangel, tomo uno de los platillos, un jabalí que se veía casi intacto –Toma… lo mah frehco para ti… Guille…
Observe al animal, no se veían muy apetitoso, estaba acostumbrado a tomar la sangre de animales frescos, no… tan…. Muertos.
-Vale… pero no me llames así tampoco –Dije mientras acercaba mas a mi al animal.
Todos me observaban mientras miraba a la comida que estaba frente a mi. No me parecía para nada tentadora la idea de tomar la sangre de este animal, seguro que sabría muy mal. La sangre fresca sacada de un ser VIVO siempre era lo mejor. Decidí evitar oler al animal, por lo que solo encaje mis colmillos en su yugular y empecé a beber sin sentir mucho el sabor. Los demás me miraban un poco asqueados, como si comer la carne cruda no fuera asqueroso.
-¡Woah! No me gustaría tener esos colmillos en mi cuello –El barbudo me miraba con un poco de asqueroso asombro. No pude evitar sonreír un poco por el comentario tan raro.
-¡Joder! Que se te escurre la sangre de la boca Guillermo –Dijo super asqueado Frank.
-Esto sabe horrible…. –No pude evitar soltar el comentario en forma de quejido. Los 3 se empezaron a reír por mi queja o quizás por mi cara de asqueado.
-Guillermo… el único gazapo albino carnívoro –bromeó Cheeto.
-¿Por qué gazapo albino? –Pregunte sin pensar.
-Por el día del ataque de los vampiros de clase baja… tus ojos brillaron de color rojo. –Explico Frank.
-Fue impresionante - Agregó Mangel.
-No sabíamos que los sangre pura podían hacer esas cosas –Dijo el barbudo.
-Ahora lo saben…
El resto de la comida transcurrió muy en silencio, cada uno metidos en su alimento. Poco a poco fuimos terminando, hasta que el último termino su parte. Cheeto y Mangel se levantaron rápidamente, con un poco de prisa.
-Vamos chicos… nos tenemos que ir de caza –Cheeto se veía entusiasmado con la idea.
-Si que la comida no se va a traer sola –Continuo Mangel.
Frank los miro con cara de tristeza, pero no le duro mucho, porque su rostro cambio a uno de molestía.
-Yo ya no podré ir con ustedes chicos… -
-¿Qué? ¿Enserio tio? –preguntó sorprendido cheeto.
-Pensamoh que iban a veni con nosotroh
-Lady Rebeca no quiere que Guillermo salga de La Hoguera –Explicó molesto Frank.
-Ya veo… entonces… si eres su niñero –Cheeto nos miraba divertido, burlándose de nuestra situación.
-Callate gilipollas –Frank parecía tan molesto como yo por la situación. Frank relajo su mirada y cambio su semblante a uno más serio –Por favor, cuiden del grupo mientras no estoy, no hagan nada estúpido.
-No te preocupeh Staxx, haremoh lah cosah con cuidado –Mangel le puso su mano en el hombro, tratando de dar apoyo.
Frank asintió y vio como sus amigos se iban por lo que parecía el túnel principal, seguido por los demás jóvenes del clan. Su mirada era nostálgica, tal parecía que le encantaba ser parte de los cazadores. Pero ahora el tendría que actuar como mi niñero, agradecía que no era el único en sentirse desdichado por la situación.
No teníamos nada mejor que hacer más que dar un recorrido por La Hoguera, Frank insistió en enseñarme todo el lugar, para que me fuera familiarizando con los lugares y túneles que había en la guarida. Era muy fácil perderte en este sitio, si no fuera por los olores no podría ubicarme en el lugar. Me llevo a todos los lugares, menos a lo que estaba prohibidos claro, ni a las mazmorras que ya había estado mucho tiempo ahí. El día se había pasado muy rápido y ya estaba oscureciendo, extrañamente los cazadores no habían regresado, a pensar de que hacía un rato que lo debieron de haber hecho.
Terminamos en lo más alto de la montaña, mirando al horizonte a ver si regresaban el grupo de cazadores. Pero de un momento a otro, Frank perdió el interés de esperarlos. Giró su vista hacía mi, clavando su mirada. No pude evitar sentirme incomodo ¿Qué es lo que estaba pensado este?
-Debo de admitir… que eres muy atractivo –Por fin soltó a decir. Yo solo puse los ojos en blanco.
-Si claro… el mas atractivo entre los monstruos –Dije irónicamente.
-Bueno… al final de cuentas eso somos ¿No? Monstruos de la noche.
