Historias Primigenias: Los Segundos
Fue hace algunos años, antes de ocuparme de mi puesto como consejero, que camine por el mundo de los humanos como uno de ellos, o al menos lo intenté. Los pobres nos veían como dioses, y a menudo teníamos que viajar grandes distancias bajo disfraces para no ser identificados, aunque parte de nuestra aura sobrenatural siempre lograba traslaparse y en realidad rara vez solíamos pasar en completo anonimato. Esa era la razón por la que la mayoría prefería simplemente rondar a manera de espíritu por el mundo sin la posibilidad de ser detectados por ellos, pero nuestro concilio siempre ha existido cierta fijación por hacer las cosas de la manera difícil, y con vivir la experiencia completa, especialmente yo, que desde ese tiempo ya me encontraba obsesionado con su cultura, sus costumbres y especialmente sus artefactos.
Los seres humanos viven envueltos en un mundo material de objetos diseñados enteramente por ellos, o intervenidos de la naturaleza para adaptarlos mejor a sus necesidades, y eso siempre ma ha parecido extremadamente intrigante. Desde aquel entonces me había dado a la misión de recolectar objetos interesantes, así como información pertinente que me permitiese conocerlos a ellos y al mundo en que habitan mas a fondo, aunque poco esta de mas decir que ha estas alturas también se ha convertido en un gustoso hobby.
Con el paso del tiempo me convertí en un maestro rastreador, y especialmente: en un amo del comercio. Era capaz de ganar cualquier regateo en segundos, sacando bastante beneficio (aunque mucho mas tarde entendería que en realidad era muy difícil perder a menos que realmente tuvieses algo que temieses perder). Mi fortuna también creció exponencialmente, cosa que siempre me importó mas bien poco, pero a la vez me otorgaba montones de facilidades a la hora de conseguir mis preciados objetos, sin tener que derramar ni una gota de sangre.
Tarde o temprano y sin darme cuenta, me llegue a convertir en el mejor comerciante de toda la tierra. Era capaz de sacar una ganancia de cualquier trato, y cuando mi fama empezó a ser mucha, incluso los reyes mas poderosos se acercaron a pedirme consejo.
Por aquel entonces viajaba de ciudades como Jizan o Tiro cargado de alrededor de cien camellos que transportaban mi fortuna. Los muchos ladrones que se atrevieron a probar suerte terminaron escarmentados por algunos de los trucos que Selene me enseño durante mis años de escolar. A pesar de todo eso, no me importaba realmente perder nada, mi colección era por encima de todo, un disfrute temporal, y aunque me encantaba echarle un vistazo a menudo a cada uno de mis objetos para estudiarlos y meditar en ellos, también era capaz de entender la inevitabilidad de su perdida.
En mas de una ocasión alguno de mis sirvientes termino olvidando por error una moneda sagrada en algún sauna, o dejando alguna tablilla o copa ancestral descansando en los aposentos de alguna fémina. Era irrelevante, todo había cumplido su papel y después de todo no se podía pedir demasiada eternidad de objetos creados por los mortales, por mas excepcionales que fueran.
Recuerdo que alguna vez mientras íbamos rumbo a la ciudad de Bagdad se nos acerco un anciano que vestía con apenas una modesta túnica. Su apariencia era precaria, pero a pesar de todo, cargaba en sus manos una pesada bolsa de cuero, que no era muy difícil asumir, estaba repleta de monedas. Cuando finalmente estuvo frente a mi, se inclino hasta tocar el suelo con la frente y enuncio sus palabras.
-Maestro, he escuchado de sus grandes hazañas y he venido en su búsqueda, le pido por favor que me de un consejo, para convertir mi fortuna en una tan grande como la que usted lleva ahora consigo.
¿Cual es tu nombre?- Le pregunté
-Amalias mi señor, durante 28 años esclavo en la lejana region a la que llaman Magan, donde los hombres construyen montañas sobre las aguas. He oído que usted tiene el poder para convertir un denario en setecientos, y comprar mil reces con una moneda de plata, he aquí pues todos los ahorros de mi vida, solo pido un poco de su sabiduría. Si usted se me lo permite, quisiera que me dijese el secreto para volverme rico.
¿Y para que quieres ser rico?- Volví a inquirir
El anciano titubeo un poco, como era de esperarse. Sus dedos crujieron mientras apretaba fuertemente el saco que tenia en las manos.
-Usted vera mi buen señor, la riqueza la busco para poder vivir en buenas condiciones y liberarme de las pesadas cadenas del trabajo. Durante años no he hecho mas que servir a los intereses de distintos amos, y durante todo ese tiempo, no hubo una cosa que desease mas que la posibilidad de un buen sueño o un tiempo de discernimiento. Ahora soy anciano y ya no puedo espigar el trigo ni arrear el ganado, ¿Que destino le aguarda a alguien como yo, sin una fortuna que lo respalde? todo lo que busco es un buen descanso.
Buen hombre- Le dije- Ser rico no otorga ningún tipo de libertad. Si usted piensa así, recuerde un día a los reyes que se olvidaron de su pueblo, y los lugares tan pintorescos donde terminaron sus cabezas. Por el contrario, si usted buscase la riqueza, primero seria necesario que fuese libre, en todos los sentidos de la palabra, porque el esclavo puede ser esclavo por letra, pero solo si en su mente se permite subyugar sera verdaderamente un prisionero.
-Pero señor, si así fuese, enséñeme entonces a ser libre, para que pueda llegar a ser tan rico como usted, y nunca mas tenga que trabajar para el designio de otros.
