Y sipo siempre ando despeinado jajajaja #despeinado #selfie #chascas (en Maipú, Chile) https://www.instagram.com/p/CQ37GNBMN-H/?utm_medium=tumblr
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Y sipo siempre ando despeinado jajajaja #despeinado #selfie #chascas (en Maipú, Chile) https://www.instagram.com/p/CQ37GNBMN-H/?utm_medium=tumblr
Después de un tour a la casa... #futbol #chascas #micro #alacasa
#chascas #pobre #mal #avefenix #lol #epic
Me encanta que es una persona súper sencilla y tratable *-* un amor y un gran escritor. Gracias @elchascas por la maravillosa firma del día de hoy 😘💗 #Malamor #Chascas #TrilogiaDeMalamor #Malamor3 (en Librería del Sótano)
El filo de tu piel.
Cuando salgo a la vereda, la lluvia me da en la cabeza. Diluvia sobre la ciudad. Pero ya no me importa. Soy un náufrago que no merece la más mínima consideración. La ciudad en ruinas me desconcierta, no sé cuál es el Norte, el Sur, ni si quiera sé para dónde tengo que echarme a caminar. ¿Alejarme hacia dónde? Si yo por fin había llegado a mi destino. Tú eras el punto final del camino, no el inicio de otra ruta. Los autos me salpican, la ropa se me pega a la piel como el abrazo que no tuve de ti. La lluvia se me mete por los ojos, me moja por dentro. ¿A dónde voy? Y extiendo una mano, obligo a un taxi a frenar en medio de un chirrido de neumáticos y un estruendo de gotas que se desordenan en su caída libre. Me meto dentro, estoy estilando. Soy un cuerpo hecho de agua que escurre, que me desaparece por completo.
-Al aeropuerto – digo.
Recién en ese momento, saco la cabeza de ese mar que se empeña en ahogarme. Abro la boca, intento llenarme otra vez de aire los pulmones. Sé que tendré que aprender a bucear si quiero sobrevivir, porque lo que viene no es fácil. El maremoto, yo lo sabía. La desgracia tenía que ser total. La ciudad entera se hunde para quedar convertida en una ruina marina. El chofer acelera y cierro los ojos, porque debajo del agua la realidad es confusa e imprecisa, y no quiero verla. El mundo se esconde tras cientos de burbujas azules y todas estallan al mismo tiempo. No quiero ver. No quiero volver a ver. Nunca más. Tampoco deseo ser testigo de mi propia salida. Las cosas no tenían que suceder así. Atrás, en la vereda de la esquina, quedó mi piel tirada al suelo. Seguramente la recogerán para meterla en una bolsa y mandarla con la basura vieja, a hacerle compañía a todo lo que he perdido.
Vuelvo a sumergirme. Necesito aprender a respirar bajo el agua, pero mi mar está revuelto: hay tormenta, corrientes internas que no me permiten nadar. Levanto la vista y veo las olas enroscarse. Este techo liquido se agita, me aspira junto con un violento impulso que parece arrastrar el mundo entero. El taxista me comenta que nadie esperaba lluvia para esa tarde. Yo no contesto, porque los ahogados no hablamos. Sólo alcanzo a mandarte tres últimos besos. Uno por el amigo que se me fue; otro, por el novio que perdí; y el último, por ese compañero del alma que me traicionó sin aviso, y que, de paso, se traicionó a sí mismo. Después no tengo más remedio que asumir que no sé nadar. Y me dejo llevar.