-Si tú lo dices…
-Debo pedirte una disculpa… sé que empezamos por el pie izquierdo, pero si vamos a estar obligados a estar juntos, por lo menos hay que sopórtanos.
-Creo que me debes MAS que una disculpa…
-Eso lo sé… mira quiero proponerte algo –Dijo mirándome serio.
-¿En que estas pensado? – Sentía un escalofrío… seguramente no pensaba nada bueno.
-Sé que la sangre de animal no es muy buena para lo de tu raza, mucho menos si esta lleva mucho tiempo de haber muerto –Arquee una ceja por el rumbo que estaba llevando la conversación.
-¿A dónde quieres llegar con eso?
-Sé que ya te has alimentado antes con la sangre de Samuel
-No sé de qué me hablas…
-No trates de engañarme, Samuel es tan malo mintiendo que era imposible que no me diera cuenta.
-No pienso aceptar nada.
-No tienes por qué… yo tengo claro que eso pasó… ahora, el no podrá estar contigo, el está muy ocupado con sus responsabilidades, solo serias una carga para el.
-No es como si me importara –Mentí.
-Mejor para mi, así será mas fácil…Te ofrezco mi sangre, seguramente la encontraras mejor que esos animales.
-¿Estas demente? ¿Qué ganarías tu con esto? –Este tío era muy raro y bipolar.
-Bueno Guillermo… ¿qué tienes para ofrecerme? –preguntó insinuante.
-Nada… no tengo nada. –Conteste fríamente.
-Oh… Guillermo… ¿Acaso no te das cuenta lo delicioso que hueles? –Frank iba acercándose poco a poco, de manera tranquila y amigable.
-No.
-Pues así es Guillermo, eres embriagador… desde que te conocí tu piel me llamaba.
-Que tonterías dices –Estaba colmando mi paciencia.
-Eh sido muy rudo, pero déjame demostrarte que puedo ser mas… suave…
-No lo creo…-Sin darme cuenta ya lo tenía muy cerca. –No te acerques mas
-Tranquilo Guillermo… no tiene que ser una experiencia desagradable –Me tomo del brazo, queriendo jalarme hacia el.
Estaba por empujarlo, para después darle un fuerte puñetazo, pero una voz nos hizo congelar en el momento.
-¿Qué están haciendo? –Dijo fuertemente aquella voz la cual reconocí de inmediato.
Los dos volteamos a dónde provenía la voz… tal como pensaba, se trataba de Samuel, el cual nos veía con cara seria, centro su mirada en Frank, le dedico una furiosa mirada. Frank por acto reflejo soltó mi brazo alejándose un poco de mi. No pude evitar sentirme un poco incómodo, como si me hubieran encontrado robando algo o haciendo algo prohibido. Después de tantos días al fin lo tenía en frente mío, mi cuerpo añoraba si sangre, la extrañaba… pero mi mente me retenía, él y yo no fuimos hechos para estar juntos, de ninguna forma.
-Los cazadores acaban de llegar Frank… Deberías ir a verlos –Sugirió Samuel con una notable impaciencia en su voz.
-Mi lady dijo que debía estar en TODO momento vigilándolo.
-Si solo estas vigilando entonces puedo cubrirte en eso, ella es mi madre… pero el rey aquí soy yo…-Dijo tajante, con una voz sumamente autoritaria que jamas le había escuchado.
-Si… mi rey –Seguido de esas palabras Frank se retiró de lugar, dejándonos solos en la cumbre de la montaña.
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-Tenía muchas ganas de verte- Dijo Samuel acercándose a un paso rápido.
-Detente… no te acerques mas… -Le dije de la forma mas fría que pude. Detuvo su acercamiento mirándome con cara confundida.
-¿Qué pasa? –Pregunto extrañado.
-No te me acerques como si fuéramos muy cercanos –Estaba enojado, enojado con el… hace días que no nos veíamos, no le había importado en todo este tiempo, pero ahora que me necesitaba al frente en sus filas de guerra parecía interesado, ¿A que estaba jugando? ¿Tenía que ser tan obvio que solo para eso me necesitaba? ¿Por qué me importaba de todos modos?
-Pensé que si éramos cercanos…-Samuel se miraba un poco triste, pero no sabría asegurarlo.
-No opté seguir viviendo por ti… que lo sepas...-Estaba siendo muy frio, pero esto no podía continuar así, él y yo, como amantes… jamás funcionaría, no era lo que el destino nos había preparado. Tampoco el hecho de que yo este aquí, pero eran cosas distintas.
-Quería ir a verte antes pero… tenía tantas cosas que hacer que mi madre no me dejaba solo en ningún momento.