Te equivocas- Le respondí- Ustedes los hombres aborrecen el trabajo por que su corazón carece de dirección y de propósito. Trabajan para satisfacer su apetito y vivir una vida fácil, y servil, y por eso su espíritu envejece mas rápido de lo que envejece la carne.-
Si descansar es lo que deseas, ahí esta la tumba. Trabajar es parte del espíritu humano, por que el trabajo es objetivo, dirección y sentido. Ningún hombre salvo el muerto esta libre de trabajo, y ningún trabajo es una carga salvo cuando se trabaja para los otros.
Vi que el pobre anciano asimilaba las palabras con dolorosa amargura, y me preocupe de que no fuese capaz de entender el significado tras de ellas. Fue en ese momento que recordé una parte de las sabias palabras de Selene. El poder que la bestia ejerce sobre el criterio de los hombres. Finalmente reflexione y con voz firme le dije:
Amalias, ex esclavo de la region de Magan. Has venido a mi por un consejo y te lo dare, pero primero te pediré que me acompañes a la ciudad de Bagdad, ahí pararemos para tomar agua y te hare una pregunta, y una vez que estemos saciados, te dire como triplicar tu fortuna.
El hombre aceptó y viajo con nosotros todo el camino, con un paso inquebrantable para su edad. Comió poco y no pronuncio ninguna palabra hasta nuestra llegada, lo cual tome como un temprano testimonio de su sabiduría.
Cuando porfin entramos por las enormes puertas de la plaza principal, nos encontramos con una enorme multitud, compuesta no solo de personas, sino también de objetos y extraños artefactos, que en otros tiempos quizá me hubiese interesado anexionar a mi colección. Por todos lados se veían tanto extranjeros como locales inclinados sobre las rocas,o pisando polvo mientras comían en tiendas de campaña improvisadas, la gran mayoría iban ataviados con extrañas ropas, que fácilmente se confundían con el foliage y la arenisca.
Mientras tanto yo le ordene a uno de mis sirvientes que nos trajese agua del pozo, y me dirigí nuevamente a Amalias:
Ahora quiero que mires atentamente a toda esta gente, y logres adivinar cual de entre todos ellos es el hombre mas rico.
No hay respuestas equivocadas, pero si logras coincidir con la mía entonces no solo te dare mi consejo sino también te regalare la mitad de mi fortuna.
El anciano paso solemnemente su mirada por todos los presentes, mientras trocitos de plomo volaban por el aire. Unos elefantes acorazados empezaron a cruzar a través de la plaza.
-Ya no hay nadie aquí que sea rico, mi señor- Respondió finalmente el anciano- .Hace no mucho tiempo hubo en esta ciudad un rey muy poderoso, que amasaba una gran fortuna y era temido por todo su pueblo, pero esos días quedaron atrás. El viento se ha llevado a todos los que poseían riqueza. Todos los que permanecen hoy son miserables.
Es una buena respuesta, y en efecto no te has equivocado, pero eso no significa que estés en lo correcto. La miseria, como veras, es un concepto de matices, y si bien es cierto que por aquí abunda, no todos los que aquí viven están embriagados en ella.
Y señalando con el dedo dirigí su mirada hacia un niño pobre que jugaba cerca del portón de una casa.
¿Que es lo mas valioso que posee aquel niño?
El hombre hizo todo lo posible por responder, pero a estas alturas su incertidumbre ya era lo suficientemente grande como para terminar ahogando cualquier intento de lucidez en sus respuestas. Lo máximo que pude obtener fueron balbuceos.
Finalmente , después de un corto periodo de silencio susurre:
Esta ciudad, como bien te has dado cuenta fue arrasada por los poderosos. Cayó en base a la soberbia de reyes que querían gobernar el mundo y poseerlo todo, pero a pesar de ello el espíritu mas rico aun sigue aquí, en la puerta de su casa semi destruida, jugando con un palo con el cual planea vencer todo el mal en el mundo. Sin oír los gritos, sin creer en la muerte que le rodea
Ustedes los humanos le han puesto un precio a todas las cosas. Algunas veces demasiado excesivo. Se han enfrascado en poseer fortunas por que se han olvidado de que al final nada puede pagar por el tiempo perdido, ni por la vida desperdiciada.
Los niños son ricos porque saben exactamente el valor de cada cosa, como en el caso de aquel, que juega inocentemente sin prestarle atención a lo que le rodea, sacandole provecho a sus segundos incluso siendo estos los últimos que posee.
De pronto, se hizo un gran estruendo, y los hombres y mujeres de la plaza empezaron a correr de un lado a otro, perseguidos por objetos muy parecidos a avispas, que salian de unos extraños artefactos que varios de entre ellos llevaban colgados al hombro, finalmente uno de ellos se fugo por un lado de la oreja del niño, y la cabeza de este exploto en mil pedazos.
Amalias cayo al suelo envuelto en llanto.
-!Oh señor!- dijo- ¿Porque me muestras estas terribles y desgarradoras visiones? ¿No ve usted que yo ya soy un anciano? La vida no me sonríe, y los huesos me crujen. Si el mundo muestra tan poca misericordia incluso a la mas inocente de sus criaturas ¿Que clase de destino podría aguardarle a alguien como yo? A mi tampoco me quedan muchos segundos.
Tienes razón- Le respondí
Pero aun te quedan mas que a aquel niño.
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“Esa fue la primera vez que paso por mi mente la idea de crear una moneda que representase exactamente el tiempo que se aprovecha, en lugar de aquel que se pierde.”
Finalmente, al regresar a Primigenia todas estas ideas se concretaron en un solo y único elemento, que hasta el día de hoy sigue siendo nuestro principal valor de cambio, en un mundo que realmente no necesita ninguno.