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Edición de fotos para Chai Editora
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Reseña: Otro Manhattan, Donald Antrim. Chai editora, Colección cuentos. Buenos Aires, Argentina, 2020.
Me encantan los libros que tratan a la ciudad en que transcurren las historias como una protagonista más. Siempre me han interesado los temas relacionados con la arquitectura y el urbanismo, pues considero que la forma en que se diseña una ciudad dice mucho sobre la vida que se llevará en ella. Sin ahondar mucho más, pienso que la esta es el escenario en el que todos actuamos esa obra real y continua que es nuestra vida.
Lo anterior, y las ganas de echar manos y ojos en el catálogo de Chai Editora, hizo que en la pasada Feria Internacional del Libro de Buenos Aires decidiera comprar una selección de cuentos de Donald Antrim llamada “Otro Manhattan”. En un primer momento, la asociación con una ciudad paralela y subterránea es inevitable, sobre todo si miramos la imagen de la tapa: un hombre de rodillas con una mano atrás, como escondiendo algo. No obstante, y con el correr de los cuentos, la siguiente acepción toma forma de libación y simboliza el pedido del famoso trago en un restaurante de dicha ciudad.
¿Qué decir de Antrim? No tenía acercamiento a su producción literaria, pero por la descripción de sus personajes me pareció muy cercano a escritores que admiro mucho: Yates, Cheever o Carver, lo cual terminó de cerrar mi decisión de compra. Más tarde me enteraría de que Antrim compartía amistad con Jonathan Franzen y el fallecido David Foster Wallace y bueno, dime con quién andas y te diré quién eres.
Para empezar a hablar del libro, los siete cuentos que lo componen son una muestra brillante de las distintas tonalidades narrativas que Antrim puede lograr. No obstante esta amplia gama, lo que siempre se encuentra presente es la angustia, ansiedad y lo urbano que define tanto a las historias como a sus personajes.
La magia del universo de este autor radica, al menos para mí, en la capacidad de contar historias de personajes fragmentados no tanto por sus calvarios personales como por la profunda humanidad con que los transitan. La vulnerabilidad (de todos los tipos posibles) es lo que atraviesa a todos los protagonistas –masculinos en su totalidad– de estos cuentos y es la misma ciudad la que oficia de espacio en el que ríen, lloran, sueñan, enloquecen, enferman, se recuperan y mueren. Esto me parece tan hermoso, sobre todo considerando la concepción que de las ciudades se ha hecho desde la lógica del capitalismo y que las describe solo como unidades territoriales demográficas que varían en extensión con respecto a un pueblo o una villa. Los temas económicos y políticos las hacen escenarios perfectos para los conflictos sociales, mas no para los cataclismos individuales y esa es justamente la importancia y uso que le confiere Antrim en estos trabajos.
Como ya mencioné, todos los personajes principales de Antrim (al menos en estos cuentos) son masculinos y lo que más atrajo mi atención con respecto a la relación entre el autor con sus protagonistas es la manera completa en que los desarrolla, llegando a desnudarlos de maneras que no conciben el recato ni la vergüenza, para bien o mal. En esta actitud sincera y hasta descarnada si se quiere, Antrim hace de su género algo tan vulnerable y despreciable al mismo tiempo que es inevitable no sobrecogerse ante esa maestría.
No obstante lo débil del primer cuento, tanto que creo no debió abrir la selección, tengo que decir que disfruté la mayoría de los presentes en esta obra, pero el que se llevó mi corazón fue “Otro Manhattan”, pues me hizo transitar por todos los estados emocionales posibles en un viaje muy corto. Del odio a la compasión, de la risa al llanto, pasando por la exaltación a la llana desesperación (el protagonista sufre de trastornos psiquiátricos y eso me pega muy fuerte) para culminar con esa sensación agraz muy parecida a la que se da en la mesa de un restaurante cuando todos los comensales piden otro Manhattan para brindar por el único alcohólico en la mesa.