-¿A caso te pedí que me explicaras?…
-En todo este tiempo solo podía pensar en ti, me preguntaba si estabas bien.
-No tienes que preocuparte por mi, ya te lo eh dicho.
-¿Tu… no me extrañaste? –Me preguntó.
-No –Mentí.
-¿Ni siquiera un poco? –Su tono de voz era bajo, ver su cara triste hacía que mi corazón latiera con dolor ¿Qué estaba pasándome? ¿Qué es lo que me ha hecho?
-Por favor Samuel… ya eh tomado una decisión. –Incluso mis palabras estaban resonando en mi corazón, haciendo que duela.
-¿Qué ya lo decidiste? ¿Y como siempre no tomaras en cuenta mi opinión?
-No me conoces Samuel… no sabes quién soy… -El nunca me perdonaría si se enterase quien soy en realidad.
-No me importa quien seas, de que raza seas, de que familia vengas, de que sexo seas… todo eso no importa porque me siento completo a tu lado.
-No sabes lo que en verdad implica todo eso… no soy perfecto… soy un cumulo de imperfecciones, todo en mi es un error, cada parte de mi fue hecha para engañar, soy un monstruo con el traje de un cordero, no merezco ser querido… -Sus ojos siempre lograban abrir mi corazón, no necesitaba una daga para lastimarlo, ni una fuerte tajada para abrirlo.
-Para mí eres casi perfecto…-Lo mire fijamente ¿Qué es lo que quería decir con eso? – No eres perfecto porque no me dejas estar a tu lado.
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Casi perfecto - Fanfic Wigetta - Parte 5
Espero que les guste ^^ me costó mucho trabajo escribirlo, Aqui les dejo el link de la lista de los capitulos anteriores.
http://elizabethsherlockz4.tumblr.com/post/109174110811/casi-perfecto-fanfic-wigetta-parte-5
Este capitulo será diferente por que sera narra por el punto de vista de willy, y así sera por un tiempo. Sin mas empezamos :D
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(Antes de su captura)
Narra Guillermo:
“Corría por los pasillos de nuestro antiguo castillo, persiguiendo a el único amigo que tenía. A pesar de ser pequeño, era muy ágil, pero yo no era fácil de dejar a atrás también. Estaba por alcanzarlo, un poco mas y lo tendría en mis brazos, solo tenía que estirarlos un poco mas. Recuerdo como hacía apenas unos minutos estábamos en las afueras del castillo, cuando de pronto Ying empezó a correr de regreso al castillo. Quería alcanzarlo, tenerlo en mis brazos de nuevo. Era una situación divertida, un juego entre amigos. Pero al girar en una esquina me topé con un muro en mi camino que hizo caerme al suelo. Abrí mis ojos mientras sobaba mi cabeza, levanté la vista y me encontré con los ojos profundos de mi madre, que me miraba con disgusto. Agache la cabeza, conocía muy bien esa mirada, esa mirada me atormentaba por las noches.
-¿Qué hacías en las afueras del castillo Guillermo? –Su mirada era sería, pero sabía que estaba molesta, muy molesta.
-Yo… yo… estaba jugando mam- -No me dejó terminar y me soltó una bofetada que me hizo regresar al suelo.
-¡¿CUANTAS VECES TENGO QUE DECIRTE QUE NO SALGAS DEL CASTILLO!?- Gritó. Las lágrimas se empezaron a escurrir por mi rostro, mi cara se torno roja, su bofetada me había dolido. – Nunca escuchas… eres peor que un monstruo…”
Me levante en medio de la noche sudando, mi respiración era agitada… pero no era por la escasez de aire, no, era por el miedo. Mi cuerpo temblaba ligeramente mientras pasaba las manos por mi rostro ¿Cuántas veces había sido atormentado por este tipo de sueños? No lo recordaba, cuando pensaba que ya lo dejaría en el pasado, las mismas imágenes regresaban a mi cabeza. Agradecía que los de nuestra raza no tuvieran mucha necesidad de dormir, pero entre menos te alimentes de sangre, mas necesitaras dormir y mientras estés bien alimentado no te dará sueño nunca. Pero ese no era mi caso. Me levante de mi cama para dirigirme a la terraza, necesitaba despejarme de mis pesadillas.
