Tuve la extraña experiencia de vincularme con un niño youtuber sin saber que eso podía ser una profesión. Nunca he consumido más que música, o cosas random que me llegan de internet, pero ni cagando me sé los nombres de los youtubers.
Lo conocí en el mismo ciberespacio y de manera inesperada. Una persona extraña comenzó a hablarme constantemente por el chat con una excusa bien ridícula ¿Oye tení una mano? Me dijo y le contesté ¿Nos conocemos? Siempre dijo que no era una mala excusa, sino que en verdad tenía una dealer con un nombre tan excéntrico como el mío.
Un día llegó inesperadamente donde un amigo, así que sin ningún conocimiento previo nos sedujimos. Me convenció de que cuando me había visto por internet ya me conocía y era exactamente igual a como me imaginaba. Comenzamos a estar juntos pero me daba nervio extremo ver sus videos, por lo mañosa que soy: ¿Qué pasa si no me gustan y tengo que inventar una excusa mala para escapar? ¿Cómo voy a encontrar a la misma persona pero que no haga eso? ¿Por qué chucha tiene que ser youtuber?
Me cargaba la idea, sobretodo por el miedo del estereotipo machista que los demás me transmitían todo el rato de él y, aunque suene estúpido, lo encontraba muy raro, chulo, no sé, me daba monos. No podía soportar que estuviera lleno de fanáticos ¨niños ratas¨ (termino que aprendí con él): esos típicos escolares que les esta saliendo el bigote pelusa, puros prejuicios en todo caso.
Vi algunos de sus sketches, un poco incómoda. Empecé a verlo de forma géminis, o mejor dicho dual: era dos personas en una ¿Por qué no se podían separar? No sé muy bien cuál era ese personaje y tampoco lo examiné lo suficiente como esa niña que una vez te tiró mil flores en un bar y, por un momento, me hizo pensar que te conocía aún más que yo. Pero para mi nunca serás ni eres ese. Me impactó tu sensibilidad que vislumbrabas con mucho pudor para no ser descubierto, ese egocentrismo que lograba ocultar un poco tus preocupaciones, esa sencilla manera de auto convencerte de que las cosas tienen que funcionar, pero por sobre todo tu torpeza. Tienes un caminar torpe, una postura torpe, un control emocional torpe y es justamente esa torpeza lo que más me atraía. Nunca te gustó sentirte amenazado por mí o pensar que podía irme, supongo que eso siempre me dio un poco de seguridad absurda. Esa misma seguridad que insegurizaba todo, te ponía celoso y terminaba en destrucción, agresividad y búsqueda de venganza. Te empezaste a alterar conmigo por mi no-filtro que consistía en hablar mucho cuando salíamos y tener opiniones distintas en general. Cómo decirte que no me agradaban las bromas sexistas de tus shows de Stand Up. Así que hice un experimento: fui al cumple de tu hermana y no abrí la boca en ningún momento, sonreí harto para empatizar y hacer match con tus cercanos. Lo pasé pésimo y me sentí literalmente un mueble. Cuando fuimos a acostarnos me dijiste que me había portado muy bien, como si fuera una mascota, como si fuera tuya. Querías culiar ignorando brutalmente mi disgusto.
A veces te veo telepáticamente, en una foto con mi mochila favorita que te costó mucho devolverme o con mi compañera de universidad con la que decidiste estar cuándo supiste que salía con un conocido tuyo. Como sea. Esta no sea parte de una ficción inventada para el próximo capítulo de tu canal.