Silenciosamente, Clarke se escabulló de su habitación de motel. La noche era aburrida y hacía calor, las luces parpadeaban y no se escuchaba absolutamente nada. Entró en la recepción, intentando no hacer ruido alguno para que nadie la descubriera. Tenía que largarse de allí lo antes posible, sabía que la policía no tardaría en encontrarla si se quedaba en aquel motel, y esa era una de las razones por las cuales no pisaba la misma ciudad más de una vez. Pero claro, para largarse, necesitaba dinero, y su única opción de dinero en ese momento era la caja registradora del motel, el dueño había salido, y esa había sido su clave. Clarke cruzó hacia el otro lado del mostrador de un salto, y enseguida abrió la caja registradora, nada demasiado complicado para alguien con un poco de experiencia, y ella de hecho la tenía.
No había mucho, pero parecía suficiente como para salir de ahí. Recogió todos los billetes y comenzó a guardarlos en los bolsillos de sus shorts de jean, en el momento en que alzó la mirada, una figura masculina estaba allí, parada frente a ella. Titubeó, ¿qué demonios iba a hacer ahora? Pero era demasiado tarde. Alcanzó a escuchar las sirenas de los autos de policía, cosa que provocó que enseguida se colocara en cuclillas para no ser vista. —O me delatas, o corres conmigo… realmente espero que tomes la segunda opción, juro que no soy ninguna asesina —. Aseguró, para luego escabullirse lentamente y de manera sigilosa, hasta salir por la puerta trasera, y con la mirada buscar algún coche que fuese fácil de abrir.