La luna brillaba fuertemente entre la oscuridad de la noche, me encantaba las noches que pasaba observándola desde mi balcón. Parecía ajena a todos los problemas, solo permanecía ahí siguiendo su curso por toda la eternidad. Si pudiera hablar no me imagino las sin fin de historias que pudiera contar sobre todo lo que ha visto desde su lugar. La envidiaba, porque era como yo, vivía en una eternidad sin fin, pero alejada de problemas y sentimientos. Amaba y odiaba la luna a la vez, ella era el único testigo de mis más profundos sentimientos y pensamientos. Aún recuerdo la primera vez que la observe toda la noche, fue el día que comprendí cómo funcionaba nuestro mundo, el día que supe que no podía huir de mi destino.
Muy poco saben sobre nosotros, los sangre pura. Muchos se lo preguntan, pero pocos saben la respuesta ¿Cómo se lograba mantener una dinastía de vampiros de sangre tan limpia por los siglos de los siglos? Esto era un secreto familiar, que solo los más cercanos a la familia real descubrían o lograban concluir. En mi familia lo era todo, desde recién nacidos se sabía que tan pura era nuestra sangre. Mi padre, Cornelius Díaz de Dracula, rey de Europa, había tomado como esposa a mi madre Chang’e Ha, princesa del clan Ha. Mi madre nació en la familia sangre pura que regía en China. En un acuerdo de preservar la paz, la sangre y unificar reinos se optó por entrelazar los clanes como uno. Hubo descontentos en esa época, muertes y una dictadura dura para aquellos que no podían soportar a los miembros del otro clan. La calma solo llegó en el momento que su primogénito nació, ese se trataba de mí.
Después de la guerra contra los hombres lobo, muchos clanes quedaron muy destrozados, casi totalmente eliminados. Había sido tiempos tan duros que los clanes de Europa formaron uno, muchos sangre pura fueron eliminados, líderes y sus esposas. Mi padre dirigió las tropas a la victoria, ganándose así el respeto de todos los clanes de Europa. Nos unimos en un solo clan después de la guerra, sabiendo que solo así podríamos regresar a nuestra gloria.
Eso había ocurrido cuando yo apenas era un niño. Ahora ya era todo un adulto que tenía que empezar a tomar mi rumbo, más bien mi destino. No era raro que entre sangre puras hubiera uniones entre hermanos, se hacía para conservar el linaje. Cuando era apenas un niño no entendía realmente lo que esto significaba, pero ahora era algo que no me agradaba en lo absoluto. Había hablado con mi padre para exponerle mi inconformidad con esta clase de costumbres, pero las cosas no habían salido muy bien. Para mi desgracia mi hermana era la única sangre pura mujer que había nacido desde hace ya mucho tiempo, las demás habían muerto a manos de los hombres lobo años atrás.
Mi hermana era muy joven, tampoco me agradaba la idea de dejarla con cualquier otro que pudiera hacerle daño. Pero como dije… muy pocos saben cómo se ha guardado el linaje tan puro por los siglos de los siglos, sobre todo en el linaje “Ha”. No era raro que nosotros tuviéramos muchas y muchos amantes para satisfacer nuestras necesidades, pero yo jamás había llegado a tener uno o una. Prefería tomar la sangre de algún animal que cazara a espaldas de mi clan, que tener que lidiar con una vampira para satisfacernos mutuamente por la sangre. No éramos más que creaturas en una eterna lucha por saciar nuestras necesidades, éramos esclavos de ellas. No vivíamos eternamente para gozar de nuestras vidas, no, vivíamos eternamente para sufrir nuestras necesidades. Una vida llena de prejuicios, donde la pureza de tu sangre lo era todo, definía como vivirías tu vida por toda la eternidad. No sabía si realmente era afortunado por nacer en el clan más poderoso hasta nuestros tiempos, porque de esta manera mi sufrimiento no parecía tener fin, la sed de sangre, la creciente lujuria de la cual cada vez era mas preso, me asfixiaba de manera acojonante. Muchas mujeres se me habían echado prácticamente a mis brazos, pero mí naturalmente ser orgulloso y mente ortodoxa jamás me dejo aceptar tan inapropiada relación de lujuria, porque todo se reducía en algo… lujuria por la sangre.
Esta tarde mi padre regresaría de su viaje, hacía meses que había partido al norte para hablar con uno de los clanes más fuertes de esa region, afortunadamente también eran nuestros aliados, pero la lealtad de los miembros era directamente para su líder y no para mi padre. Al parecer buscaba unificar los lazos entre su clan y nuestro reino. Si lo conseguía toda Europa y gran parte de china estaría a la disposición de él. Mi padre era un hombre ambicioso, fuerte, un excelente líder, por lo que no era de extrañar que fuera considerado el rey de Europa entre los clanes. Y con esto que estaba buscando seguramente ya nadie negaría su posición.
