No dejes que ningún pensamiento pase de incógnito, y mantén tu cuaderno tan estrictamente como las autoridades mantienen su registro de extranjeros.
Bueno, he de admitir de que en este momento tengo cinco cuadernos activos. Claro, cada uno cumple una función distinta, pero por lo que veo, a otras personas esto les parece excesivo. Así que explicaré:
1. El cuaderno de la BiPA. Este queda siempre en el taller de la BiPA, y me sirve para anotar ideas, listas, trabajos pendientes, y es el punto de referencia para cuando necesito volver atrás y revisar lo que hice en otros momentos.
2. Cuaderno de bolsillo #1. Este siempre va conmigo, y en él tengo anotada un montón de información útil que a menudo necesito cuando estoy fuera del taller.
3. Cuaderno de bolsillo #2. Este es para anotar ideas de cualquiera de los trabajos que esté haciendo, fragmentos de poemas en proceso, cosas que veo por la calle, bibliografías, muchas de las citas que aparecen en esta serie, tareas (porque por alguna razón, es en el colectivo donde siempre me acuerdo de cosas que tengo que hacer), notas de reuniones, lo que sea. Con estos dos cuadernos de bolsillo, que van dentro de una misma funda, puedo ir a cualquier lado y anotar lo que sea, o acceder a muchas de mis notas básicas.
4. Cuaderno de bolsillo #3. Este en realidad tiene poco uso. Estoy tratando de incorporarlo a mi rotación, pero por ahora sólo me funciona para jugar, escribir algunos borradores, perder tiempo. Eso, más que nada es un juguete.
5. Cuaderno de trabajo. Lo llamo así, y siempre tengo uno activo. Me sirve para desarrollar ideas, para probar cosas y tomar notas cuando estoy leyendo o investigando algo. Suele quedar en el escritorio, que es donde mayor uso le doy.
Pero sí, la idea es básicamente la de Benjamin, que no se escape una sola idea, un solo pensamiento. Y es que muchas intuiciones, sensaciones, gérmenes de ideas, se pierden si no las expresamos linealmente en palabras. No soy de andar grabando cosas en el teléfono, ni tampoco de oír las grabaciones que otros me mandan: me molesta mi pereza, pero la de otros me molesta aún más. Escribiendo las ideas, tratando de expresarlas por escrito, es como esas ideas van tomando forma. Además, mi memoria es primordialmente visual, así que siempre sé donde anoté algo.
Otra cuestión. Siempre numero las páginas de mis cuadernos. Y al principio de cada uno hago un índice. Así, si me falla la memoria, puedo encontrar lo que busco bastante rápido.
Benjamin era obsesivo con sus cuadernos. Creo que es algo que vale la pena imitar. Y escribía con una letra minúscula. Se vanagloriaba del número de líneas que lograba meter en una página. En parte, no tenía dinero como para andar comprando papel y cuadernos, pero también, si metes toda la información posible en un solo cuaderno, simplemente usas uno, y no varios… como yo.
Una cosa más. Esa comparación del cuaderno con el registro de extranjeros. Benjamin era una especie de extranjero en todas partes, y en ese sentido me identifico con él. Pero pienso en las ideas como extranjeros que uno acoge en su cuaderno, y luego incorpora en su trabajo y su vida. Las ideas, los pensamientos, normalmente vienen de afuera, por estímulos exteriores. Evidentemente, se filtran por lo que sea que uno es, pero siempre vienen de otro lado.
La referencia al registro de extranjeros también implica una mala onda. Ese celo policial. Fue la burocracia la que inventó la escritura, y una referencia así, apunta al carácter esencialmente burocrático de lo que uno hace escriendo, sea filósofo, poeta, novelista, sea lo que sea que necesite de la escritura para hacer su trabajo.