La luna se ocultó en el horizonte para darle paso al sol, una vez más había pasado todo la noche observando a la luna. Escuche unos pasos acercarse a mi habitación a una rápida velocidad, para después tocar mi puerta con un poco de fuerza. Sabía de quien se trataba, no era difícil adivinarlo con sus pisadas escandalosas y forma de tocar.
-Pasa… -No alce mucho la voz, ya que no era necesario. Escuche como la puerta se abrió y en pocos segundos tenía a esa pequeña abrazándome fuerte por la cintura.
-¿Guille estas bien? En la noche escuche algunos quejidos, pero no quise molestarte. – Su habitación estaba muy cerca de la mía, por lo que no era de extrañar que me haya escuchado.
Los recuerdos de mi sueño pasaron de nuevo por mi mente, pero los sacudí concentrándome en mi hermanita. No quería hacer que se preocupara.
-No pasó nada Caro, estoy bien. –Le acaricié la cabeza para tranquilizarla un poco.
-¿Estás seguro? – Me miro con su carita de borreguito pidiendo un poco de sinceridad. La miré pensativo por unos segundos.
-Caro… ¿te hubiera gustado… conocer a mamá? –Le pregunté seriamente. Sabía que era un tema doloroso para ella también. Pero no por la misma razón que yo.
-Yo… no lo sé, creo que si… -De sus ojos empezaron a caer lágrimas. Eso me temía, ella era incapaz de hablar de nuestra madre. Ni de festejar el día de su nacimiento, porque era el mismo día que había muerto nuestra madre.
Le acaricié la cabeza intentó calmarla. Aquel día había cambiado todo nuestro mundo, el mío, el de mi padre, y el de mi hermana que se encontraba en su vientre. Ese día mi padre había cambiado por completo. Había logrado salvar a mi hermanita, pero a un coste muy alto, la vida de su esposa. La que se suponía que era mi madre. Que salvajemente había sido secuestrada por un clan de rebeldes, sus intenciones eran claras, quedarse con su sangre, y con la única vampira sangre pura además de mi madre, mi hermana. Yo por otro lado… no podía decir que sentía pena por su muerte. En realidad, era algo incómodo de reconocer… ¿No se suponía que los niños amaban a sus madres? Para mí la respuesta se respondía con otra pregunta ¿No se suponía que las madres amaran a sus hijos?
Separé a mi hermana para que me mirara a la cara, le sonreí de lado para tranquilizarla mientras ella se limpiaba las lágrimas con la manga de su vestido.
-Vamos Caroline, que hoy regresa nuestro padre, necesitas lucir bien para su llegada- Le dije para distraerla. Asintió levemente para después hacer una sonrisa forzada. Me dio otro abrazo pequeño y salió rápido de la habitación.
Estando fuera del castillo mi padre, yo me hacía cargo de poner las cosas en orden hasta donde mis capacidades pudiesen, trabajo que era elogiado por la mayoría del castillo y organizar la llegada de mi padre no sería la excepción. Me encargue de que la servidumbre hiciera banquetes de comidas exquisitas, que aunque para un vampiro no supiera a nada realmente o bien no nos satisficiera, era un lujo que los ricos de nuestra raza se daban para eventos especiales, como la de una bienvenida. Además, no solo llegaría mi padre, sino que traería a alguien como invitado, al que claramente tendríamos que atender lujosamente. No perderíamos la reciente unión entre nuestro reino y el clan por parecer menospreciantes con la visita.
Esta no sería una bienvenida común y corriente, también tendría que ser una fiesta por la unión y paz. Los líderes de los clanes bajo el mando de mi padre vendrían a recibirlos al castillo, por lo que había mucho que organizar. Pero ya tenía todo preparado, solo era cuestión de alinear algunas cosas para tener todo listo.
El día transcurrió rápidamente, no tardaría mucho en llegar mi padre, para que dos horas después los invitados vinieran a la fiesta de bienvenida. Estaba en el cuarto de Caroline cepillando su cabello cuando la trompeta de la entrada se hizo sonar en señal de que habían llegado. Ella vestía un vestido color rojo que le quedaba muy bien a su piel pálida y cabello negro azabache. Miré a caro en señal de que teníamos que ir a recibir a nuestro padre, ella asintió. Nos fuimos rápidamente a la sala del trono para esperar a nuestro padre. Al cabo de pocos minutos la entrada del enorme lugar se abrieron dando pasó primero a mi padre seguido por los hombres de confianzas que lo habían acompañado en su viaje. Sonrió al vernos mientas se dirigía a nosotros, mi hermana le sonreía de igual manera, yo solo estaba expectante. Al llegar a nosotros le dió un beso en la frente a Caro, después se giró conmigo para poner su mano en mi hombro.
-Me han dicho que has cuidado del castillo maravillosamente –Parecía estar orgulloso, ya que lo dijo con una gran sonrisa.
-Solo eh hecho lo que eh tenido que hacer – Estaba lejos de ser perfeccionista, pero no me gustaba no hacer cosas de provecho, siempre buscaba la forma de mejorar las cosas.
-Y siempre lo has hecho Guillermo, no podría estar más orgulloso – A veces sentía recibir más reconocimiento del que realmente merecía. Por lo que solo me limite a asentir. –Bueno… tenemos una cena que preparar.
-No te preocupes por eso padre, ya me eh encargado de todo –
-Ya veo… entonces ve a prepararte para la fiesta, tú también Caroline, te deje un nuevo vestido en tu habitación. –Le sonrió a caro, que hasta el momento había sido ignorada, al saber lo del presente sonrió ampliamente dándole las gracias.
Nos despedimos de nuestro padre para hacer lo que nos había dicho. Él tomó su lugar en el trono mientras sus hombres se acercaban para hablar con el. Mientras que Caroline se dirigía directamente a su habitación, yo opté por ir un momento a los jardines, necesitaba un momento a solas antes de tener que lidiar con todos los invitados que vendrían en unas horas. El jardín era estilo chino donde en el centro había un mini kiosco, todo había sido obra de mi madre. Era un lugar donde me sentía nervioso pero de alguna forma siempre terminaba yendo a ese lugar, dejándome llevar por la cantidad de sentimientos que me hacía tener. Podía pasar de la felicidad a la tristeza en un solo momento en aquel lugar. Observe mi rostro en el estanque, siempre que me veía no podía evitar encontrar muchas similitudes con mi madre. Tenía sus ojos, su nariz, sus labios… mi reflejo siempre se terminaba convirtiendo en mi madre, atormentándome… no era capaz de verme reflejado en el agua, mucho menos en un espejo. Si, era muy parecido a mi madre… pero con las características más toscas que ella, claro, por ser hombre y por los pequeños rasgos de mi padre que tenía. Cerré los ojos para evitar que el miedo se apoderara de nuevo de mí, pero ya era demasiado tarde.
Imágenes de cuando era apenas un niño aparecieron en mi mente, donde no paraba de llorar, desolado, o con una única compañía, Ying… mi mascota y único amigo, el cual era un conejo blanco. La mirada penetrante de mi madre aparecía constantemente, sus labios pronunciando palabras despectivas hacia mí. Cerré los ojos fuertemente para evitar que todos estos pensamientos me invadieran por completo. Pero fue el ruido y olor de otro vampiro lo que me hizo despabilar y ponerme alerta, era un olor que jamás había olido en el castillo. Al cabo de un segundo tenía a un vampiro acorralándome entre su cuerpo y uno de los postes del pequeño kiosco. Apenas pude reaccionar cuando su mano ya me tenía agarrado del mentón delicadamente.
-Pero que tenemos aquí… ¿Qué es lo que aflija a esta hermosa creatura? –Me preguntó con aire coqueto aquel extraño.
-Aléjate de mí, si no quieres que te lastime –Amenacé, sabía muy bien que el no era un vampiro cualquiera, pero no dejaría que hiciera lo que quisiese.
-Tranquilo baby... creo que podría ayudarte a sentirme mejor –Dijo acercándose a mi cuello peligrosamente.
Este tío era muy pesado, en un rápido movimiento me deshice de mi acorralamiento. Lo miré molesto, conteniendo las ganas de matarlo en ese mismo lugar, nadie me tocaba, mucho menos sin mi permiso. Él se dio cuenta que tampoco estaba tratando con cualquiera, pero se limitó a sonreír. Era un “joven” de no mucha más edad que yo, su piel era blanca pero no exactamente pálida, sus ojos azul claro y cabello rubio.
-No vemos después baby – Dicho esto miro hacia un lado del bosque, por instinto miré hacia donde él había volteado, no había nada… nada más que el aburrido bosque.
Al regresar la mirada ya no se encontraba en el lugar, mi enojo solo aumento por haber caído en tan estúpida distracción. Ahora tendría que lidiar con un loco en el castillo, asunto del que me encargaría personalmente, porque así lo era, nadie me tocaba de esa forma sin mi permiso.
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Toda la fiesta estaba transcurriendo según lo planeado, los invitados llegaban poco a poco al castillo. Mis tres mejores amigos me acompañaban en la velada. Tomábamos un poco de sangre en copas mientras charlábamos de tonterías. Luzu, llevaba rato hablado sobre sus viajes al otro continente, América, mientras Rubén y Alejandro lo escuchaban fascinados con sus relatos. A mi también me parecían fascinantes, algo digno de vivir e experimentar. Pero el recuero del loco pervertido no dejaba de pasearse por mi cabeza, estaba alerta en todo momento por si lo llegara a reconocer entre la multitud. No pasó mucho tiempo para que mi papa llegara al Hall con el aplauso de todos lo invitados, se quedó en la entrada mientras hacia una señal con la mano de que dejaran de aplaudir, los cuales fueron desapareciendo poco a poco. Una vez todos estando en silencio habló fuerte para todo el público.
-Damas y caballeros, sean bienvenidos a esta Velada, espero que sea de su agrado. –Hizo una pausa para dejar una nueva oleada de aplausos cesar –Quiero que también le den la bienvenida a nuestro oficialmente aliado del clan James J. Cameron.
Un hombre entro por la puerta saludando muy elocuentemente, el mismo hombre que me había topado pocas horas atrás, ese loco pervertido. La sangre empezó a hervirme por el coraje que sentía al verlo comportarse como si no fuera el enfermo sexual que quería no sé qué cosas hacer conmigo. Toda la gente le aplaudía, entonces comprendí todo, él era el líder del otro clan que recién habíamos hecho alianzas. Él era la última estúpida pieza que mi padre tanto deseaba para tener todo el poder. No solamente tendría que olvidarme de su no querida propuesta indecorosa, no, también tendría que llevarme bien con él. Por qué algún día yo tendría que estar en la posición de mi padre. Actuando como si todo el mundo fuera agradable, cayéndoles bien a todos. No lo culpaba, era parte de ser un líder respetado. Pero me parecía enormemente desagradable tener que lidiar con personas como James, que creían que podían hacer lo que quisieran.
Estaba tan metido en mis pensamientos que no me di cuenta que todas las personas del lugar estaban observándome. No fui consciente de eso hasta que Alejandro me golpeó con su codo para hacerme reaccionar. Levante mi rostro a la multitud y todos estaban expectantes. Volteé donde se encontraba mi padre, al lado suyo estaba también Caroline, la cual me hacía una seña con su rostro de que me acercara con ellos. Con la mirada de todos puesta en mi, me acerque a mi familia e inevitablemente a James el acosador. Al llegar con ellos, el loco extendió su mano hacía mi con una amplia sonrisa mientras contemplaba mi rostro. Tomé su mano con una sonrisa fingida. Terminado el saludo, el ambiente pareció relajarse, la gente se veía menos interesada. Mi padre hizo sonar su copa, dando inicio al baile. Queriendo huir del tal James, camine hacía mi hermanita para pedirle bailar juntos, no dejaría que nadie más que yo tuviera su primer baile de la noche.
Caroline parecía divertirse de verdad, era muy hermosa, envidiaba el hecho de que no se pareciera nada a nuestra madre, era la viva imagen de mi padre, pero en mujer. En ocasiones se le dificultaba el seguirme el ritmo por la diferencia de tamaños, pero eso solo nos hacia reír a los dos. Los demás invitados bailaban alrededor de nosotros al ritmo de la música. Me encantaba disfrutar estos momentos de felicidad con la única persona que realmente consideraba como mi familia, Caroline, esa dulce niña con algunos problemas de depresión, que sin darse cuenta e indirectamente había llegado para llevarse la razón de mis tormentos, Chang’e nuestra madre.
La música continuaba, pero yo ya no tenía ganas de seguir bailando. Por otro lado Caro parecía querer seguir con el baile. A lo lejos mire a Alejandro, haciéndole una señal para que viniera a bailar con mi hermana. Él sonrió de un lado para después empezar a desplazarse ente la multitud. Llegó con nosotros, pidiendo la pieza de baile a mi hermana con la mano, yo naturalmente se la cedí. Caro sonrió a Alejandro, ya que ambos se conocían de hace mucho tiempo también. Sabía que podía confiar en el, además que por el tamaño era el mejor candidato entre mis amigos para bailar con mi hermana.
Caminaba entre la multitud sin rumbo aparente, quería estar en un lugar tranquilo lo antes posible. A lo lejos divisé a mi padre, el cual me observaba desde quien sabe cuánto tiempo. Me hizo una señal de que lo siguiera. Me llevo hasta una habitación bastante alejada de los invitados, al parecer quería hablar en privado conmigo. Entramos a la habitación, adentro nos esperaba James, el cual me sonrió pícaramente al entrar, yo por otro lado lo mire con cara seria, intentando controlar mi mal humor.
-Guillermo, te eh traído aquí con el Joven Cameron para hablar de unos asuntos importantes.
-Ya veo, ¿Qué es lo que sucede? –No creo que tenga que ver con nuestro primer contacto, ya que él se comportó como un gilipollas. Mi padre estaba por hablar pero fue mas rápido James.
-No tiene por qué llamarme Cameron, está bien que solo me llame por mi nombre –Sonrió para mi padre y él le regreso una pequeña sonrisa. –Queremos discutir los términos de la alianza contigo.
- ¿Entonces aun no lo han pactado? –
-No… -Contestó mi padre. – Veras… como bien sabes la familia Cameron es la que gobierna en todo el norte del continente, son una familia rica y respetable.
-Entiendo…-
-Ellos aceptaron la unión y completa lealtad hacía mi –Hizo una pequeña pausa para después continuar –Pero con una sola condición… que uniéramos nuestros clanes por medio de la sangre.
Una enorme oleada de sentimientos me aplastó en ese momento, no podía creer lo que estaba escuchando. Sabía que este día llegaría tarde o que temprano, pero nunca hubiera estado preparado.
-… ¿Estamos hablando de matrimonio?... –Pregunté.
- Así es –Contestó mi padre.
-Pero… esto es ridículo ¡Caroline apenas es una niña! – Dije exaltado.
-No estábamos hablando de Caroline… bueno, en un principio si, pero por eso mismo eh querido hablar contigo y tu padre –Dijo insinuante James.
No podía creer lo que estaba pasando… estaba en shock intentando digerir todo lo que estaba pasando, a lo que querían llegar estos dos.
-Padre… ¿Qué te hizo pensar que iba a aceptar algo como esto? – Estaba furioso.
-No te hagas el indignado ahora, fuiste TÚ el que me dijo que no quería casarse con Caroline, esto es lo mejor para todos. –Mi padre al igual que yo estaba enojado.
-¿Lo mejor para todos? Lo mejor para ti mas bien… ¿juntarnos a él y a mi? Eso es ridículo. ¡Somos dos hombres joder! –Mi enojo solo empeoraba a cada segundo, no podía medir mis palabras.
-No me vengas con eso Guillermo… -James me miraba de arriba a abajo muy tranquilo sentado es su silla, nuevamente sonrió muy fuera de lugar -Muy interesante la familia de tu madre, los “Ha” esconden tantos secretos… no por nada es el clan mas fuerte de china.
Sabía de lo que estaba hablando, un sonrojo se coló por mis mejillas, estaba avergonzado. Volteé a mirar a mi padre con furia.
-¿Tu le has dicho? – Le pregunté.
-No… al parecer está muy bien informado –
-¿Tengo muy buenas fuentes de información sabes? –Dijo orgullosamente James.
La irá me carcomía en ese momento, me sentía humillado por el comentario de James, traicionado por la avaricia de mi padre. Jamas en mi larga vida hubiera imaginado terminar casado con una persona tan poco ortodoxa como ese pervertido. Seguramente el me veía como un trofeo que quería conseguir, decirle que no había provocado lo contrario a lo que hubiera deseado.
-Padre… Ni siquiera muerto aceptaré casarme con él, no me importa lo que digas. –Lo miré a los ojos, para que comprendiera que hablaba enserio. James me miraba enojado, seguramente también quería decirme un par de cosas por mi grosero rechazo, pero no me importaba. Me encaminé a la salida, no estaba en discusión no iba a ceder en algo como esto. Antes de salir mi padre habló.
-Entonces… que así sea… pero tendrás que aceptar las consecuencias –Me quede esperando en la puerta, quería saber a qué se refería – Los clanes se unirán quieras o no.
No podía seguir escuchándolo mas, me fui rápidamente de la habitación, alejándome lo mas posible de ellos. Quería estar solo, huir de este destino tan asqueroso… solo había nacido para ser utilizado, nada más.
Terminé yéndome a mi habitación, la cual estaba en una de las torres mas altas de castillo. Me paré en frente del espejo más grande que había en mi habitación, miré mi reflejo. No podía soportar verme, lo golpeé fuertemente, haciendo que mi puño traspasara el espejo hasta mas allá de la pared, pequeños trozos de cristal cayeron en el suelo, distorsionando mi figura en el reflejo… así me gustaba mas.